Kofi Annan*: ¡Hagamos que este Consejo funcione!

Kofi Annan*: ¡Hagamos que este Consejo funcione!

La resolución aprobada el 15 de marzo por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, mediante la cual se establece un nuevo Consejo de Derechos Humanos, supone un nuevo comienzo histórico en la labor de la ONU centrada en los derechos humanos. El que así sea depende del uso que los estados miembros decidan hacer de él.

La resolución es resultado de una propuesta que yo presenté hace casi un año. En ella reconocí que la Comisión de Derechos Humanos existente había perdido el norte y se había convertido, en buena medida, en un foro utilizado por los infractores de los derechos humanos para conspirar y protegerse entre sí, apartándose así de su finalidad inicial como órgano encargado de promover activamente el respeto de los derechos humanos en todo el mundo.

Se ha prestado suma atención a las diferencias entre mi propuesta original y la resolución ahora aprobada, aunque los puntos principales de mi propuesta no han variado.

Como yo sostuve, la resolución reconoce que el desarrollo, la paz y la seguridad y los derechos humanos son "los pilares del sistema de las Naciones Unidas (...) están vinculados entre sí y se refuerzan mutuamente".

Como yo propuse, el órgano principal en cuyo seno se reúnan los gobiernos para tratar de los derechos humanos será un Consejo con plenos poderes, elegido directamente por todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas. Su situación se revisará dentro de cinco años, dejando abierta la posibilidad de que se convierta en un "órgano principal", en pie de igualdad con el Consejo de Seguridad y el Consejo Económico y Social, cuyos miembros han de ser elegidos por una mayoría de dos tercios. Entretanto, a diferencia de la Comisión, se le ha encomendado un mandato explícito: "promover la coordinación eficaz y la incorporación de los derechos humanos" en todos los ámbitos de actividad de las Naciones Unidas.

Como yo solicité, el nuevo Consejo se reunirá periódicamente a lo largo del año y podrá dar una rápida respuesta a las situaciones de emergencia relacionadas con los derechos humanos mediante la convocatoria de sesiones extraordinarias con muy poca antelación, cuando así lo solicite una tercera parte de sus miembros (En la Comisión, este procedimiento era mucho más lento y requería un voto mayoritario).

En vez de atacar a algunos países en particular mientras se hacía caso omiso de las vulneraciones de los derechos humanos en otros, el Consejo examinará periódicamente el historial de derechos humanos de todos los países. Su labor estará "guiada por los principios de universalidad, imparcialidad, objetividad y no selectividad" y la resolución subraya la importancia de acabar con "los criterios divergentes y la politización".

Al Consejo también se le ha encomendado que contribuya a la prevención de las violaciones de los derechos humanos, mientras que la Comisión se limitaba únicamente a reaccionar ante ellas.

Además, mientras pone en marcha su nuevo programa, el Consejo está obligado a mantener el sistema de "procedimientos especiales, asesoramiento especializado y procedimiento de denuncia", en particular el recurso a expertos independientes en calidad de relatores especiales y la importante función de las organizaciones no gubernamentales, sistema que algunos temían podía ser descartado o diluido.

En suma, el nuevo Consejo tiene la posibilidad de combinar las mejores cualidades del antiguo sistema con algunos cambios muy necesarios.

Evidentemente, su éxito dependerá en gran medida de sus miembros. Por consiguiente, es natural que se haya prestado mucha atención a la modalidad de elección de los mismos y a la probabilidad de que sean elegidos conocidos transgresores de los derechos humanos, como ha sucedido recientemente en la Comisión.

El Presidente de la Asamblea General, que dirigió las negociaciones de la resolución con gran habilidad y paciencia, llegó a la conclusión de que no se contaba con el suficiente respaldo de los Estados Miembros para imponer una mayoría de dos tercios, como yo había sugerido, ni para excluir expresamente a ninguna categoría de Estados. No obstante, al ceder en estos dos puntos fue capaz de conseguir que se aceptaran muchas otras argucias de importancia.

Los miembros del Consejo deben ser elegidos "de forma directa y universal en votación secreta por la mayoría de los miembros de la Asamblea General". En otras palabras, a diferencia de la Comisión, los países no formarán parte del Consejo por el mero hecho de que no se presente ningún otro candidato de su propia región. Se procederá a votar por separado cada candidatura y no podrá acceder ningún país que no haya recabado el apoyo de 96 países: una mayoría absoluta de todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas y no exclusivamente de los presentes que ejerzan el voto. En tal caso, su región deberá proponer otro candidato.

Además, los miembros deben "aplicar las normas más estrictas en la promoción y protección de los derechos humanos" y someterse a un examen periódico universal durante su mandato. En caso de que cualquiera de ellos cometa vulneraciones flagrantes y sistemáticas durante su mandato, la Asamblea General podrá expulsarlos (lo que no podía hacer en la Comisión).

Ningún obstáculo aritmético, ni siquiera el requisito de una mayoría de dos tercios, podía garantizar la elección de un Estado particular. Se trata de decisiones políticas y corresponde a los miembros, así como a la opinión pública mundial, convencer a un número suficiente de Estados de que voten debidamente. Si hay gente suficiente que se interese realmente por los derechos humanos y ponga su empeño en la diplomacia y la persuasión necesarias, este Consejo puede representar una mejora espectacular con respecto a la Comisión anterior. Confío realmente en que todos los Estados Miembros, incluido Estados Unidos de América, país que ha desempeñado históricamente un papel directivo en la creación y utilización del mecanismo de derechos humanos de las Naciones Unidas, hagan lo que esté en su mano para lograr que el nuevo Consejo funcione.

* El autor es el secretario general de la Organización de Naciones Unidas 

La Jornada, 21/03/06