Carlos Andrés Ortiz: Las oligarquías universitarias

Carlos Andrés Ortiz: Las oligarquías universitarias

Si la aristocracia -en su concepción original aristotélica- significa el gobierno de los mejores, la oligarquía es la degeneración de la aristocracia. Bajo este sistema de gobierno, el poder es monopolizado por una cerrada camarilla de personajes ávidos del poder, el cual intentan mantenerlo de cualquier modo y como sea, para obtener de él todo tipo de prebendas, ventajas personales y de inequitativos beneficios que sean productos del poder omnímodo, egoísta, arteramente ejercido y carente de toda ética. La sabiduría popular define los manejos oligárquicos para mantener y acrecentar el poder con la simple y contundente expresión de “la rosca del poder”.

En su concepción original, aquella que dio origen a las primeras Universidades del mundo, -la que partiendo de las escuelas filosóficas atenienses pasó a las épocas de primacía cultural de los musulmanes, para después alcanzar a la Europa Cristiana de fines de la Edad Media y comienzos del Renacimiento- el ámbito universitario debería estar formado por la verdadera “aristocracia del conocimiento”, entendida esa expresión en su contexto primigenio y elevado de nucleamiento de las mentes más brillantes, las que en un entorno propicio pudieran tanto transmitir sus elevados conocimientos a quienes tengan genuino interés en aprehenderlos, como en la sinergia que naturalmente se produce cuando trabajando al unísono se potencian, colaboran y se estimulan para alcanzar nuevos y más destacados niveles de conocimiento y de más avanzadas investigaciones.

En algunos momentos de la Historia Argentina, las Universidades Nacionales alcanzaron niveles brillantes e incluso de excelencia académica, al calificar la capacidad e idoneidad para el acceso y permanencia en las plantas docentes de las mismas.

Pero en el contexto de severa decadencia que desde hace varias décadas se instauró en el tejido socio político y económico de Argentina, toda la educación pública se vio severamente afectada; y las Universidades Públicas lamentablemente no fueron la excepción, sino que por el contrario se han transformado –salvo raras excepciones que confirman la regla- en cotos cerrados dominados por verdaderas oligarquías de mediocres, que se disputan palmo a palmo los fragmentos del poder político interno, de relativas o escasas luces intelectuales pero muy hábiles para las “roscas” de todo tipo, que solo buscan la perpetuación en el poder por el poder mismo.

En ese deplorable marco, han saltado a la opinión pública algunos resonantes casos de corrupción y de escándalos académicos teñidos de perfiles que rozan o se internan profundamente en prácticas mafiosas, las que nada bueno pueden tener como consecuencias en el nivel académico a suministrar a las nuevas camadas de profesionales que se forman en las Universidades Nacionales que todo el pueblo financia a través de sus impuestos.

Para acentuar el marco de vergonzosa impunidad, las profundas reformas legales implementadas en la década menemista y acentuadas durante el anodino desgobierno delarruista, han prohijado una tergiversada figura de autarquía universitaria que llega a consolidar la impunidad dentro de la cual pueden manejarse a discreción las oligarquías del poder universitario que se han ido consolidando. Una malhadada concepción de autonomía casi absoluta ha llevado a la ausencia de intervención judicial, en muchos casos encubierta por un tergiversado “respeto” (¿complicidad?) respecto a dicha autonomía, bajo cuya figura la Justicia Federal ha llegado a inhibirse de hecho a actuar. Por el método del absurdo, cabe preguntarse si la Justicia Federal se “inhibiría” de actuar si se cometiera un asesinato dentro de una Universidad Nacional; pues si se “inhibe” o no actúa de oficio ante otras figuras criminales (en su amplia acepción del concepto) también podría “inhibirse” si se cometiera un asesinato. Y de hecho, las fuertes presiones sicológicas que muchos procesos persecutorios conllevan, traen como consecuencia severas alteraciones de la salud, que en algunos casos pueden desembocar en cuadros muy graves e incluso la muerte.

Algunos casos del accionar oligárquico universitario son los siguientes:

El escándalo bochornoso que significa el proceso de elección del nuevo Rector de la UBA, actualmente de público conocimiento, exime de mayores comentarios. ¿La Justicia? Aparentemente brilla por su ausencia, el decoro también.

Hace pocos meses se hizo público el vergonzoso caso de venta de títulos que fue protagonizado por la Universidad Nacional de Formosa, el cual a pesar de la gravedad del caso no habría trascendido al ámbito judicial penal federal. De acuerdo a noticias periodísticas, las sanciones a los responsables habrían sido muy diluidas, pues constatado el caso en el ámbito académico hubiese correspondido la expulsión, sin perjuicio de la intervención “per se” de la Justicia, la cual no se habría concretado.

El año pasado, una docente de la UBA optó por la desesperada medida de encadenarse en su Facultad, como protesta por la persecución que estaba soportando.

En Ciencias Económicas de la UBA, según referencias de personas creíbles, el sector político perdidoso en las internas estudiantiles, se atrincheró en el Centro de Estudiantes, disponiendo incluso de matones para amedrentar a los opositores. Recordemos que el manejo de los apuntes y fotocopias puede llegar a ser un negocio muy lucrativo, el cual no paga impuestos de ningún tipo.

Es conocido en el mundo académico que el “único pensamiento político económico correcto” en la Facultad de Ciencias Económicas de la UN de La Plata es el neoliberalismo, y ello fue corroborado por algunas personas condiscípulas de una Maestría que me encuentro cursando. Por otra parte, con solo analizar el listado de los profesores de la misma, se advierte una clara preeminencia de los economistas responsables intelectuales del desmadre ultra neoliberal globalizante que tanto daño ha causado a nuestro país, poniéndolo incluso en severo riesgo de disolución en los años 2001-2002. Por supuesto, los esquemas de poder invisibles pero fácticos impiden el acceso a las cátedras a quienes no profesan su fe absoluta en los dogmas neoliberales.

En la Facultad de Humanidades de la UNaM (Universidad Nacional de Misiones) hubo al menor un par de casos de severas denuncias de persecuciones y discriminaciones, una de las cuales tuvo gran trascendencia pública.

En un confuso y contradictorio dictamen del Departamento Legal de la UNaM, se mantuvo el absurdo criterio de considerar “información reservada” los títulos académicos que poseen los docentes de dicha Universidad. ¿Puede existir un contrasentido más grande, siendo que esa información debería ser pública y de fácil acceso? ¿Qué situaciones fácticas se quieren ocultar con esa medida?

La maraña de reglamentaciones internas con las que se maneja la UNaM permite arbitrariedades de todo tipo, tal como las he soportado en carne propia al haber sido discriminado doctrinalmente (por no adherir al pensamiento económico “correcto” -léase neoliberal-) tal cual lo demostré hasta el hartazgo en las esferas administrativas internas... con el resultado de no habérseme renovado el contrato que me vinculaba con esa Casa de Estudios desde 1984.

Las graves irregularidades en dos Concursos Docentes dieron lugar a sendas impugnaciones, las que fueron soslayadas en las instancias administrativas por meras y rebuscadas formalidades; sin siquiera analizarse los motivos de dichas impugnaciones.

Los procesos de evaluaciones de los Concursos Docentes se prestan para evaluaciones harto caprichosas, y han dado lugar a muchos resultados de –por lo menos- dudosa ecuanimidad. Pero por el contrario, en muchos casos, por “méritos demostrados” muchos docentes alcanzaron la titularidad –incluso la dedicación exclusiva- por meros actos administrativos, sin ninguna posibilidad de Oposición de Antecedentes o Concursos, así sean actos sospechados de estar preñados de arbitrariedad.

En este momento está en marcha –en la misma Facultad de Ciencias Económicas de la UNaM-, un curioso proceso de “Concursos Cerrados” para quince cargos de dedicación exclusiva, de jugosos emolumentos, los que de ser –como corresponde- abiertos, seguramente serían concursados por muchos profesionales –incluso de otras provincias- que hoy por distintos motivos no están en la plantilla docente de la institución.

Resultaría positivo analizar la procedencia de varios “contratos adicionales” con los que han sido beneficiados determinados docentes de la misma Facultad.

Tampoco importó a los responsables de la conducción de la FCE que casi 200 alumnos apoyaran la iniciativa de Cátedras Paralelas, a cargo de quien suscribe; sin duda interesando a los educandos recibir una formación de mayor amplitud doctrinal económica y ambiental.

Una auditoría de la SIGEN realizada en el año 2004 encontró severas irregularidades en el Rectorado y dependencias de la UNaM, pero ese organismo no tiene atribuciones para tomar otras medidas. Mientras, el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, por la tergiversada “autonomía universitaria”, se encuentra vedado de intervenir aún en casos de severas irregularidades; tal como me lo expresó por escrito ¿puede entenderse eso?

El “Cambalache” de Discépolo y la filosa pluma de Arturo Jauretche denunciando procesos similares que él combatió desde los años de “la década infame” hasta el fin de sus días, sin duda tienen plena vigencia.

(*) CPN Carlos Andrés Ortiz
Ex Docente investigador de la FCE de la UNaM
Especialista en Gestión de Producción y Ambiente
Cursante de la Maestría de Gestión de la Energía (CNEA – UNLa)
Escritor e investigador de temas económicos, energéticos, geopolíticos y ambientales

Misiones OnLine, 26/04/06