Endika Zulueta: La sociedad de la vigilancia a gran escala. Las nuevas tecnologías aplicadas al control social

Endika Zulueta: La sociedad de la vigilancia a gran escala. Las nuevas tecnologías aplicadas al control social

La gente se encuentra ahora bajo vigilancia en un grado sin precedentes. Antes se vigilaba determinados aspectos de determinadas personas; ahora se vigila todo tipo de aspectos de todo tipo de personas, y ello aumenta a medida que instituciones altamente especializadas utilizan medios cada vez más sofisticados para recopilar rutinariamente datos personales, convirtiéndonos a todos en objeto de supervisión y sospecha.

Estamos vigilados en cuanto utilizamos una tarjeta bancaria, tenemos un coche, recibimos publicidad o enseñamos el carné de identidad, y ahora, en cuanto salimos a la calle y nos graban sus cámaras. En todos estos casos los ordenadores registran nuestros hábitos, nuestros datos se cotejan con otros, vamos dejando un rastro de nuestra personalidad con los que se puede ir elaborando un perfil personal, y se van elaborando perfiles de grupos (tanto de consumidores como políticos). A finales de los ‘70, con el nacimiento del microchip y el desarrollo de las nuevas tecnologías, comenzó la vigilancia a gran escala.

Pese a afectar a la sociedad en su conjunto, lo cierto es que no existen movimientos sociales que cuestionen la extensión de la vigilancia (aunque últimamente sí se vislumbra cierta oposición al control a través de la Red). Puede deberse, por una parte, a que el avance de la vigilancia informática se puede percibir como un avance social y, por otra, a que existe gran dificultad en concretar el problema, máxime cuando se tiende a ver como algo ajeno: “no me importa que me vigilen, yo no tengo nada que ocultar”, sin darnos cuenta de que lo que se está vulnerando no es sólo nuestra intimidad sino que estamos viendo amenazada por la vigilancia electrónica nuestra propia personalidad, entendida ésta como dignidad, libertad y responsabilidad humana. Las personas son cada vez más vigiladas y sus actividades documentadas y clasificadas, no sólo como actividad a posteriori (detener delincuentes), ni siquiera estrictamente a priori (prevenir la delincuencia), sino como medio de fortalecimiento del poder. La información es poder en cuanto que contribuye a crear poblaciones que cada vez en mayor medida se conforman con las normas sociales. El conocimiento de lo que ocurre está siempre ligado al poder y así, el control de la información se ha convertido en una cuestión política clave.

Las cámaras de vigilancia están destinadas a obtener información: hacen más extendidos, y simultáneamente menos visibles, muchos procesos que ya estaban en marcha. Si los ordenadores contribuyen a inaugurar una nueva dimensión de la vigilancia e Internet la multiplica, las cámaras la sacan a la calle. Las organizaciones que utilizan la tecnología de la información para vigilancia obtienen con relativa facilidad una imagen detallada de la vida cotidiana de individuos y de grupos. Datos relativos a la situación financiera, estado de salud, transacciones telefónicas, ayudas sociales, residencia, estado civil, procedencia étnica… son fácilmente accesibles y no obtenibles sin las modernas tecnologías. Las cámaras de vigilancia instaladas en grandes y medianos núcleos urbanos ponen imagen a la información. La situación parece ser más grave que la prevista por Orwell en su 1984. Orwell ideó un centro controlador, y ahora el control está descentralizado. Tampoco imaginó que su principal ejecutor no fuera el Estado. Hoy los vigilados son los consumidores (por entidades privadas) tanto como los ciudadanos (por el Estado).

Orwell pensó que el controlado iba a ser consciente en todo momento de la presencia de su controlador. Actualmente la mayor parte de la vigilancia se lleva a cabo de forma oculta (existen cámaras de videovigilancia a la vista de cualquiera y otras estudiadamente ocultas), lo que pudiera parecer una contradicción, pero es la estrategia del panóptico: el control se mantiene por la sensación constante de ser observado por ojos que no se ven, así no hay ningún lugar donde ocultarse. Al no saber si se es o no observado, la obediencia a las normas puede parecer la única opción racional. Es la incertidumbre como medio de dominación. Finalmente Orwell diseñó un control estatal con un sistema totalitario; no pudo prever que las nuevas tecnologías permitieran una vigilancia tendente al totalitarismo en perfecta coexistencia con procesos formalmente democráticos.

Rebelión, 22/07/06