México: Escuelas ´patito´, un engaño para pobres

México: Escuelas ´patito´, un engaño para pobres

Son la única opción para más de 65 mil jóvenes de la zona metropolitana del DF de bajos recursos económicos que no pudieron ingresar a la educación pública. Según un estudio, la formación educativa es de muy baja calidad, tienen pésimas instalaciones y falsa renovación del reconocimiento oficial. Tal es el caso del Instituto de Estudios Superiores Hidalgo, en el Edomex

Al pasar la puerta azul grafiteada, ubicada entre el acceso al bar Mamacitas y el Oasis, a los aspirantes a licenciatura se les ofrece -porque no pudieron ingresar a la educación pública- una oportunidad para continuar estudios en derecho o contaduría, en el Instituto de Estudios Superiores Hidalgo, ubicado en el municipio de Los Reyes La Paz, en el estado de México. Esta es una escuela privada de bajo costo pero en instalaciones de deterioro, y que muestra el tipo de alternativas educativas a la que cada año sólo tienen posibilidad alrededor de 63 mil estudiantes en la zona metropolitana del Distrito Federal.

El estudio de "Oferta y demanda de la educación superior en la zona metropolitana de la ciudad de México", elaborado por el investigador José Blanco, entre los años 2003 y 2004, muestra que las denominadas escuelas patito o de garage son la única alternativa para jóvenes de zonas marginadas o bajos recursos económicos, ya que sus capacidades y conocimientos académicos les impiden alcanzar un lugar dentro de la educación pública.

¿Y la validez oficial?

Sin embargo, estos 63 mil jóvenes se convierten en el "grupo más vulnerable" a posibles "fraudes académicos", puesto que es el que adquiere esta educación de baja calidad, e incluso engañados por la renovación de los reconocimientos de validez oficial.

Este es el caso del Instituto de Estudios Superiores Hidalgo que en su publicidad destaca el reconocimiento otorgado por la SEP y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), pese a que este último retiró su reconocimiento en mayo del año pasado. En cambio, la SEP mantiene su respaldo a la formación de poco más de 140 jóvenes (20 de contaduría y 120 de derecho) que pagan entre 800 y mil 200 pesos mensuales, a pesar de que el instituto tiene instalaciones deterioradas, que lucen el polvo del abandono. El taller de cumputación más bien parece un museo y la biblioteca se ha convertido en un almacén de libros de secundaria, bachillerato y algunas referencias sobre el derecho y la contabilidad.

En el caso de la licenciatura en contador público, el IPN había respaldado ese programa hasta el 31 de mayo de 2005. Sin embargo, después de casi nueve años de que a ese instituto se le autorizó impartir esa carrera, con el número NS/016796, y de tres supervisiones al plantel en el último año, el Consejo General Consultivo del IPN decidió cancelar ese reconocimiento "por las anomalías" detectadas en el inmueble.

Entre los argumentos que se presentaron ante el máximo órgano de gobierno del IPN están: la falta de pago de incorporación, no tener una plantilla docente que cumple el perfil profesional ni de titulación; irregularidades en el calendario escolar y el horario de clases.

A penas la semana pasada, ante la iniciativa de reformar la Ley de Coordinación de la Educación Superior que fue aprobada por el Senado de la República y que fue turnada a la Cámara de Diputados para su análisis, en la que se pretende que los reconocimientos de validez oficial se entreguen a las escuelas privadas que logren la certificación de sus programas y cumplir con los requisitos de instalaciones y profesores capacitados, la Federación Mexicana de Instituciones Particulares de Educación Superior (FMIPES) demandó a la SEP hacer público un diagnóstico nacional sobre los reconocimientos entregados a las denominadas escuelas patito.

30 años de historia

Durante la visita al plantel, lo que se aprecia al pasar por el largo y estrecho pasillo son paredes cuarteadas y la pintura roída de más de 30 años de historia de esta "unidad universitaria", ubicada en el centro del municipio de Los Reyes La Paz, en el estado de México.

En los salones, las bancas también revelan su edad. Unas de madera, otras de plástico y las menos de fierro, pero también hay las que combinan todos esos materiales y que mezclan los diversos colores utilizados, como en un muestrario. Pese a que son las cinco de la tarde, en el patio de la escuela se ha hecho casi de noche bajo el desorden en el que han crecido los árboles.

Es momento de conocer la biblioteca ubicada en el primer piso. Un solo cuarto donde abundan las colecciones de libros de texto gratuitos de apoyo para primaria y secundaria del gobierno del estado de México. Esta es una biblioteca de "autoservicio", por eso es que para ingresar y llevarse un libro a casa, sólo basta notificar a algún directivo y presentar una credencial, interviene el rector Aurelio Alba Vargas.

Al final del angosto pasillo, se encuentra el taller de cómputo. Al jalar la manija de la descolorida puerta negra y vidrios que alguna vez fueron transparentes, se encuentran las 14 computadoras. Todas están desconectadas de la electricidad. El guía argumenta que la extensión fue llevada a otro taller: al de "proyector"; sin embargo en ese salón no se ve más que las sillas rodeando un espacio cuadrado.

En el cuarto de nueve metros cuadrados la colección de computadoras de primera generación, aquellas 286 que utilizaban discos flexibles de cinco y media pulgadas, exhiben el maltrato que les dieron en el pasado. El acceso para los discos desaparecidos están por desprenderse en la mayoría de estos equipos y en otros el polvo ya obstruye el acceso, por lo que es increíble que las autoridades escolares aseguren que en estos equipos sus estudiantes "tienen acceso a los más innovadores programas e incluso a internet", si además no se advierten cables de conexión telefónica.

De regreso a la parte inferior del edificio se encuentra el "consultorio médico". Es un salón habilitado para ese efecto y en el que se encuentran un viejo escritorio. Sobre él hay una decena de cajas desordenadas de medicina. Ninguna de ellas referidas al cuadro básico para formar un botiquín de primeros auxilios.

Tras la falsa pared del consultorio hecha con un lienzo de triplay sin pintar está el área donde se confirman los exámenes médicos de los aspirantes. Para eso está dispuesto un camastro médico que da miedo tocar ante la posibilidad de que cada uno de los cojines y piezas caigan estrepitosamente. Ni qué decir de la báscula, cualquiera es feliz frente a ella, pues el marcador del peso fue extirpado.

En todos estos años las únicas sanciones al plantel han sido por no presentar la actualización de la licencia de uso de suelo y porque la publicidad de la carrera de derecho no señalaba el número de reconocimiento de validez oficial. En ambos casos, tras actualizar los documentos y pagar una multa, quedaron saldadas las observaciones.

Clases a ritmo de salsa y merengue

Para que no haya distracción entre cada una de las clases que se imparten desde las cinco de la tarde y hasta las 11 de la noche, es que no hay cafetería en el plantel, dice el rector sobre la disciplina escolar. Sólo una vieja máquina de refrescos que se encuentra en uno de los extremos de éste, el primero de dos patios.

Pese al comentario de vigilancia estrecha a los jóvenes para que sigan al pie de la letra el plan de estudios, el rector Aurelio Alba Vargas logra lanzar la primera risotada al comentar que por lo regular las clases de la noche se imparten a ritmo de cumbia, salsa, merengue y una que otra canción ranchera, dado que el sonido de los bares vecinos llega acompañar las sesiones de los maestros.

Y es que el instituto está ubicado en la "zona roja" del municipio, en la calle principal (Texcoco) que es vía para ingresar a localidades como Ixtapaluca, Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, de donde también llegan estudiantes al plantel.

Esta es la única opción de educación superior en este municipio. Las instituciones públicas más cercanas se encuentran a por lo menos 15 kilómetros de distancia: el plantel en Texcoco de la Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad Autónoma de Chapingo y hacia el Distrito Federal, la más cercana es la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza de la UNAM.

Hasta ahora, ninguna autoridad del instituto ha notificado a los jóvenes que la carrera de contaduría ya no cuenta con el respaldo del IPN.

El Universal, 30/01/06