Isaac Misael Rodríguez: El neoliberalismo: La cuchara grande

Isaac Misael Rodríguez: El neoliberalismo: La cuchara grande

El neoliberalismo, en su deshumana y salvaje política de extremar el poder económico, ha llevado a los pueblos del mundo, en especial a los países pobres y en vías de desarrollo, a una depredación entre humanos, propios de la etapa del canibalismo y la barbarie.

Los poderosos se valen de los medios de comunicación e información masiva, para hacer ver que no pasa nada, contrariando los informes de las organizaciones humanitarias, eclesiásticas y de las Naciones Unidas, que indican que cada día el nivel de pobreza aumenta, con el peligro de que se produzcan luchas naturales de los seres por su existencia.

Ya no se trata de una lucha ideológica, sino que el aliento mismo de las tripas de los seres humanos clama por un mendrugo de pan y un poco de afecto por la difícil situación en que viven. Las cárceles de las grandes urbes (Caracas, Bogotá, Sao Paulo, Buenos Aires, etc.), no tienen más espacio para albergar a los cientos y cientos de ciudadanos que por uno u otro delito, son detenidos bajo la responsabilidad de una justicia que hora a hora se caracteriza por ser privilegiada, carente de humanismo y alejada de los más elementales derechos humanos.

El hacinamiento carcelario es inaudito y solo comparable a las mazmorras en donde alojaban a los que luchaban por la libertad en tiempos de la Revolución Francesa.

Lo anterior se suma a la gran ola de violencia y el crimen organizado, que hermanados con el narcotráfico, han secuestrado a los Estados al servicio de una mafia privilegiada que extiende cada vez más sus raíces hasta tocar a lo más noble de la familia misma: los hijos. De ello, son responsables más del noventa por ciento (90%) de los gobernantes que han pasado por el poder, quienes con su concepto de poco me importa, han permitido que el leseferismo incube con todas las comodidades.

Al parecer, para los liberales extremos que pensaban que el mercado solucionaba los problemas de la pobreza, han recibido una bofetada en su propia cuna y tratan ahora de tirar migajas disimuladas con la mano escondida, para ver si pueden con eso calmar una necesidad que se ha multiplicado proporcionalmente al número de ciudadanos que nacen sin una esperanza y sin un control requerido, producto del abandono de las cacareadas políticas sociales. El populismo vuelve, como han vuelto las guerras en las distintas épocas, cuando los pueblos se cansan de tanta miseria humana y ausencia de una verdadera democracia y una esperanza de futuro, en la búsqueda de algo que solucione tanto mal.

El nuevo liberalismo (neoliberalismo), no solo es canalla por las consecuencias que desarrolla, sino por el tipo de individuos que procrea. Elementos estériles de sentimiento humano, eunucos de solidaridad, prestos a servirse con cuchara grande frente a los miles de famélicos hambrientos que discurren en los arrabales de miserias y quienes entre sus códigos no existe patria, ley o derechos, porque su hambre será la brújula que conduce a sus actos.

Se trata de un mundo preñado por la penetración cultural, el servilismo y genuflexión de los mismos de siempre, que se arrastran a servir a intereses de los grandes gamonales foráneos y quienes roban los sueños de esperanzas de los niños desnutridos de nuestra patria aturdida.

Al igual que la copa de champagne, lo ancho para arriba, y el resto que se defienda como pueda, en un mundo que ni el diablo mismo se atreve a aparecer, ya que con tantas necesidades apremiantes o lo hubieran empeñado o vendido, si acaso es de buena calidad y pasa la prueba del ácido.

Prensa.com, 26/05/06