Policrato Philodemus: ¿Mercadotecnia política?

Policrato Philodemus: ¿Mercadotecnia política?
Degradación de la política… y del lenguaje

Desde que el neoliberalismo se aceptó como doctrina económica oficial, se han modificado conceptos éticos y conductas, que actualmente privilegian el individualismo y encaminan todo quehacer hacia el lucro prescindiendo de la ética, esto se ha hecho más evidente durante la campaña política hacia la presidencia de la república  en la que nos encontramos inmersos, en que la difusión e imagen de los partidos políticos y de los candidatos a los puestos de elección popular, se han dejado en manos de los publicistas comerciales, cuya experiencia, conocimientos y costumbre es la de diseñar estrategias para promover productos destinados a la venta, dentro de un ámbito mercantilista en donde la competencia por el mercado hace que el reclamo comercial sea carente de ética, ya que únicamente busca inducir al presunto cliente para que compre aquello que no necesita, o que sea de dudosa calidad, explotando sus impulsos inconscientes y tratando de anular su capacidad de raciocinio lógico al hacer la compra, para lo que utiliza una metodología de convencimiento e inducción a la que pomposamente han bautizado con el nombre de “mercadotecnia”, que no es otra cosa que el arte de la seducción subliminal y del engaño publicitario.

El dejar que las campañas políticas sean manejadas por publicistas sin preparación ni sensibilidad político-social, ha tenido como consecuencia la degradación del quehacer político como actividad al servicio de la comunidad, para convertirlo en un asunto de mercadeo de estereotipos fabricados, en donde el reclamo publicitario del mercachifle ha substituido a la propuesta política de un programa de gobierno, convirtiendo a los personajes políticos en objetos, como si fueran maniquíes que se exhiben en un escaparate para su venta, o  como productos a los que se les atribuye supuestas cualidades para hacerlos atractivos al cliente y que sean comprados, mientras que a los ciudadanos esta metodología los supone una clientela estupidizada que por necesidad, o placer consumista inducido, acude a un centro comercial a comprar baratijas.

El solo hecho de que publicistas y periodistas, en un acto fallido, como lo calificaría el padre del psicoanálisis Sigmund Freud, utilicen el término “mercadotecnia política” (publicista Carlos Alazraki «programa radiofónico “Monitor” de José Gutiérrez Vivó.- Lunes 27 de Marzo a las 08:30 hrs.» y el apologista del “Peje” y columnista, Federico Arreola «periódico Milenio, página 3, Lunes 3 de Marzo»), dejan en claro el divorcio existente entre la sociedad y quienes buscan seducirnos con promesas para ganar nuestro voto y llegar al poder, así como las verdaderas intenciones de las campañas presidenciales y la naturaleza que actualmente ha adquirido el quehacer político de los partidos (que se han adueñado de la franquicia electoral), quienes faltos de propuestas razonables dentro de un programa de gobierno, y en ausencia de un proyecto viable de nación que trascienda las improvisaciones sexenales, se diluyen en el estercolero de diatribas personales entre los candidatos, inventando “complots” paranoides, y mostrando un alzheimer selectivo de la historia, con lo que ofenden a la inteligencia de los ciudadanos a la que suponen de retrasados mentales.

El quehacer político y las campañas para ganar el voto ciudadano, son asuntos muy serios en los que se juega el futuro de todo un pueblo, por lo que no pueden dejarse en manos de quienes actúan como merolicos de los mercachifles, de los agiotistas, de los fundamentalistas (del color y creencia que sean), así como tampoco de los mesías improvisados y circunstanciales, dado que a ninguno de estos, ni a sus merolicos de publicidad engañosa, les preocupa el futuro de la sociedad, sino solamente realizar sus negocios o vivir sus alucinaciones a la sombra del poder político, que actualmente solo puede alcanzarse a través del sufragio ciudadano en las urnas.

El mismo término “mercadotecnia política” es degradante y absurdo en su contenido, pues mientras que la mercadotecnia está concebida para vender productos y obtener un lucro, el quehacer político tiene como finalidad el servicio a la sociedad y la búsqueda del bien común, razón por la que empatar dicho término dentro del quehacer político conlleva una confesión tácita de los fines que se están persiguiendo, por lo que el ciudadano debe estar alerta y desconfiar de los partidos políticos y candidatos que hablen de “mercadotecnia política”, así como de aquellos que en vez de presentar programas de gobierno, convierten a las campañas en estercoleros utilizando diatribas personales para descalificar a sus adversarios.

La posición más conveniente que puede asumir la ciudadanía, como recurso de defensa para impedir ser engañada o seducida por la llamada “mercadotecnia política” con sus cantos de sirena, es la de exigir a los candidatos a un puesto de elección popular, la presentación de un verdadero programa de gobierno dentro de una visión a largo plazo del país que se busca tener, para que la ciudadanía tenga claro el futuro que le espera, independientemente de exigirle también que el programa de gobierno vaya acompañado de una explicación de la forma, tiempo y recursos para poderlo llevar a cabo, para que así pueda identificar y descalificar, negándole su voto favorable, a los demagogos que en busca del voto prometen cosas que son imposibles de cumplir.

El Periódico de México, 06/04/06