Evgeny Shlevkov: Comercialización de la investigación

Evgeny Shlevkov: Comercialización de la investigación

En el capitalismo contemporáneo el mercado se expande hacia campos que antes eran competencia de la política, y se apodera de instituciones públicas. Los programas de investigación y desarrollo de las principales economías mundiales se someten cada vez más una planificación elaborada con mentalidad mercantil. Queda ya en el recuerdo aquella vieja visión de la ciencia como un producto del progreso al servicio de la humanidad. El liberalismo la está convirtiendo en un servicio al movimiento de activos bursátiles. Abajo expongo algunos datos basados en un reciente artículo publicado en la revista científica EMBO Reports, editada por la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO, sus siglas en inglés), que dan una idea de la política científica de la UE. Asimismo, añado un reflexión que, aun siendo inexperta, puede servir para abrir un debate sobre el problema.

La investigación y el progreso tecnológico están directamente vinculados al crecimiento económico. EEUU es el país líder mundial en el número de publicaciones, promoviendo un modelo de competitividad científico-técnica basado en el desarrollo de patentes. La política del Gobierno estadounidense se caracteriza por una fuerte inversión pública en la investigación básica acompañada de la transferencia de conocimiento y tecnología entre las instituciones públicas y las empresas. Por ejemplo, en la “Iniciativa por la Competitividad Americana”, presentada en febrero de 2006 por la Administración Bush, se prevé un gasto de 50 mil millones de dólares en proyectos de investigación y desarrollo [1]. Por otro lado, EEUU ha fomentado la creación de empresas en las universidades y centros de investigación desde 1982, mediante el programa Small Business Innovation Research (SBIR), seguido una década después por el Small Business Technology Transfer (STTR). La estrategia, simplificando un poco, consiste en estimular, mediante fondos públicos, la generación de patentes que sean empleadas por las empresas en los proyectos de innovación tecnológica. El crecimiento de las empresas a su vez fomenta el crecimiento económico estatal, lo cual permite una mayor inversión pública en la investigación básica, retroalimentando el sistema. El fin último, por tanto, de las grandes sumas de dólares que invierte EEUU anualmente en investigación es la creación de nuevas empresas y el fortalecimiento de las corporaciones multinacionales estadounidenses como International Business Machines Corporation (IBM), Intel Corporation, Hewlett-Packard Development Company, L.P, en el mercado internacional bursátil, que fueron las tres empresas que mayor número de patentes recibieron al término de 2004 en EEUU [2].

En la Unión Europea actualmente no existe una estrategia común entre los países miembros en materia científica. Sin embargo, para competir con EEUU, numerosos expertos proponen diversos esquemas, entre las que Philip Hunter, analista científico de la EMBO, cita las siguientes. Una posición frecuente es considerar que la ciencia básica, fundamental para la innovación (esto es, para la generación de beneficios), debe ser desarrollada por EEUU, mientras que los países más pequeños exploten los resultados. Sin embargo, según Jörg Erselius, Director Ejecutivo de Garching Innovation (Munich, Alemania), este tipo de estrategias solo pueden proporcionar beneficios a corto plazo. “El ejemplo de Japón – cita Philip Hunter [2] – muestra que la competitividad económica sostenible puede ser lograda únicamente mediante mayor inversión en investigación que la mayoría – actualmente 3,1% del PIB –, con un fuerte énfasis en investigación básica”. Según Andy Cosh, Director Adjunto del Centre for Business Research de la Universidad de Cambridge, Gran Bretaña, para los países receptores de descubrimientos, la dependencia de otros estados puede atarlos al chantaje. De hecho, ya existen indicios de que EEUU hace uso de su posición dominante. En términos de derechos de propiedad intelectual, las universidades de EEUU han sobrevalorado los precios de sus patentes, lo cual puede haberlos llevado a salir fuera del mercado; las potencias científicas emergentes, notablemente China e India, proveen actualmente de fuentes alternativas de propiedad intelectual para las compañías europeas, “contentas de explotar sus bajos costes laborales” [2].

No obstante, otros “expertos” sí aconsejan, para mantener en Europa un nivel de competitividad adecuado, emplear los fondos de patentes extranjeros, pero de manera balanceada, ya que proporcionan un arma en la reducción de costes. Esta es la postura de David Connell, Director de TTP Capital Partners (Cambridge, Gran Bretaña). Según Connell, los estados deben decidir en qué área de investigación pueden permanecer competitivos, ya que sólo los más grandes, como EEUU o China, pueden cubrir un espectro amplio. De esta manera, los estados deberían dirigir sus presupuestos desproporcionadamente hacia áreas competitivas, como ha ocurrido en cierta medida con Gran Bretaña en el sector farmacéutico y los países nórdicos en el de las energías renovables. Sin embargo, la focalización presupuestaria podría conducir a la pérdida de oportunidades de obtener dividendos de otras ramas de investigación. En este contexto debemos entender el recientemente creado Consejo Europeo de Investigación (European Research Council), organismo que se propone para financiar aquellas áreas que los estados miembros encuentren demasiado caras, siempre que estas tengan potencial de generar innovaciones.

Las decisiones sobre estrategias a largo plazo poseen el peligro de resultar equivocadas, en términos de rendimiento. Por ello la UE trata, a través de sus Programas Marco, de estimular inversiones planificadas mediante la creación de plataformas tecnológicas, una forma de mantener la competitividad industrial de la Unión. A diferencia de EEUU, la UE no ha definido aun campos científicos específicos considerados vitales para la competitividad. “Sin embargo, - lamenta Janez Potocnik, Comisionario Europeo para Ciencia e Investigación - , la UE no puede hacer todavía este tipo de decisiones sobre sus miembros, al disponer únicamente del 5% de participación en los presupuestos estatales.” [2].

Tanto la UE como algunos países miembros ya están adoptando ciertos aspectos de la política de trasferencia tecnológica estadounidense, particularmente para estimular la creación de compañías vinculadas a las universidades y centros de investigación. Según Potocnik, la Unión Europea, en el Séptimo Programa Marco, aborda explícitamente estos asuntos, a través de la facilitación de fondos e inversiones que apoyen las pequeñas y medianas empresas con actividades en innovación. En este contexto, es importante prestar atención a las transformaciones que van a ocurrir en la Oficina de Transferencia de Tecnología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que “se va a convertir en una empresa”, en palabras de Carlos Martínez, el Presidente del Consejo [4].

Todos los expertos coinciden en la importancia de una fuerte investigación básica, financiada con fondos públicos, dado su probado papel en la estimulación de la innovación. Sin embargo, los proyectos importantes cada vez son más caros y difíciles de llevar a cabo incluso por las mayores universidades, lo cual obliga a los gobiernos y a las instituciones a atraer inversiones privadas para mantenerlos. “La comercialización se ha convertido en fundamental para la investigación”, comenta Nelson Phillips, del Tanaka Business School (Imperial College London, Gran Bretaña). “La cuestión para las universidades y para los investigadores individuales es ¿cómo puedo conectar mi investigación con algo que las compañías puedan usar?” En esencia, los científicos deben ser más mercantiles, y desear trabajar con las compañías.

Las consecuencias que tienen las estrategias liberalizadoras para aquellos que las sufren suelen ser nefastas. Increíblemente, la política neoliberal ha conseguido, en estos años, no solo afianzar las posibilidades de desarrollo de los países explotados en el imposible, sino que a la par imposibilitar, cualquier ayuda real que algún Estado opulento pudiera proporcionarles. Según la organización Médicos sin Fronteras (MSF), el 90% de los fármacos producidos en los países desarrollados cubres un 10% de las enfermedades mundiales [5]. La rentabilidad de los productos farmacéuticos se convierte en la prioridad. Y la investigación básica se ve restringida por estas imposiciones, siendo los estados los encargados de distribuir los fondos de manera acorde con las “demandas de la sociedad del siglo XXI”. Los anuncios de los increíbles avances en los campos del cáncer o el de las células madre esconden detrás millonarios intereses de Bayer, Glaxo-Smith Klein y otras muchas empresas. De hecho, en el mercado bursátil estadounidense, unas de las carteras emergentes más interesantes son las de las farmacéuticas y la biotecnología [6]. Pero pongamos un ejemplo cercano. Las especies de Leishmania son protozoos parásitos, agentes etiológicos de las Leishmaniosis, un grupo de enfermedades que afectan a la población de 88 países. Se estima que se producen 2 millones de casos nuevos cada año, existiendo unos 400 millones de personas en riesgo de contraer la enfermedad. La leishmaniosis visceral causada por Leishmania infantum es una enfermedad severa, fatal si no es tratada, común en la región Mediterránea y en Latinoamérica. En un instituto de investigación básica del CSIC, trabaja desde hace años un grupo de especialistas en el parásito. Según me comentaba uno de los investigadores, los fondos que reciben del Ministerio de Educación y Ciencia se destinan a un proyecto de estudio de la enfermedad en los perros, que son el principal reservorio. Asimismo, reciben financiación de una compañía que está interesada en las vacunas para perros, ya que este es el principal mercado europeo. La vacuna para humanos la desarrollan algunos pocos grupos en Irán y Turquía, siempre en colaboración con grupos estadounidenses o europeos. Pero estos son escasos, en Europa, aparte del español, solo funciona otro en Suiza. Las cifras no se pueden maquillar.

Resulta evidente que la estrategia que adopte el Estado Español en el futuro va a afectar a numerosos proyectos de investigación. De seguir con la línea europeísta, el Gobierno de Zapatero condenará paulatinamente a la extinción ramas enteras de la ciencia, y con ello, al declive de la comunidad científica, aun habiendo incrementado el presupuesto en I+D+i en un 25% (coincidiendo con un incremento del 21% en I+D militar) y promovido el Programa Ingenio 2010, cuyo principal objetivo es que el 2% del PIB se dedique a la investigación [4]. El problema reside principalmente en la distribución de los fondos. La necesidad de fomentar el desarrollo de campos “estratégicos” ejerce una presión selectiva, que, en términos evolutivos, eliminará inevitablemente a aquellos que no se encuentren adaptados, o que es lo mismo, no representen un interés económico. Esta realidad preocupa a una parte de la comunidad científica, que discute los detalles en los pasillos, en los escasos momentos de respiro que les deja una carrera llena de obstáculos. Es necesario sin embargo mostrar nuestra inquietud fuera de los laboratorios y de los despachos, y exigir una política científica que se ajuste a las demandas reales de la sociedad.

Notas

[1]. Domestic Policy Council (2006), American Competitiveness Initiative, que se puede consultar en la web www.whitehouse.gov/stateoftheunion/2006/aci
[2]. Los datos se pueden consultar en la página oficial de la Oficina de Estados Unidos de Patentes y Marcas Registradas (USPTO) http://www.uspto.gov/main/homepagenews/bak11jan2005.htm
[3]. Hunter P. (2006) Science cannot be left to the market alone. EMBO reports Vol. 7 Nº6, 575-8
[4]. ABC 9 de junio de 2006. Sociedad, pag 58. También se puede consultar en http://www.csic.es/prensa/csic_medios.html
[5]. www.msf.es
[6]. www.zacs.com

Rebelión, 08/09/06