Bru Rovira: Petróleo: guerra

Bru Rovira: Petróleo: guerra

Chad dispone de una abundante riqueza en petróleo. Una ley promovida por el Banco Mundial obliga a dedicar los beneficios que las compañías extranjeras dejan al país - 12,5%- a la lucha contra la pobreza. Hoy, sin embargo, la guerra amenaza que el dinero revierta en la sociedad al tiempo que las compañías movilizan a los países ricos para que defiendan sus intereses

No pudo ser. La maldición de los recursos de los países africanos se cumple unavez más en Chad: la riqueza natural, en vez de ser una bendición para sus habitantes, está en el camino de convertirse en una condena.

Cuanto más ricos, peor. Ysi esta riqueza se llama, como ocurre en Chad, petróleo, todavía peor. El primer barril salió de los pozos de Doba, en el sur, a finales de la primavera del año 2003, y desde entonces fluye a un ritmo de unos 200.000 barriles diarios, una fortuna considerable si tenemos en cuenta que el precio del barril supera ya los 70 dólares.

Pero el petróleo no sólo no está sirviendo para luchar contra la pobreza endémica del país - unos de los más pobres de la tierra-, sino que ha empeorado la corrupción también endémica - desde que apareció el petróleo, Chad ha mejorado su posición en el índice mundial de países corruptos, situándose ¡en las primeras posiciones!- y lo aboca día a día a una guerra que no es ajena al conflicto de Darfur, en Sudán, donde ya han muerto unas 300.000 personas y dos millones han tenido que abandonar sus casas.

Y si en Darfur Jartum impone su política de expulsiones masivas y genocidio y reta a la comunidad internacional, que está demostrando carecer de voluntad para frenar las masacres porque prefiere preservar sus intereses en la explotación del petróleo, en Chad la defensa de estos intereses va en el mismo camino.

El pasado mes de agosto, en estas mismas páginas publicábamos una serie de reportajes sobre la experiencia chadiana en la explotación del petróleo, uno de los proyectos estrella del Banco Mundial en la lucha del uso de los recursos propios para luchar contra la pobreza. La idea nada tenía que ver con la justicia, porque el inversor, las compañías extranjeras y, principalmente, la tejana ExxonMobil se quedaban con la gran parte del pastel, es decir con el 88,5% del beneficio, pero "al menos" - "al menos", como nos dijo sin esconder su cabreo en su humilde despacho de la misión católica de Doba, en la zona petrolífera, el obispo Michel Russo-, "al menos no se lo quedan todo".

Lo que el Banco Mundial propuso fue una ley que regulara el beneficio que quedaba en el país - el 12,5%- y comprometiera al Gobierno a utilizarlo en la lucha con la pobreza, preferentemente en cinco sectores: educación, sanidad, servicios sociales, desarrollo rural, infraestructura, medio ambiente y agua. La ley, conocida como ley 001, obligaba también a que el 10% de este porcentaje se destinara a un fondo de ahorro para las generaciones futuras. El mecanismo de control del beneficio que debía revertir al país productor revela el concepto que el Banco Mundial tiene del Gobierno chadiano, pues obliga a que las compañías petrolíferas no ingresen directamente el dinero a las arcas de Chad, sino que lo hagan en una cuenta del Citibank, en Londres, que libera el dinero a medida que el Banco Mundial y una comisión representativa de la sociedad civil - el College- controla su utilización.

Por otra parte, la extracción de l petróleo debía significar un impulso para la zona afectada por la explotación, que recibiría un buena cantidad de dinero para amortiguar el impacto ambiental, compensar la expropiación de terreno agrícola y de viviendas y crear infraestructuras que favorezcan el desarrollo.

Cuando visité la zona antes del verano pasado, nada de lo prometido se había cumplido y la región estaba peor, si cabe, a la llegada de las petroleras. Sirva de botón de muestra el hecho de que mientras los pozos y sus intalaciones consumían la mayor parte de la energía eléctrica del país, la región de Doba seguía sin electricidad, sin teléfono, sin gasolineras, sin hospitales, sin cajas de ahorros, sin agua, y los campesinos expropiados veían cómo el dinero recibido no les alcanza ni para comprar un buey, al tiempo que diezmaban sus cosechas.

A pesar de lo que se publicó en la prensa internacional, que se contentó con leer los informes de los departamentos de marketing de las compañías y del Banco Mundial, en Doba el petróleo sólo ha acarreado miseria.

Pero la gran incógnita, la pregunta que todo el mundo debía hacerse cuando se aprobó la ley 001 - cuando decimos todo el mundo pensamos principalmente en el Banco Mundial y los gobiernos occidentales que sostienen y hacen de embajadores de las compañías petrolíferas, así como el gobierno francés, que sostiene militarmente al gobierno autoritario de Idris Deby- es si esta ley podría aplicarse sin cambiar el marco político corrupto, familiar y dictatorial.

En la primavera pasada hubo ya un signo que avisaba de la tormenta que se avecinaba: el presidente decidió convocar un referéndum para modificar la Constitución, que le impedía volver a presentarse a unas elecciones, después de estar gobernando ininterrumpidamente desde 1990. Ganó la consulta por amplia mayoría, a pesar de que apenas se observó a gente votando. El segundo signo fue cuando la primera entrega de dinero del beneficio del petróleo se invirtió en armas. Tampoco pasó nada. Luego se utilizaron los fondos que debían dedicarse a generaciones futuras también en temas de defensa y, finalmente, en enero, se impuso al Parlamento modificar la ley 001 para que el dinero pudiera utilizarse también en defensa y pagar a los funcionarios.

Accidentes colaterales

Como represalia a esta decisión parlamentaria, el Banco Mundial bloqueó el dinero del Citibank, y este mismo mes de abril el Gobierno amenazó con impedir la explotación del petróleo si no se desbloquea la cuenta y el Banco entrega los 124 millones que se deben. Mientras, ha habido varios intentos de golpe de Estado, además de una incursión armada sobre la capital, Yamena, con centenas de muertos. Existe una disidencia interna del propio ejército y del clan del presidente, al tiempo que otro grupo armado apoyado por Jartum trata de cambiar el Gobierno chadiano.

En pleno conflicto, este Gobierno se sirve de la siguiente lógica:"¿Cuál es el país del mundo que disponiendo de recursos no los utiliza en armas para defenderse? Hemos comprado armas, y estas armas pronto llegarán", dice Deby en Le Figaro.

La guerra avanza a pasos agigantados, a no ser que los países occidentales quieran interponerse. En este sentido, existen dos posibilidades. La primera es que la sociedad chadiana ayudada por Occidente consiga avanzar hacia un sistema político que imponga el sueño de reinvertir contra la pobreza y avanzar hacia la democracia. La segunda posibilidad, la más realista, es que el representante norteamericano que se espera a finales de mes para mediar entre el Banco Mundial, el Gobierno y las compañías sacrifique la ley 001 y el "modelo chadiano de lucha contra la pobreza", pacte con el Gobierno - o ponga otro gobierno amigo-y volvamos al modelo contemporáneo de explotación para África.

Guerra. Pobreza. Genocidio. Petróleo. Sobre todo petróleo. ¿Quién se atreve a poner en duda nuestros intereses cuando, además, los chinos, como hacen en Sudán, estarían encantados de ocupar el lugar de los norteamericanos en la explotación del oro negro?

Los accidentes colaterales en el afán de acceder al carburante matan muchas más vidas que los accidentes de tráfico. ¿Por qué no abordamos de una vez el tema del exceso de consumo y la cultura depredadora simbolizada por el 4x4? ¿Qué debe pensar un campesino de Doba del cinturón de seguridad?

La Vanguardia, 24/04/06