Xosé Luis Barreiro Rivas: Democracia y orden público

Xosé Luis Barreiro Rivas: Democracia y orden público

LA IDEA fundacional de la democracia es la libertad. Y todo cuanto tiene que ver con la democracia, desde su arquitectura constitucional hasta la participación política, está orientado a garantizar y gestionar esa libertad. Cuando una sociedad se ve afectada por fuertes crisis, resurge la tendencia a modificar la escala de valores, como si la vida y el bienestar precediesen a la libertad en el orden lógico de la democracia. Pero pronto se acaba comprobando que esa transposición es un sofisma moral y estratégico, y que la sola falta de libertad es suficiente para colapsar la democracia y dejar al pairo los derechos al bienestar y a la vida.

En el mundo de hoy necesitamos restaurar el concepto radical de democracia, para evitar que nuestras libertades sigan cediendo terreno ante la seguridad. Porque, si bien es cierto que la libertad lleva implícita la seguridad, también es frecuente que la apuesta prioritaria por la seguridad vaya asociada a la quiebra de las libertades. Y esa es la razón por la que las políticas de orden público constituyen un elemento vertebral de las democracias, ya que tan problemática puede resultar una sociedad indefensa ante el terrorismo o el crimen, como aquella otra que confunde la seguridad con un control abusivo del orden social.

Cuando Rajoy ocupaba la cartera de Interior, escribí un duro artículo contra su concepto del orden público, que, obsesionado por la lucha contra ETA y por las rentas políticas que ésta producía, prestaba escasa atención al crimen organizado. El problema que ahora nos estalla en las manos se fraguó con mucha lentitud y a la vista de todos, porque nadie quiso reconocer que el terrorismo político y el crimen organizado atentan contra la democracia por el mismo flanco y con idénticos resultados.

En el seno de las sociedades avanzadas, las mafias y las bandas criminales se reproducen con más facilidad que el terrorismo. Y por eso hemos llegado a una situación en la que, antes incluso de la tregua de ETA, el crimen organizado mataba treinta veces más que la banda terrorista, corrompía sin rubor las estructuras de la vida económica, y generaba una situación de indefensión que empieza a pesar como una losa sobre los ciudadanos. Casi sin darnos cuenta hemos entrado en un camino de difícil retorno, en el que nos estamos librando de los «gudaris de mierda», que decía Corcuera, para quedar a merced de mafias que crecen como los hongos. Por eso conviene recordar que, como se puede comprobar en América del Sur y en muchos otros países, el Estado del bienestar está más indefenso ante el crimen organizado que ante la violencia terrorista. Aunque no lo parezca, ni esté bien visto el decirlo.

La Voz de Galicia, 27/05/06