El neoconservadurismo de Bush se está muriendo en Irak

El neoconservadurismo de Bush se está muriendo en Irak
Los neorrealistas se imponen a los «halcones», Rumsfeld corre peligro político y el gurú del fin de la historia, Fukuyama, deja a los «neocon»

La guerra de Irak se está cobrando víctimas entre sus ideólogos e impulsores en la Administración del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. La guerra de Irak dio mucha vida al que había sido un presidente de poco respaldo cuyo país fue atacado. Ahora ya no. Los neorrealistas de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, están desplazando a los neoconservadores del vicepresidente, Dick Cheney. El fracaso de Irak puede costar la cabeza al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, el macho guerrero que diseñó una guerra liberalizada, subcontratada y de modelo barato que ha resultado muy cara e ineficaz. Demócratas y republicanos han intensificado su presión para que Bush haga cambios en su equipo ministerial.

Hace tres días dimitió de su cargo Andrew Card, jefe de gabinete del presidente, de absoluta confianza, el hombre que susurró a Bush en una escuela de Florida: «América está siendo atacada», el 11 de septiembre de 2001.

Francis Fukuyama, el sociólogo que declaró el fin de la historia y que participó en la creación del Proyecto para un Nuevo Siglo, que dio el soporte al neoconservadurismo, publicó hace unas semanas un artículo en el que se distancia del resultado de la guerra y sólo es el avance de su próximo libro.

Andrew Card, de 58 años, fue despedido por Bush con elogios a su calma en tiempos de crisis, su integridad y su compromiso con el servicio público. Pero le pesaba que su popularidad está en el 40%, la más baja, y en noviembre hay elecciones legislativas.

Cambian las personas y el peso de las corrientes. Los neorrealistas, altos funcionarios que favorecen la diplomacia frente a la fuerza, amenazan el reinado de los neoconservadores, que han dirigido la política exterior de EE UU desde que George W. Bush llegó a la Casa Blanca.

Lawrence Franklin es un buen ejemplo: fue un influyente neoconservador en el Pentágono durante el primer mandato de Bush, y defensor a ultranza de eliminar el régimen teocrático iraní. Ahora trabaja en un aparcamiento de Virginia, a la espera de cumplir más de doce años de condena por pasar información confidencial a tres israelíes, con la esperanza de que, al hacerlo, Israel instaría a la Casa Blanca a adoptar una línea dura con Teherán.

Es un caso extremo, aunque no el único de los llamados «neocon» que han salido del Gobierno durante el segundo mandato de Bush. El ex número dos del Pentágono, y actual presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, es otro ejemplo, al igual que Douglas Faith, que fuera número tres del Departamento de Defensa.

A ellos se suman el ahora embajador de EE UU ante la ONU, John Bolton, y Lewis Libby, asesor del vicepresidente, Dick Cheney, hasta el año pasado, cuando dimitió por su participación en el caso de filtración a la prensa del nombre de una espía.

Todos ellos comparten una filosofía común, el neoconservadurismo, una corriente intelectual a favor de exportar la democracia y valores estadounidenses, de ser necesario por la fuerza, y de forma unilateral.

Los neorrealistas, con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a la cabeza, son partidarios de trabajar más estrechamente con los países aliados y sobre todo con las Naciones Unidas, a la hora de resolver conflictos como el de Irán. Su creciente protagonismo no habría ocurrido de no ser por la guerra en Irak, la fallida obra de los «neocon».

Wolfowitz, Faith y el propio Cheney daban por hecho el triunfo en Irak y esperaban que esa victoria fuese el pistoletazo de salida para la democratización de Oriente Medio. Pero el optimista guión no se cumplió y ese error de cálculo ha propiciado su caída en serie.

Francis Fukuyama, el influyente intelectual próximo en algún momento al neoconservadurismo, renegó en el periódico «The New York Times» de sus antiguos camaradas. Fukuyama critica la desastrosa planificación en Irak y señala que lo ocurrido ha sido «una sorpresa» para los «neocon», aunque ellos aseguran ahora que sabían que la transformación democrática de Irak sería larga y compleja.

Fukuyama acaba de declarar el fin de otra era. Su próximo libro «After the neocons: América at the crossroads» («Después del neocons: América en una encrucijada») está en marcha y cuando habla de él dice que «el neoconservadurismo ha evolucionado en algo que yo ya no puedo apoyar». Discrepa del unilateralismo de la política estadounidense y la acción política de Oriente Medio.

El ensayo en el «Times» confirma, según los expertos, el distanciamiento de Bush de los «halcones» que planificaron la estrategia de defensa nacional tras los atentados de 2001.

«Es un artículo muy importante y la prueba definitiva de que hay un cambio en marcha», declaró a Efe Jim Sleeper, profesor de la Universidad de Yale.

Sleeper destaca que la conocida como «doctrina Bush», que se refleja en la estrategia de seguridad nacional de EE UU de 2002, está «en revisión». El texto apunta que tras los atentados de 2001 EE UU tendría que lanzar guerras preventivas periódicas para defenderse de estados tiranos y armados. Washington emprendería esas campañas en solitario, de ser necesario, y su objetivo sería la democratización de Oriente Medio, solución a largo plazo al problema terrorista.

Los fallos de inteligencia que precedieron a la guerra en Irak deslegitimaron esas ideas y el unilateralismo de EE UU ha provocado su aislamiento en la arena internacional. Eso explica, según Thomas Wright, de la Universidad de Harvard, que figuras más diplomáticas como Rice y los números dos y tres del Departamento de Estado, Robert Zoellick y Nicholas Burns, tengan un peso mayor en la toma de decisiones.

«Ha habido un cambio de poder del Departamento de Defensa al de Estado», manifestó a «Efe» Wright.

Jonathan Clarke, analista del centro conservador Cato Institute, destacó que es pronto para dar a los «neocon» por vencidos. «Es cierto que si estuvieran totalmente en el control, Estados Unidos ya estaría bombardeando Teherán», dijo a «Efe» Clarke, quien destaca, de todos modos, que no es una filosofía muerta. «Habrá que ver qué pasa si se produce una nueva crisis», apuntaló.

La Nueva España, 31/03/06