Luís Javier Sanz López: Responsabilidad social corporativa

Luís Javier Sanz López: Responsabilidad social corporativa

Lo confieso, soy un mal pensado. Hay gente de la que no me fío, ni de sus ideas, aunque suene políticamente incorrecto. El artículo que traemos a colación este mes se llama “Redención a través de la empresa”, y ya desde el lenguaje metafísico-pascual resulta sospechoso. Está publicado en el periódico “La Vanguardia” del 24-4-06. Es conveniente siempre ver quién firma. En este caso es R. Mullerat, copresidente de la comisión de responsabilidad social de la empresa Internacional Bar Association. Los tiros van por aquí. Una de cal y otra de arena.

Buen análisis: “Cada vez en mayor medida, las empresas dictan las decisiones de sus propios supervisores, los gobiernos, y controlan los diversos campos de la esfera política. La espectacular emergencia de la empresa constituye uno de los acontecimientos más significativos de la historia moderna.” Mala conclusión: “Resulta trascendental que, siendo tan escasos los resultados alcanzados por los estados, los políticos y los diplomáticos respecto a la erradicación de la pobreza, las guerras y las pandemias, corresponde en grandísima parte a los empresarios tomar el testigo y lograr un mundo mejor.

Vivimos un momento de fulgurante expansión de la doctrina de la responsabilidad social de la empresa (R.S.C. a partir de ahora), según la cual el objetivo de una empresa no debe ser exclusivamente obtener beneficios (atención al subrayado).

Soy de los que piensan que ese giro en valores humanos no se corresponde a una evolución natural de la conciencia comprometida del mercado sino a la necesidad de un lavado de imagen corporativa que necesita presentarse a la sociedad un poco más pulcra, incolora e indolora. Si lo quieren hacer que lo hagan pero no nos pondremos a fabricar ningún pedestal para subir a nadie por ello.

La experiencia histórica dice que las multinacionales trincan lo que pueden una vez sí y otra también y si se les permite es en razón de que la política se ha prostituido. Es más, les auguro un futuro brillante, no porque tengan razón o por su cara bonita, sino porque no hay una sociedad democrática real que les pare los pies... Ni la va a haber, a juzgar también por lo que se sabe: “6 de cada 10 jóvenes de 15 a 24 años vive de espaldas a la política”,-según un estudio reciente de la FAD e INJUVE-. El compromiso político o social no forma parte de sus sueños (espejo de la sociedad adulta para qué nos vamos a engañar).

A esto le añadimos lo que escribía Primo Levi que vivió Auschwitz en sus carnes para completar el marco “cuanto más dura es la opresión, más difundida está entre los oprimidos la buena disposición para colaborar con el poder” y tenemos las pinceladas del cuadro. Que el respeto de los derechos humanos o el uso racional de los recursos naturales dependa la R.S.C. es para echarse a temblar. Esperar que la gran empresa venga en nuestro rescate es regalar una caja de fósforos a un pirómano y no darse cuenta de que huele a chamusquina.

Empiezo a comprender que el capitalismo de la globalización gana la batalla no por las bondades del sistema que propugna sino porque se pueden decir cosas como esta sin que pase nada. El mismo discurso subyace a otro titular del periódico “El País” de aquel mismo día 24 de abril: “El acceso al agua divide al mundo: los países debaten en el Foro Mundial de México si se trata de un derecho o una mercancía.”. La misma lógica mercantilista llevada a otro ámbito de la vida.

Hay que reconocer, y a la vez celebrar, que la economía y sus principales agentes, las empresas, dirijan y dominen el mundo de hoy y que el combate contra los flagelos de la pobreza, el hambre y la injusticia esté en gran manera en sus manos” -seguía diciendo el autor del artículo arriba referido-. Que de los 25 mayores presupuestos del mundo, los 6 primeros correspondan a las grandes potencias, pero, a partir del sexto, a empresas transnacionales para mí es motivo de miedo y temor, no de orgullo. El poder y la influencia que la empresa económica ejerce hoy en el mundo da que pensar.

Cuando en España el Santander, Telefónica, Inditex, etc. (la mayoría de las empresas del Ibex 35 tienen un área propia de R.S.C.) se ponen a arreglar el mundo y hacer filantropía yo les pediría otra cosa, a saber: que paguen más impuestos para que sea el estado quien desarrolle dicha tarea, que sus relaciones laborales sean justas, que no esquilmen los recursos que son de todos, que socialicen la tecnología, que eviten la subcontratación permanente para evadir responsabilidades y así más puntos suspensivos. A partir de ahí, fantástico.

Si quieren hacer filantropía interesada, estupendo, pero que no lo llamen “gestión de la solidaridad” porque les viene grande la palabra. Más que “empresas con alma” estamos abocados a “empresas con almax” (almax: protector gástrico). La fregona cumple estos días 50 años. Fenomenal invento porque la verdad es que queda mucha falta de ética por limpiar. Aunque huela a flores, la suciedad siempre sigue siendo basura.

La Hora de Mañana, 03/05/06