Mattelart: Hay fuerzas de resistencia que empiezan a renacer

Mattelart: Hay fuerzas de resistencia que empiezan a renacer

Armand Mattelart es un investigador acucioso, atento al pulso de su tiempo, que escruta en profundidad. Ningún estudioso - sostiene-  puede aislarse en una torre a elaborar reflexiones teóricas, desligado del mundo que late a su alrededor.

Nacido en Bélgica en 1926, sus vínculos con América Latina son de larga data. Ha explorado con agudeza y profundidad los medios de comunicación desde un libro que adquirió ya ribetes de mito, Para leer al Pato Donald, escrito en colaboración con el chileno Ariel Dorfman, y en su momento censurado en Estados Unidos.

Pocos como él han reflexionado sobre el actual paisaje mediático y la maquinaria de manipulación y adulteración puesta en marcha por Estados Unidos para imponer un modelo único, en lo político, social y cultural; pero también sobre las alternativas que empiezan a emerger en el mundo.

Profesor de Ciencias de la Información y de la Comunicación en la Universidad París VIII e investigador de la Maison des Sciences de l'Homme París- Nord, tiene tras sí un extenso catálogo de títulos, de mano maestra, que avalan su trayectoria.

Vino a La Habana como invitado especial de la XV Feria Internacional del Libro Cuba 2006, donde presentará su obra Diversidad cultural y mundialización, "un tema mantenido bajo un cierto control durante mucho tiempo, que ha irrumpido con fuerza ante las grandes instancias internacionales".

Un diálogo con él es una incitación permanente, que desborda los límites naturales de un cuestionario tradicional.

-  ¿Como ve usted los cambios en los procesos que enfrenta el mundo a a comienzos del siglo XXI?

- Creo que hay fuerzas de resistencia que comienzan a renacer. Durante los años 80 y principios de los 90, la concepción de la globalización como fatalidad reinaba en todas las latitudes, en todos los continentes. Los procesos de privatización, de desregulación, generaron una pérdida de confianza en lo público y en las políticas públicas, principalmente en el campo de la comunicación.

En esa etapa se registró una desligitimación de lo político, provocada por el hecho de que conceptos como democracia de mercado o soberanía del consumidor estaban instalándose como referencia. Pienso que, a partir de la segunda mitad de los años 90, contrariamente a lo que ocurría hasta ese momento, empezaron a manifestarse signos de sectores que estaban queriendo resistir.

Las primeras protestas contra el orden global neoliberal emergieron hacia 1998- 2000. Las manifestaciones de Seattle, en Estados Unidos, contra la Organización Mundial de Comercio, devinieron una señal. A partir de ese momento, comenzaron a estructurarse, en un plano mundial, redes de oposición y también redes que tratan de imaginar un mundo alternativo.

-  ¿Que adulteraciones ha sufrido, a su juicio, el concepto de diversidad cultural a manos de las grandes transnacionales?

- La idea misma de la diversidad cultural oculta realidades y posiciones contradictorias. Globalmente hay dos maneras de definirla. Una que corresponde a la lucha emprendida dentro de la UNESCO, culminada en el Convenio sobre la protección de las expresiones culturales y artísticas, que finalmente arraiga en la promoción de la creatividad de los individuos y los pueblos.

Se trata de un concepto relacionado con la necesidad de implantar, por los gobiernos y los Estados, políticas culturales y de comunicación. Una política pública que se vincule con la preservación y promoción de la vida civil y, parejo a ella, la creatividad cultural. Es el criterio que prevaleció cuando se aprobó la Convención sobre la Diversidad en octubre del año pasado.

Por otro lado, subsiste una noción de diversidad cultural asumida como diversificación de los productos en el mercado, que se opone a la anterior, a la fomentada y preservada mediante políticas públicas de los gobiernos y la comunidad internacional.

Las industrias culturales, las transnacionales de la cultura, se oponen casi sistemáticamente a esto. Ellas han introducido los productos del intelecto en el corazón de las negociaciones. La demanda social, la participación civil, queda excluida, se abstrae.

No en vano en la Convención de la UNESCO sobre el tema hay un artículo en el cual se manifiesta explícitamente que los gobiernos deben favorecer las iniciativas de la sociedad civil, aunque debo decir que esta - y es un elogio-  se expresa por sí misma sin que los gobiernos lo susciten.

La red de coaliciones profesionales que existe a través del mundo muestra cómo, en muchos países, los profesionales de la cultura se adelantaron a los propios gobiernos para apoyar la Convención sobre Diversidad Cultural.

-  ¿Como se opera esa adulteración en el campo del lenguaje, de lo semántico? Usted ha hablado de palabras secuestradas...

- Hay un campo de lucha del cual el altermundialismo no se ha ocupado lo suficiente. Doy siempre un ejemplo, válido sobre todo para las lenguas latinas. Hay una palabra que tiene una larga historia en el internacionalismo solidario: mundialización. La otra es mundialismo.

Son vocablos que nacieron en el siglo XIX, en los medios que conciben la integración mundial como interdependencia solidaria, y congregaban a quienes no estaban de acuerdo con el proyecto de reordenamiento colonial del mundo.

La palabra repunta, a fines de los años 80, con un significado totalmente distinto. La prueba es que los neoliberales, a partir de la reunión de protesta contra la Conferencia del grupo de los países más industrializados (el G7, en Génova, en 2001), designan a quienes critican el modelo global, lo cual deviene un gran sin sentido. La palabra mundialización era feudo del movimiento internacionalista crítico.

La adulteración llegó a tal punto que quienes se oponen hoy al modelo neoliberal deben llamarse altermundialistas cuando, en rigor, debían haberse apoderado del vocablo mundialización para oponerlo al concepto de globalización, que viene del campo económico y financiero.

El término globalización aparece fundamentalmente en los años 80 (1984, 1985), a partir de la desregulación de los circuitos financieros.

Pienso que el concepto diversidad cultural forma parte también de esa galaxia donde pervive un enfrentamiento entre el sentido de las palabras. Y eso vale para muchas otras, empezando por democracia, sociedad civil y participación.

Todas las palabras que utilizamos son susceptibles de desviaciones por parte del proyecto hegemónico global. En el campo de la información, hay un conjunto de términos que han sido expropiados por el enemigo, pero opino que eso empieza a vislumbrarse cada vez más.

-  ¿Cree que los grandes medios globales norteamericanos han perdido credibilidad?. Si es así, ?qué grietas o fisuras lo demuestran?

- La invasión a Iraq mermó la credibilidad de los medios norteamericanos. Hay un primer factor: a raíz de esa invasión, han ido apareciendo alternativas de interpretación de la realidad. Basta mirar el surgimiento de las cadenas satelitales árabes, Alyazeera y otras. Uno puede tener ya juicios distintos sobre lo que esa invasión representa, es otra manera de ver las cosas.

Durante la primera guerra en el Golfo, en 1990- 1991, la situación era totalmente distinta. En cambio, ahora hay finalmente la posibilidad de otra interpretación. No es solamente la CNN la que transmite.

El segundo factor que, a mi juicio, ha restado credibilidad a los medios globales es que no hubo consenso en el mundo globalizado sobre la guerra contra Iraq. Si usted compara, por ejemplo, lo que transmitía la televisión francesa, se da cuenta de que era totalmente distinto a lo que transmitía la televisión española. Bajo el mandato de José María Aznar, la visión era que había que invadir.

Estas diferencias demuestran que, a raíz de Iraq, el paisaje mediático cambió en comparación con los 10 o 15 años anteriores.

Un tercer elemento es que, en la fase previa a la guerra, hubo una manipulación de la idea de que había que intervenir para impedir a Saddam Hussein utilizar armas de destrucción masiva. Hubo tal peso de la propaganda en torno a la idea de la legitimidad de la intervención, que se desplomó la credibilidad de muchos medios.

Y no solo de los medios pertenecientes a lo que llamaría Oficina de propaganda de la Casa Blanca: la cadena Fox News, sino incluso de otros como The New York Times.

Creo que todos estos factores contribuyeron a desvirtuar la idea de que lo procedente de Estados Unidos constituia el parámetro de lo universal, de lo que nos esperaba en el futuro.

Cuando cayó el muro de Berlín, los gringos pensaron que, desde ese momento en adelante, era importante utilizar todas sus fuerzas, toda su industria de la información - y aprovechar las inversiones hechas desde fines de la II Guerra Mundial-  para convencer a la gente de que la única solución para integrar al mundo era a través de la democracia del mercado.

Por eso hablaron mucho del soft power, del poder blando; pero se vio concretamente, a principios del siglo XXI, que el soft power no representaba nada sino el hard power - con Bush- , la vuelta a la violencia y la fuerza no solo simbólica sino puesta en práctica a través de las intervenciones.

-  ¿Cómo valora la acción de los medios de comunicación alternativos, independientes, que se abren paso sobre todo a través de Internet, y qué perspectivas reales le adjudica a los intentos de democratizar el acceso a la información?.

- Creo que las nuevas tecnologías prometen, el problema es como la ciudadanía se organiza para apropiarse de ellas. Esto vale tanto para los medios escritos como para Internet. Creo que Internet ha favorecido el intercambio de información y permitido mayor movilización; pero también hay otro aspecto sobre el cual urge reflexionar: la manera cómo se administra Internet.

No en balde la sociedad civil organizada, las organizaciones no gubernamentales, han participado de cerca, y muchas veces mostrado sus diferencias, con lo que proponía la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. Lo que criticaban de esa Conferencia era que no llegaba a tocar problemas como la diversidad lingüística, cultural y mediática.

Hoy en día no solo existe el problema de apropiación de los medios antiguos y nuevos por parte de la sociedad civil, sino tambien, en todos los debates internacionales, el de la democratización de la gestión.

En la última Cumbre mundial sobre la Sociedad de la Información, que tuvo lugar en Túnez en diciembre del año pasado, a pesar de las presiones de la Unión Europea y de muchos países del tercer mundo, no se logró quitar al Departamento de Información de Estados Unidos la gestión de Internet.

-  ¿Qué pasos son indispensables, a su juicio, para lograr un nuevo orden mundial de la información y cuáles los principales obstáculos que deben vencerse?.

- Uno de los primeros es la democratización del sistema internacional, en todas sus esferas: la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial; y una institución clave que todavía no ha surgido a la luz pública pero resulta clave: la organización mundial de la propiedad intelectual.

Este aspecto es importante porque cada vez marchamos más hacia sociedades orientadas al conocimiento, el saber; pero el riesgo es que esos conocimientos sean monopolizados por grupos tiránicos, lo cual entra en contradicción con la idea misma de una sociedad del saber.

Las peleas que se dan en el plano internacional con ese objetivo, tanto las libradas por gobiernos progresistas como por organizaciones de la sociedad civil, son fundamentales porque se trata de discutir otra posibilidad de ordenar las redes y ordenar el mundo desde Internet.

Un segundo elemento: para que se abra paso una resistencia internacional debe haber una reflexión en cada realidad regional y nacional porque, a pesar de lo que afirman muchos neoliberales, los estados- naciones siguen siendo importantes: es ahí donde se pueden ejercer presiones para que cumplan su papel de defensa del interés colectivo.

Estamos llegando a un momento en que los sistemas de producción de la información, las grandes empresas, la concentración en este campo es tal que se hace preciso buscar, consolidar, un contrapeso internacional y otro nacional.

En este sentido nos abocamos a un momento histórico: pensar en la posibilidad de crear, con el concurso ciudadano, un contrapoder, un contrapeso a la fuerza y al desequilibrio de fuerzas entre los grupos que se concentran cada vez más y la ciudadanía. Me parece que está emergiendo una conciencia sobre la importancia de esta estrategia.

-  ¿En la actual coyuntura mediática, qué papel otorga al libro?

- Uno esencial. Lo que me preocupa es que Internet ha traído aparejada la idea de la espontaneidad en torno a la apropiación del saber. Es un problema clave, que suelo discutir con mis alumnos.

En las tesis muchas veces no hacen más que cortar y pegar textos extraídos de Internet. Cuando no tienen posibilidad de argumentar, recurren a una cita totalmente descontextualizada. El libro tiene otra temporalidad. Además requiere y estimula la reflexión.

El problema de la enseñanza radica en combinar las ventajas de todas las formas y vías de aprendizaje; por eso estoy en contra del determinismo de Internet. Se impone establecer una estrategia pedagógica con relación a Internet que no implique un detrimento de la cultura del libro.

-  ¿En que proyecto trabaja actualmente?

- Estoy tratando de rastrear los tipos de iniciativa que asume la ciudadanía para presionar sobre los medios dominantes pero tambien para crear medios independientes.

Siempre parto de una perspectiva histórica para mostrar cómo evoluciona progresivamente esta toma de conciencia. Sigo trabajando mucho a nivel de investigación. Mi principal actividad a nivel universitario está unida a la investigación. No tengo un horario definido. Simplemente echo mano a todo el tiempo de que disponga.

Prensa Latina, 09/02/06