Reino Unido: Llegó a Gran Bretaña la extrema derecha, que se expande en Europa

Reino Unido: Llegó a Gran Bretaña la extrema derecha, que se expande en Europa
En las elecciones del jueves creció el 12,3%

Impulsada por el temor a la globalización, la inseguridad y el fantasma de la inmigración descontrolada, la mancha de la extrema derecha se extendió esta semana sobre el mapa europeo hasta el sitio más inesperado: Gran Bretaña.

En ese país, que había sido hasta ahora la excepción en Europa, el ultraderechista Partido Nacional Británico (BNP, por sus siglas en inglés) aumentó su representatividad en un 12,3% en las elecciones municipales del jueves.

A diferencia de Francia, Austria, Italia, Holanda, Bélgica o los países escandinavos, ninguna formación política de ultraderecha había conseguido emerger en el Reino Unido levantando como bandera el peligro que representa la inmigración: “No estamos más en nuestro país”, dicen los líderes del BNP. Con ese argumento obtuvo 32 representantes locales. Además, el 25% de la sociedad se siente identificada con sus ideas.

Ese mismo día, en Polonia, entraron en el gobierno los populistas de Samoobrona (Autodefensa) y la extrema derecha católica, invitados por el primer ministro Kazimierz Marcinkiewicz para asegurarse una confortable mayoría en el Parlamento.

El reciente éxito de la extrema derecha en Gran Bretaña y en Polonia es sólo la última manifestación de un fenómeno continental que progresa en forma incesante desde la Segunda Guerra Mundial.

Tradicionalmente hostil al comunismo, la ultraderecha predica un feroz nacionalismo xenófobo, rechaza la sociedad multicultural, los inmigrantes -o los extranjeros en general-, se opone a la globalización, al ultraliberalismo y a las organizaciones supranacionales como la UE y la OTAN.

El avance de esa ideología se produce sobre todo en los sectores más frágiles: el elector tipo de extrema derecha es hombre, pertenece a medios populares y tiene escaso nivel de calificación y de educación. Hasta los años 90, una parte de ese electorado canalizaba sus protestas votando por el comunismo.

El ejemplo más conocido de esa corriente es el Frente Nacional (FN) de Jean-Marie Le Pen, que provocó un terremoto político en Francia en 2002, cuando llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en las que fue derrotado ampliamente por Jacques Chirac.

Para 2007, los sondeos le atribuyen 10% de intenciones de voto. Pero una reciente encuesta demostró que el 34% de los franceses se siente representado por sus ideas.

En Dinamarca, el Partido del Pueblo es árbitro del juego político desde 2001, cuando obtuvo 12% de los votos. En Noruega, el Fremskrittspartiet (Partido del Progreso) se convirtió en 2001 en la tercera fuerza del país con 14,7% de los sufragios.

En Bélgica, el Vlaams Blok, fundado en 1978, totaliza 15,5% del electorado en Flandes y 9,8% a nivel nacional.

En Holanda, la lista anarco-capitalista y xenófoba LPF obtuvo 17% de los votos en 2002, a pesar del asesinato de su líder Pim Fortuyn una semana antes de la elección.

En el centro de Europa, el "populismo alpino" está representado por el FPÖ, de Jörg Haider, que comparte el poder de Austria con los cristianos conservadores desde 2000. Haider provocó el primer viento de pánico de la Unión Europea cuando llegó al poder, con 26,9% de los votos.

En Suiza, el Schweizerische Volkspartei-Union Démocratique du Centre (SVP-UDC) se convirtió en la primera formación política del país en las elecciones federales de 1999. Su electorado se eleva al 22,6%.

En Italia, la extrema derecha tiene dos vertientes: la Liga del Norte de Umberto Bossi que, tras gobernar junto a Silvio Berlusconi, registra un menor caudal electoral, y Alianza Nacional.

La formación, dirigida por Gianfranco Fini, rompió oficialmente con el fascismo en 1995 para transformarse en un partido de derecha.

Puntos en común

A pesar de sus diferencias, los partidos de extrema derecha europeos comparten un programa básico común.

Todos predican un ejecutivo fuerte, una limitación de la democracia representativa y la desaparición del principio de igualdad en beneficio de una discriminación étnica entre nativos y extranjeros.

Esas mismas características de su identidad aparecen en su concepción de las relaciones internacionales: combaten a Estados Unidos -percibido como símbolo del crisol de razas y del multiculturalismo- y alientan el mito de una Europa blanca "desde el Atlántico a los Urales", capaz de hacer frente a la "amenaza planetaria del islamismo".

La ideología no siempre explica la seducción que ejerce la extrema derecha sobre un número creciente de europeos: con frecuencia, se trata de un voto que refleja el miedo de ciertos sectores de la sociedad.

"Los nuevos extremismos representan una forma de protesta de tipo reaccionario contra el embanderamiento masivo de la derecha y de la izquierda tradicionales con los postulados del ultraliberalismo y de la globalización", explica el sociólogo Gilles Ivaldi en su libro "La extrema derecha en Europa occidental".

En un mundo donde el aumento de la inseguridad, la precariedad laboral y las desigualdades sociales son percibidos como efectos directos de esa globalización, es fácil predecir que las organizaciones políticas de extrema derecha tienen un auspicioso futuro por delante, aunque muchos tengan presente en Europa la vigencia de la célebre frase del dramaturgo alemán Bertold Brecht: "Aún está fecundo el vientre que engendró la bestia inmunda".

La Nación, 07/05/06