Guillermo Velasco Barrera: ¿Por qué la sociedad se desilusiona de sus políticos?

Guillermo Velasco Barrera: ¿Por qué la sociedad se desilusiona de sus políticos?

Hace algunos días revisé un libro editado en Australia por The University of New South Wales, con el título: The prince’s new clothes : why do Australian’s dislike their politicians? El libro ha sido un referente importante para la Asociación Mundial para el Estudio de la Opinión Pública, que encabeza el español Estaban López-Escobar Fernández, y que desarrolla en este momento estudios en diversos países del mundo, para medir con rigor científico la opinión que los ciudadanos tienen de sus políticos y las razones de dichas opiniones.

En esta compilación, David Burchell y Andrew Leigh, ambos académicos de esta Universidad, sostienen, tras la revisión de una serie de encuestas llevadas a cabo fundamentalmente en Australia, pero también en otros países como por ejemplo Estados Unidos, que existe una real desilusión de la sociedad hacia sus políticos.

Este descubrimiento podría parecer una obviedad, pero ellos van más lejos en el análisis y se preguntan el porqué de esa desilusión. Destaco algunas de sus conclusiones al respecto.

En primer lugar, los gobiernos en funciones, generan a través de sus políticas y acciones una opinión generalizada de la política en todos sus niveles. Un gobierno que inicia, suele levantar expectativas en la población y tras su proceder, estas expectativas pueden verse o no cumplidas. La acción de un gobierno impacta en la política toda, porque hay reconocimiento positivo a su labor, pero suele haber muchas desilusiones.

Otra razón mencionada en el análisis, por la cual la sociedad se desilusiona de la política, es el desencanto generalizado que hay respecto a los partidos políticos. El sentir muy general, es que no existe representatividad ni en los programas de los partidos, ni en los Parlamentos y Congresos.

Señalan que una causa medular de la desilusión, son los propios políticos, que se han autonombrado “clase política” definiéndose como una especie peculiar de entrada distinta al resto de los ciudadanos. En el libro narran el testimonio de políticos australianos que se han desmarcado de su propio sector. Esto no es nuevo, en muchos países del mundo los políticos utilizan en sus campañas frases que denigran a los propios políticos.

Burchell y Leigh, refieren entre otras causas de la pérdida de confianza hacia los políticos, la falta de liderazgos reales y por el contrario, el surgimiento de personajes, que gracias a la acción de los medios se vuelven “populares”. Las crisis económicas son un factor real de desilusión y finalmente, un punto que me parece muy importante destacar, es la falta de confianza de la sociedad hacia sí misma, lo que deriva en la pérdida de confianza hacia los gobernantes.

Estas valoraciones son sin duda una reflexión interesante, cuando nos situamos en la realidad mexicana. Estamos a 40 días de que se lleve a cabo la elección presidencial. La sociedad a estas alturas, llegará a un nivel alto de hartazgo hacia la contienda y todo lo que la acompaña.

Entraremos a la etapa más crítica de las descalificaciones. Esto no es nuevo, ni exclusivo de nuestro país. La guerra política, acaba siendo más una guerra entre empresas de consultoría y agencias de publicidad, que una confrontación entre candidatos. Lo cierto es que el efecto del “estiércol junto al ventilador”, tendrá a la larga un efecto contraproducente para quien lanza los ataques.

El tema de fondo es ¿cómo dignificar a la política? Parece algo imposible y algo un tanto romántico a la luz de un proceso electoral que avanza y en el que los partidos políticos se lo juegan todo.

Debemos ver más allá del 2 de Julio. Las tendencias y los análisis de muchos especialistas coinciden en la consolidación y ventaja sólida de la campaña de Felipe Calderón y aún cuando es aún temprano para una valoración categórica, lo más probable es que la distancia respecto a López Obrador aumente en las siguientes semanas.

El nuevo Presidente de la República tendrá un reto fundamental; lograr generar confianza hacia la actividad política, en la que hoy predomina el espectáculo mediático. Creo que el paso número uno será el pacto de fondo con la sociedad. Sin éste, quedará trunco el proceso de transición democrática, independientemente del partido que llegue al gobierno.

La Crónica de Hoy, 23/05/06