Jaime Gómez Márquez: EEES o no EEES, esa es la cuestión

Jaime Gómez Márquez: EEES o no EEES, esa es la cuestión

LA INTEGRACIÓN de la universidad en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) implica tres cambios fundamentales que afectan a la estructura de los estudios universitarios, que se articularan en el grado (equivalente a la licenciatura) y el posgrado con los títulos oficiales de máster y doctor, a la adopción del suplemento europeo al título como criterio de transparencia y legibilidad al proporcionar una descripción estandarizada de los estudios seguidos por el titulado, y a la aplicación del crédito ECTS (siglas de European Credit Transfer System) como medida de la actividad académica. El ECTS, equivalente a 25-30 horas, se refiere al trabajo que debe realizar un estudiante para superar una materia e incluye las horas de asistencia a clase, las prácticas, el tiempo dedicado al estudio y la realización de otras actividades.

Este proceso armonizador de la enseñanza universitaria debería venir acompañado de cambios tanto en la forma de enseñar como en el modo de aprender, además de catalizar una reflexión sobre la actividad docente del profesorado y el tipo de alumnos que queremos que accedan a la Universidad (nivel de conocimientos, capacidad e interés). La práctica docente donde el profesor es un mero transmisor de información y los alumnos receptores pasivos de la misma se aleja mucho de un proceso educativo racional donde la enseñanza sea más personalizada y participativa. La adaptación del profesorado al EEES no va a ser siempre fácil, ya que superar los hábitos de muchos años es difícil y porque algunos consideran que la docencia es algo secundario frente a la investigación. Todo ello debería venir acompañado de la implantación de sistemas objetivos e independientes que mejoren la selección y promoción del profesorado e incentiven la labor docente e investigadora sin olvidar la aplicación de medidas rigurosas que verifiquen periódicamente la calidad de la actividad profesional y exijan su cumplimiento.

Todas las personas tienen el mismo derecho a ir a la universidad y nadie con una vocación clara y unas capacidades para desarrollarla debe ver limitado su acceso. Sin embargo, a veces se confunde este derecho con universidad para todos. La masificación es innecesaria y contraria a una formación de calidad. Una facultad con alumnos vocacionales hace que mejore el nivel de enseñanza.

La elaboración del catálogo de los futuros títulos universitarios de grado, que finalizará con la modificación de los planes de estudio, y la puesta en marcha de los nuevos programas oficiales de posgrado (POP) tienen que producirse sin prisas, de un modo racional y con sensatez para evitar el fracaso del nuevo sistema. Es imprescindible reordenar el mapa universitario de un modo responsable, suprimiendo si es necesario titulaciones duplicadas o triplicadas y poniendo en marcha otras que no hay en la actualidad, sin que ello signifique sacrificar ninguna titulación que la sociedad demande, detener el progreso del conocimiento o abandonar el mantenimiento de nuestras raíces culturales. Si queremos una universidad de calidad y competitiva hay que perseguir una mejora constante tanto del personal docente e investigador como de administración y servicios, aumentar la captación de recursos y conseguir que toda la comunidad universitaria se sienta y sea protagonista de este proceso.

La convergencia dentro del EEES necesita del apoyo de las administraciones. Pero la aportación de recursos y el desarrollo de normativas que regulen este proceso servirán de poco si los universitarios no nos implicamos decididamente. Estamos ante los que puede ser la mayor revolución dentro de la universidad desde hace muchas décadas. No desaprovechemos la oportunidad.

La Voz de Galicia, 02/02/06