Porfirio Barbosa: Mea culpa: soy populista

Porfirio Barbosa: Mea culpa: soy populista
Presidente de la ONG Proyectos y Obras Sociales de México, AC

México es una fábrica de pobres y por ello frágil su estabilidad social y política. La posibilidad de escalar niveles sociales, políticos, económicos y laborales apenas si existe. Las oportunidades son escasas y por regla las acaparan los políticos y las familias de abolengo y dinero, y sus respectivos amigos, familiares, compinches. Las leyes son frecuentemente origen y causa de desigualdad y de marginación; son fuente de corrupción, como decía Montesquieu.

Las instituciones están hechas a la medida de las necesidades del más fuerte y de las burocracias. La economía es el ámbito de connivencia de los monopolios y los carteles. El Estado profesa una nueva religión e impone un pensamiento único, que paraliza, castiga y condena al ostracismo al que duda de su dios: la ideología neoliberal.

La fábrica de pobres que es México genera, a su vez, hordas de delincuentes, de informales y de emigrantes: destino de quienes quieren escapar de la miseria y la marginación. Ese orden de cosas es insostenible y debe cambiar. Los demócratas sabemos que la política es el medio legítimo para reformar o crear instituciones y así alcanza un mundo mejor. Sabemos que no existe la sociedad ideal, la ciudad de Dios, pero sí es posible un mundo mejor, alcanzable con las herramientas de la democracia.

Sin embargo, los autócratas y plutócratas, defensores del pensamiento único, el neoliberalismo político, social y económico, llaman populistas a quienes queremos y luchamos por cambiar aquellas leyes e instituciones que corrompen y marginan. Mea culpa: confieso que soy populista si ello significa luchar por un sistema político y económico que no genere exclusión.

Soy populista porque quiero que México deje de ser una fábrica de pobres. Soy populista porque abdico a los dogmas de la economía neoliberal que paraliza, y que por años ha impedido fraguar una política industrial y políticas públicas que promuevan el desarrollo de cadenas productivas y agrupamientos industriales, para promover la inversión y la competitividad empresarial, el empleo y la productividad laboral. Soy populista porque lucho por instituciones que forjen una banca que sí financie el desarrollo, que otorgue créditos a los pobres y deje de ser rentista y abusiva. Me confieso populista porque creo posible que todos los mexicanos tengan las mismas oportunidades para acceder a la alimentación, a servicios de salud de calidad y a una educación de clase mundial.

Me declaro populista irredento porque creo que es posible transformar a México en un país de leyes, que proteja los derechos de todos, sin discriminación; donde la justicia aplique el marco legal sin temor a los grupos de interés, que pervierten el sistema de contratos en detrimento del desarrollo, y en particular de quienes menos tienen. Soy populista convencido de que la ley debe dejar de ser fuente de corrupción y complicidad de los poderosos, llámense políticos, empresarios, burocracias partidistas y administrativas. Soy populista porque denuncio el capitalismo de amigos y creo en las bondades de una economía de mercado, en la que el hombre es el medio y el fin, y no las mercancías. Como populista rechazo y censuro los monopolios que impiden la competencia y el desarrollo.

Me declaro culpable de populismo porque no creo en una religión de Estado, así se disfrace de "liberal", sino en la libre competencia de ideas y de proyectos políticos que respeten los principios de la libertad, la igualdad y la democracia social y política. Soy populista porque estoy convencido de que la democracia no tiene futuro si se le vacía de su contenido de representación y se relegan al basurero de la historia los derechos humanos que son sociales, económicos y políticos. Confieso que soy culpable de populismo porque sé que es factible un diseño institucional que premie el esfuerzo, que impulse la cohesión y colaboración social y que deseche el sistema de cohecho del amiguismo, el compadrazgo y el nepotismo. Y creo que el cambio se logra mediante la política.

Todos estos males que padece México son añejos y la causa de brotes populistas y de engendrar líderes políticos irresponsables. ¿Qué hicieron políticos y prohombres en el poder, por supuesto "respetuosos", "responsables", "competentes" y "bien nacidos e intencionados" para erradicar el mal de raíz? En los últimos cinco años, el presidente Vicente Fox y su grupo político trabajaron arduamente, diría que sin descanso, para asegurar que fuera incontestable, rotundo, el éxito del populismo. En este periodo gubernamental se promovió fuertemente el desempleo, la informalidad, la emigración a Estados Unidos, la impunidad y, en consecuencia, se desbordó el crimen, organizado y desorganizado. Sin duda esa estrategia política y económica neoliberal engendrará más demonios populistas.

El Financiero, 26/04/06