José Luis García Garrido: La ANECA
José Luis García Garrido: La ANECA
Será éste el segundo curso de funcionamiento de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación. El primero hubo que dedicarlo fundamentalmente a constituirla como organismo diferenciado y a poner a punto equipos, programas y papeles. Por eso va a ser este curso 2003-2004 el que nos va a aclarar si su creación valía realmente la pena. Los meses que se avecinan resultarán claves para que alcance la credibilidad necesaria en un ámbito tan susceptible e incrédulo como el universitario.
Dos son los cometidos principales que afectan al nuevo organismo: evaluar la calidad que puedan tener las instituciones, los programas y estudios universitarios por un lado y, por otro, acreditar que tales o cuales estudios superiores merecen confianza por parte de la sociedad española y, en definitiva, reconocimiento oficial. Ambos cometidos no son la misma cosa, y a nadie se le oculta que lo segundo es más grave que lo primero. De ahí que las acciones relativas a esto último vayan a ser, en una primera fase, sólo de carácter experimental (sin efectos «legales» para las titulaciones que participen), mientras que las relativas a evaluación, reunidas ahora bajo el nombre de Programa de Evaluación Institucional (PEI) van a constituirse como continuación de las realizadas anteriormente. Aparte de todo esto, la ANECA está procediendo a emitir informes de evaluación del profesorado no funcionario y a impulsar el Espacio Europeo de Enseñanza Superior.
Un programa tan ambicioso y complejo saldrá sólo a flote si se cimenta en varios e importantes requisitos, entre los que por el momento me permitiré destacar estos dos: independencia y profesionalidad. Independencia, primero, no sólo de los poderes públicos (del Estado y de las Autonomías), sino también de las Universidades y de sus órganos de gobierno. Está por verse cuáles van a ser las relaciones del nuevo organismo, por ejemplo, con el Consejo de Coordinación Universitaria, la Conferencia de Rectores, las unidades de evaluación existentes en las Comunidades Autónomas, etc. Si la ANECA no logra actuar al margen de las presiones que reciba de todas estas instancias, malo. Profesionalidad máxima, a continuación. La ANECA tiene que constituirse no como instancia política, decisoria en temas candentes, sino como organismo de alto valor técnico, capaz de emitir informes y dictámenes impecables por su seriedad científica y metodológica. Mal podrá dictaminar sobre calidad quien se halle lejos de ella en su propio proceder diario.
ABC, 30/09/03
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