Bush, fuera de combate

Bush, fuera de combate
Los estadounidenses han dado la espalda al presidente tras tres años de guerra interminable

Han pasado ya tres años del fatídico anochecer del 19 de marzo del 2003, cuando EEUU "abrió una caja de Pandora" al atacar Irak, como acaba de reconocer el embajador estadounidense en Bagdad, Zalmay Jalilzad. Su franqueza choca con la tozudez del presidente George Bush en seguir justificando la guerra que inició sin el respaldo de la ONU. Los ríos de sangre y dólares que está costando han acabado por empapar a la opinión pública estadounidense, que le ha retirado su apoyo y que le recordará --según historiadores, analistas y sondeos-- como el presidente que empantanó al país en este conflicto, al que no se le ve el fin.

"No hay duda de que Bush pasará a la historia como el presidente de la guerra de Irak", asegura March McKinnon, asesor electoral del mandatario republicano, que coincide en esta opinión con George Stephanopoulos, exjefe de prensa del predecesor de Bush, el demócrata Bill Clinton. "Irak puede enturbiar el perfil histórico del presidente, además de poner a los republicanos en una dura posición de cara a las elecciones", opina Stephanopoulos.

Con esta declaración, Stephanopoulos pone el dedo en la llaga dañina para Bush de la interminable guerra de Irak: su profundo desgaste político. Un desgaste que se ha convertido en una grave amenaza para su partido de cara a las elecciones legislativas del 7 de noviembre, cuando los republicanos tratarán de conservar su control de las dos cámaras del Congreso.

Más de 2.300 muertos

Tras encajar más de 2.300 muertos y 17.000 heridos y gastar la astro-
nómica cifra de 320.000 millones de dólares (262.000 millones de euros o unos 43,6 billones de pesetas) en la guerra, los estadounidenses han dado la espalda a Bush. Los sondeos muestran hoy que el 57% de los ciudadanos creen que la invasión fue un error, el 52% desean que los 138.000 soldados sean repatriados, y el 80% piensan que la nación árabe se precipita a una guerra civil.

Este profundo pesimismo sobre Irak ha hundido el respaldo de los estadounidenses a su presidente, que oscila entre el 34% y el 37%, según los sondeos. Bush "no tiene capital político", admite Tony Fabrizio, un republicano experto en sondeos que detecta, no ya el abandono del presidente por los ciudadanos, sino por su propio partido y hasta por su bastión más leal, los neoconservadores. Como critica uno de los más duros neocons, el exsubsecretario de Defensa Richard Perle, adalid a ultranza de la invasión de Irak, "la guerra le salió bien, pero la posguerra le ha ido muy mal".

Salvar la piel

"La Administración de Bush tiene ahora que hacer frente al fracaso" en Irak, secunda el comentarista ultraconservador William F. Buckley, reflejando la ansiedad republicana por el impacto que la guerra de Irak puede tener en las próximas elecciones. "Tras cinco años de lealtad inamovible al presidente, los republicanos del Congreso han demostrado que romperán con él para salvar su propia piel", asegura el demócrata experto en sondeos Stanley Greenberg.
Con ser graves, los apuros de Bush pueden empeorar si la violencia sectaria arrecia y el país entra en un conflicto fratricida, que para muchos ya se ha desatado. "Estamos en guerra civil", asegura el general retirado William Nash, excomandante de las fuerzas de la OTAN en Bosnia.

El espejo afgano

Otros peligros acechan en el horizonte, pues "Irak ha reemplazado a Afganistán como imán, campo de entrenamiento y base de operaciones de yihadistas, con abundantes blancos norteamericanos a los que disparar", advierte el filósofo Francis Fukuyama, un exneocon que pidió el derrocamiento de Sadam Husein pero luego criticó la invasión. Aunque la voz más ominosa de todas es la del embajador de EEUU en Bagdad. Los males de Pandora que vislumbra Jalilzad llegan hasta la extensión de la guerra a todo Oriente Próximo, combinada con el poder creciente de los islamistas radicales, algo que "dejaría al Afganistán de los talibanes en un juego de niños".

El Periódico, 19/03/06