Luis Alegre Zahonero: El plan Bolonia a debate

Luis Alegre Zahonero: El plan Bolonia a debate
Crónica del acto celebrado en la Universidad Complutense de Madrid

Con el título “el plan Bolonia a Debate”, la AEFP (asociación estudiantil de derechas de la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM) convocó el martes 28 de marzo un acto para difundir y promocionar la Convergencia hacia un Espacio Europeo de Educación Superior. Con este fin, decidieron en un principio invitar (“moderados” por Patxi Aldecoa, Decano de la Facultad) a Carlos Berzosa (Rector de la Universidad), Eugenio Nassarre Goicoechea (Portavoz Comisión Educación del PP en el Congreso) y Carmen Ruiz-Rivas Hernando (Directora General de Universidades MEC): todos ellos fervorosos “convergentes” aunque con pequeñas diferencias de matiz entre ellos. El objetivo de generar un falso debate respecto a un asunto tan importante era, evidentemente, conseguir que todos los asistentes (independientemente de los matices con los que pudieran sentirse más identificados) salieran con la idea clara de que hay una base común de consenso que se justificaría por sí misma y sobre la que sólo a algún loco estrafalario se le ocurriría discutir.

Sin embargo, la notable agilidad política de los estudiantes de ACME en esa Facultad consiguió desactivar la operación: tras denunciar que, en efecto, se trataba de un falso debate (pues todos los ponentes estaban enteramente de acuerdo precisamente sobre aquello que merece la pena discutir), exigieron tener voz en ese Foro, proponiendo a Miguel Urban (estudiante de Historia) como portavoz de ACME en el debate.

En un principio, la AEFP no debió considerar que esta “concesión” entrañara grandes riesgos: a sus ponentes no les debería resultar difícil vapulear (e incluso humillar) a un simple estudiante pues, en efecto, en la mesa había verdaderos “pesos pesados” para la defensa de la Convergencia. Más allá de su competencia o incompetencia de hecho, de lo que no había duda era de que se trataba de derecho de tres de las personas más capaces, autorizadas y competentes para defender el plan Bolonia: ni más ni menos que el Sr. Rector, la Sra. Directora General de Universidades y el portavoz de educación del PP en el Congreso.

Antes de comenzar la primera intervención, que corrió a cargo de Miguel Urbán, los demás ponentes debían estar dudando si optar por la crueldad, y despellejarle, o por la compasión, y tratarle con cierto paternalismo. Sin embargo, su gesto se fue torciendo al ver cómo su intervención arrancaba calurosos aplausos por parte de los asistentes, en especial cuando, al final de su intervención, hizo un encendido llamamiento a la movilización del día 4 de abril mostrando el cartel de la manifestación (pese a haberle sido expresamente prohibido por los convocantes del acto). Pero, para los ponentes, lo que resultó verdaderamente grave fue comprobar que Miguel Urban conocía todos sus documentos y declaraciones lo suficientemente bien como para conseguir forzarles a discutir precisamente sobre los aspectos que nunca les gusta defender en voz alta.

Una vez en este punto, el asunto estaba ya completamente decidido: podían optar, como de hecho hicieron, por intentar mantener su propia postura en una cierta indefinición con la esperanza de conseguir, al menos, no aparecer como los responsables (y ni siquiera como especialmente defensores) de las políticas para la Universidad que el portavoz de ACME había denunciado. En este sentido, nuestro Sr. Rector ofreció una vez más ese incisivo análisis que le caracteriza y que podría resumirse en que la Convergencia, como todo, tiene algunas cosas buenas y algunas cosas malas y que él, como es de izquierdas, está a favor de las buenas y en contra de las malas (siempre que eso no le obligue, claro está, a decir que está en desacuerdo con alguien; porque él siempre está de acuerdo con todos; pero eso es sólo porque todos dicen siempre sólo cosas buenas).

El balance del acto pudo hacerse en el debate en el que, visiblemente tensos, los ponentes se encontraron de nuevo en dificultades para responder a las preguntas del público (con quien intentaron de nuevo escamotear las diferencias tratando de disolverlas en un presunto consenso).

En definitiva, lo que se puso ayer de manifiesto de un modo muy destacado es que, incluso en un acto específicamente montado para promocionar la Convergencia, basta con que haya alguien verdaderamente crítico y bien informado (capaz, por ejemplo, de sepultar ciertas declaraciones de maquillaje bajo un alud de declaraciones descarnadas de la Comisión Europea), basta con que alguien les obligue a argumentar su postura para ver cómo no pueden evitar hacer el ridículo. En este tipo de situaciones se pone de manifiesto que lo que intentan defender se cae por su propio peso, que, sencillamente, no lo pueden argumentar en público sin que se les caiga la cara de vergüenza, que resultan incapaces de defender con un mínimo decoro todo eso que, sin embargo, han decidido imponer a la comunidad universitaria.

Rebelión, 30/03/06