El negocio iraquí

El negocio iraquí

Los números de la guerra de Iraq, tres años después de su inicio, son negros. Han muerto, según fuentes independientes, unos cien mil iraquíes, más de 2.300 soldados estadounidenses han perdido la vida y la Administración Bush se ha gastado doscientos mil millones de dólares. A cambio de este esfuerzo, Iraq es un caos, como corrobora el comienzo de la mayor ofensiva aérea contra los insurgentes desde la invasión.

La polémica rodea las estadísticas sobre el número de vidas que está costando el conflicto. Según Iraq Body Count, organización que lleva las cuentas de forma no oficial, el número de civiles muertos se elevó a 6.331 entre el 1 de mayo del 2003, cuando George W. Bush anunció triunfalmente el final de los grandes combates, y el primer aniversario de la guerra. En el segundo año de la ocupación, las víctimas civiles ascendieron a 11.312. Yen el tercer año, por lo menos hasta el pasado febrero, cuando estalló la violencia sectaria a raíz del atentado contra la mezquita chií de Samarra, los muertos suman 12.617. Es decir, de mal en peor. En otoño del 2004, la revista The Lancet fue prácticamente crucificada por anunciar que, desde el inicio de la guerra, habían muerto cien mil personas en Iraq.

Cuando se trata del petróleo, los números encierran una ironía. En diciembre y enero pasados, la producción de petróleo en Iraq fue de 1,1 millones de barriles diarios. Esta cantidad es la más baja registrada desde que Bush anunció el fin de los grandes combates. Antes de la guerra, Iraq producía unos 2,5 millones de barriles diarios. La volatilidad del petróleo ha hecho, sin embargo, que los ingresos iraquíes se hayan disparado, gracias al considerable aumento del precio del crudo, provocado, entre otras cosas, precisamente por la misma guerra de Iraq.

Para las empresas occidentales los números también han sido negros, que en este caso quiere decir buenos. Por ejemplo, para las empresas británicas. Desde que Saddam Hussein fuera derrocado, 61 empresas de las islas han obtenido contratos por 1.100 millones de libras (unos 1.666 millones de euros), según una investigación de Corporate Watch y el diario londinense The Independent.Las empresas beneficiarias cubren todos los sectores, desde compañías de seguridad hasta de relaciones públicas; desde bancos hasta empresas de planificación urbanística, petroleras y arquitectos. Pero la gran afortunada, según la investigación, es la constructora Amec, con contratos del Pentágono por valor de unos 500 millones de dólares.

Esta semana, Shlomo Ben Ami, ex ministro de Exteriores israelí, ha explicado en el Círculo Ecuestre de Barcelona su visión de la guerra de Iraq, que, evidentemente, relacionó con el conflicto palestino-israelí. Para Ben Ami, la Administración Bush ha abierto la caja de Pandora con su idea de democratizar el mundo árabe. "Bush padre fue a la guerra del Golfo (1991) a favor de mantener el statu quo; Bush hijo desencadenó la guerra en contra del statu quo", dijo Ben Ami. ¿Y cuál ha sido el resultado? "La alternativa en Oriente Medio está entre la dictadura laica y la democracia islámica", añadió. ¿Qué pasará, entonces, con el proceso de democratización? "La democratización es un proceso histórico, no de laboratorio, por lo que Bush, al arremeter contra el statu quo, destruye el orden anterior pero, en los dos años y medio que aún le quedan de mandato, no es fácil que pueda construir algo nuevo", sentenció Ben Ami. Las que sí construyen, de momento, son las empresas estadounidenses y británicas.

La Vanguardia, 19/03/06