Una muestra considera el plagio una fuente de creación subversiva

Una muestra considera el plagio una fuente de creación subversiva
'Plagiarismo' reflexiona sobre la evolución cultural del concepto de copia

A buen seguro, la exposición Plagiarismo no gustará a la SGAE. La guardiana del copyright no se ha pronunciado hasta el momento sobre esta muestra, que inició su andadura en la Casa Encendida en Madrid explicando e ilustrando cómo el plagio, o la copia, puede ser también fuente de creación y subversión. La polémica muestra, comandada por Jordi Costa y Álex Mendíbil, en el Espai Cultural Caja Madrid, donde permanecerá hasta el 4 de julio, establece una cata en la historia de la cultura y su consecuente reflexión, no exenta de humor. "Lo que queremos es provocar el debate", apunta Costa echando mano de una paradoja: "Cualquier plagiario que puede pagar los derechos del original está libre de culpa". Y el comisario pone como ejemplo clarificador el sampler que Madonna ha realizado a partir de Abba o la reiteración que Hollywood acostumbra a hacer de una misma película.

Los comisarios analizan el fenómeno a través de dos fuerzas opuestas: la histórica, que desde siempre ha canibalizado el arte sin complejos y la opuesta y más moderna que, con la ley en la mano, equipara plagio y delito. Costa y Mendíbil se apuntan a la teoría memética según la cual "el fenómeno plagiario ya se inicia en nuestro adn, que se desarrolla a base de copiarse a sí mismo".

DISCURSO ILUSTRADO

Las piezas de Plagiarismo ilustran ese discurso que los autores remontan al Quijote de Avellaneda o a los muchos pastiches generados por el personaje de Sherlock Holmes, más allá de su creador Conan Doyle. Así vemos la instalación Apocalipse Now, de Artemio Narro, que sincroniza el discurso final de Kurtz, el personaje de Marlon Brando en la película de Coppola, con la tierna imagen de Winnie the Pooh. O la manipulación musical que David Domingo hace de la película El exorcista de William Friedkin: "Además de vomitar, canta", prometen con ironía los rótulos de la muestra.

Así, al tiempo que el espectador se entera de que Disney jamás pagó derechos de autor por su "saqueo" a los cuentos infantiles europeos, se le ofrece la oportunidad de pintarrajear una réplica de La Gioconda de Leonardo, partiendo de la manipulación de Marcel Duchamp, que le añadió unos irreverentes bigotes, o de ver cómo el concepto de autoría en la música folk americana --unos auriculares permiten constatarlo-- tiene unas imprecisas fronteras.

Orson Welles, que con su película Fraude elaboró un discurso similar, tiene un lugar de honor en Plagiarismo. Especialmente con la inclusión de algunas de la copias que el protagonista del filme, Elmyr d'Hory, hizo de algunas de las obras maestras de la pintura. Esas falsificaciones han sido prestadas por un coleccionista residente en Eivissa.

La música y especialmente las mezclas de algunos dj's tienen su ejemplo en el híbrido que Dj Danger Mouse hizo del White album de los Beatles con el Black album de Jay Z, produciendo el Grey album, cuya posibilidad de descarga en un solo día marcó una jornada histórica en internet. Según los comisarios, este tipo de creación plagiaria conlleva una mayor peligrosidad para el sistema, que, sin embargo, ve con buenos ojos cómo "la publicidad crea y multiplica sus mensajes".

Más curiosa es la forma en la que el tercer mundo afronta la idea de copia sin complejos. Es el caso de la turkexplotation, de la que se exhibe una selección. Se trata de versiones de superproducciones como La guerra de las galaxias, Spiderman o Star Trek realizadas sin el menor rubor en Turquía con presupuestos ínfimos. Toda una joya del trash.

El Periódico, 10/05/06