El polémico señor Fukuyama da por terminada su “historia” con Bush

El polémico señor Fukuyama da por terminada su “historia” con Bush

Francis Fukuyama, quien alguna vez dictaminó el fin de la historia, sigue dando que hablar. En 15 años pasó de ser un liberal exultante a un defensor del Estado con algunos matices hilarantes. En su último libro se distancia todavía más de la actual administración de la Casa Blanca y de los neoconservadores. ¿A dónde va Fukuyama?

Cuando a finales del año pasado visitó la Argentina, Francis Fukuyama no dejó lugar a la duda. Sus teorías habían dado un giro indescifrable y tajante. No es que se haya vuelto un comunista pero el embrollo en el que se metió el presidente George W. Bush cuando puso el pie en Irak le movieron la estantería. Ya no era tan fácil profetizar el triunfo de los valores liberales, y mucho menos el “fin de la historia”, como venía haciendo desde 1992. Ahora, el nuevo libro de Fukuyama, "America At The Crossroads: Democracy, Power, and the Neoconservative Legacy" (Estados Unidos en la encrucijada: Democracia, poder y el legado neoconservador), que sale a la venta esta semana en los Estados Unidos, ajusta algunas cuentas con la política de Bush.

El autor de origen japonés responsabiliza a la guerra de Irak de la pérdida de credibilidad y autoridad moral de Estados Unidos, así como del "antiamericanismo" imperante en el mundo, aunque reconoce que el apasionado rechazo a su país existe desde hace décadas en los países árabes. Sin embargo, fue el gobierno de Bush el que dio verdadera forma al odio hacia Estados Unidos. "La retórica de la Cuarta Guerra Mundial y la guerra global contra el terrorismo", así como "la visión apocalíptica de la amenaza del mundo islámico" fueron exageradas sin medida y se inflaron los peligros, afirma.

Antes de la guerra de Irak, había sólo "un conflicto contra un par de miles de personas en todo el mundo. Ahora el tamaño del problema ha aumentado, porque nos hemos metido en el avispero" y Washington no tiene ningún plan racional de estabilización para el país árabe, añade. Según Fukuyama, con su proceder unilateral y su doctrina del ataque preventivo, Bush desacreditó "uno de los más importantes pilares de la política exterior estadounidense", el del cambio de régimen.

El autor cree que ha quedado desacreditada también "la agenda neoconservadora". Con frialdad, analiza que el mundo no comparte la autoproclamada posición de Estados Unidos como "la bienintencionada y bondadosa vez el profesor de la Universidad Johns Hopkins  (Baltimore) no duda de la necesidad de un mundo más democrático y del papel especial que debe tener su país. Por eso, propone regresar al "núcleo idealista" del pensamiento neoconservador. Fukuyama critica que los éxitos en la lucha contra el fascismo y el comunismo en el siglo XX hayan llevado a Estados Unidos, con Bush y la influencia de los "neocons", a una política ofensiva que subestimó la resistencia mundial a las aspiraciones de liderazgo de Washington y la democratización impuesta desde afuera.

En su opinión, también en el futuro Estados Unidos tendrá que echar mano en su política exterior a los ataques preventivos y los cambios de régimen provocados por intervenciones militares. Pero hace falta un nuevo y cauteloso proceder que reduzca los temores a la superpotencia: sobre todo, una nueva estrategia en la política de ayuda al desarrollo norteamericana, así como una nueva red de organizaciones multinacionales. Fukuyama esboza un panorama temerario para un nuevo mundo que está muy lejos de la realidad y no da respuesta a las crisis actuales. Bush podría, en caso de leer el libro, llegar a una conclusión que no es nada nueva: es mucho más fácil bosquejar un mundo sobre el papel que aplicar con éxito una teoría a la política.

Clarín, 21/03/06