Un país en el infierno

Un país en el infierno
Decenas de miles de civiles han muerto desde la invasión anglo-estadounidense de Irak, que se desliza hacia la guerra civil
Los dirigentes del país son incapaces de formar un Gobierno de unidad nacional

Tres años de guerra y ni rastro de las armas de destrucción masiva ni de prueba alguna que vincule al dictador Sadam Husein con Al Qaeda. El trío de las Azores mintió. La invasión acabó con un régimen cruel y despiadado, pero ha convertido a Irak en un país infernal, que se desliza peligrosamente hacia la guerra civil, y en el que han muertos decenas de miles de personas, la mayoría de ellas civiles. Los gobiernos de Washington y de Londres, presionados por sus respectivas opiniones públicas, buscan ahora una fórmula para salir airosos del atolladero sin que ello suponga renunciar a sus intereses estratégicos y económicos en el país árabe, cuyas entrañas esconden las terceras reservas de petróleo del mundo. En un giro inesperado, la Casa Blanca busca ahora el apoyo de Irán, aliado de los shiís iraquís en el poder, para estabilizar el país.

A) Una transición difícil en un marco de violencia

El régimen de Sadam fue una presa relativamente fácil. En menos de un mes, la maquinaria militar anglo-estadounidense liquidó al Ejército del dictador, y en los meses posteriores logró matar o meter entre rejas a los máximos dirigentes de la dictadura, entre ellos al propio Sadam, a quien se juzga desde el pasado octubre en Bagdad por crímenes contra la humanidad. Pero la guerra no había hecho más que empezar.

Parte del Ejército iraquí, desmantelado por una orden polémica del entonces virrey estadounidense, Paul Bremer, pasó a formar parte de la resistencia, mientras que Al Qaeda convirtió Irak en el centro de sus acciones terroristas. En medio de la espiral de violencia, Washington puso en marcha su plan de transición política que, en una primera fase, confió a uno de sus grandes aliados, el shií laico iraquí Iyad Alaui.

En los tres últimos años, los iraquís han acudido a las urnas en tres ocasiones. En cada una de las consultas electorales se ha demostrado que el voto en Irak responde a razones étnicas y confesionales, no a programas políticos.

En los dos comicios legislativos, los de enero del 2005 --que boicotearon los sunís--, y los de diciembre del mismo año, los shiís, mayoritarios en el país y reprimidos bajo Sadam, se hicieron con la victoria. En medio de ambas consultas, tuvo lugar un referendo constitucional, que contó con el apoyo de shiís y kurdos y el rechazo de los sunís, opuestos al espíritu federalista de la nueva Carta Magna.

B) Legitimación de los shíís más conservadores

Paradójicamente para Estados Unidos, las urnas han dado el poder al sector más conservador de los shiís iraquís, parte de cuyos dirigentes se formaron en el Irán jomeinista de los años 80. Allí nació el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Irak (CSRII), principal partido político shií del país, liderado por el influyente jeque Abdulaziz al Hakim, y su brazo armado, las Brigadas Badr, la guerrilla que combatió a la dictadura de Sadam. Junto al partido Dawa, del primer ministro saliente, Ibrahim Yafari, el CSRII es la columna vertebral de la Alianza Iraquí Unida, la coalición shií que ganó las elecciones de diciembre.

La proximidad de los shiís iraquís con el régimen de Teherán incomoda a Washington. Desde que están en el poder, los shiís se han hecho con el control de las fuerzas del seguridad del Estado y han creado su propia red de espionaje. El ministro de Interior, Bayan Jabr, es miembro del CSRII y un antiguo jefe de las Brigadas Badr.

Los sunís responsabilizan a Jabr del asesinato de varios de sus dirigentes. En un intento por desprestigiar a los shiís, el Ejército de Estados Unidos sacó a la luz pública, a finales del 2005, la existencia de un centro secreto de detención y tortura de presos establecido por el Ministerio de Interior en Bagdad

Los shiís cuentan, además, con otra milicia, el Ejército del Mehdi, del joven clérigo radical Moktada al Sadr, enemigo declarado de la ocupación militar, y cuyos milicianos libraron duros combates contra el Ejército de Estados Unidos en abril y agosto del 2004.

C) Un país en la antesala de una contienda interna

Irak vive una situación de preguerra civil desde que el pasado 22 de febrero unos desconocidos dinamitaron la cúpula dorada de la mezquita de Samarra, uno de los principales centros de culto de la comunidad shií. En el último mes, cientos de personas han sido torturadas y asesinadas de un tiro en la cabeza o ahorcadas, o despedazadas por coches bomba.

Se desconoce quién está detrás de estos asesinatos indiscriminados. Los sunís señalan a las Brigadas Badr y a los milicianos de Moktada al Sadr. Los shiís, por su parte, culpan a los grupos armados sunís. En todo caso, para evitar más represalias, las autoridades eluden revelar en lo posible la identidad de las víctimas que aparecen a diario, principalmente en las calles de Bagdad.

La guerra civil sería el peor escenario posible para Estados Unidos y el Reino Unido, pero también para los países vecinos de Irak, la mayoría de población suní pero con minorías shiís, como Arabia Saudí y Kuwait, que son también grandes productores de petróleo. Un enfrentamiento abierto entre shiís y sunís en Irak podría traspasar las fronteras y extenderse rápidamente por la región. Irán se vería obligado a acudir en ayuda de sus primos hermanos iraquís.

La perspectiva de un país sumido en el desgobierno y en el más absoluto caos quita el sueño también a Turquía, que no oculta su temor a que los kurdos puedan aprovecharan la situación para separarse definitivamente de Irak y transformar el Kurdistán iraquí en un estado independiente.

D) Estados Unidos ha perdido influencia

La influencia de EEUU en la política iraquí pierde peso. Ni siquiera las llamadas telefónicas del presidente estadounidense, George Bush, a los dirigentes iraquís han persuadido a shiís, sunís y kurdos para que formen un Gobierno de unidad, el mejor antídoto contra la guerra civil. La violencia sectaria bloquea el proceso político.

El primer Parlamento no provisional constituido de la era post-Sadam no es capaz de ponerse de acuerdo en nada. No ha designado todavía al presidente de la Cámara, ni al Consejo Presidencial, formado por el jefe del Estado y los dos vicepresidentes, ni al primer ministro, encargado de formar Gobierno.

Ante tan grave situación, EEUU busca ahora el apoyo de su principal enemigo en la región, Irán, para que le ayude a estabilizar Irak. El año pasado ya lo intentó con la resistencia suní, con la que mantuvo varios contactos. La resistencia desaprueba los métodos terroristas de Al Qaeda y, además, es el principal contrapeso a la cada vez mayor influencia de Teherán en Irak.

El Periódico, 19/03/06