George Lakoff, Marc Ettlinger y Sam Ferguson: Bush no es un incompetente

George Lakoff, Marc Ettlinger y Sam Ferguson: Bush no es un incompetente

Cómo debatir con la derecha, pasando a la ofensiva. Entrevista
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Los progresistas han caído en una trampa. Envalentonados por la caída en picado de los índices de aprobación al Presidente Bush, los progresistas han ido señalando cada vez más los fracasos de Bush, etiquetándole a él y a su administración de incompetentes. Por ejemplo, Nancy Pelosi comenta “La situación en Irak y la imprudente política económica para mi indican una misma cosa, la incompetencia de nuestro líder”. Por muy autocomplaciente que pueda ser esta crítica, yerra el tiro. Los desastres provocados por Bush – el Katrina, la Guerra de Irak, el déficit fiscal – no es que sean una prueba de su incompetencia o su incapacidad de gestión. Son más bien efectos naturales, casi inevitables, de su filosofía de gobierno conservadora. Es el conservadurismo en si mismo, llevado a cabo consecuentemente, el auténtico culpable. Bush no seguirá más ahí, pero otros conservadores lo harán. Su filosofía de gobierno es también la de ellos. Deberíamos exigir la responsabilidad allí dónde corresponde, a todos los presidentes y candidatos conservadores que nos llevarán hacia el mismo precipicio.

Para las bases de Bush, su torpe provincianismo es parte de su encanto: alimenta el populismo conservador. Bush exagera esta imagen afirmando orgulloso que no le interesa ni la lectura ni la actualidad, su afición a las siestas y las vacaciones y sus bromas de autodesprecio. Esta imagen hace que la oposición subestime sus capacidades –tachándole de completo idiota–, y desvía la crítica hacia sus aliados conservadores. Si el problema es la incompetencia, todo es cuestión de Bush. Pero, si es el conservadurismo el problema, entonces se trata de un conjunto de ideas, de un movimiento y sus muchos adeptos.

La idea de que Bush sea un incompetente resulta curiosa. Fíjense en la siguiente lista (incompleta) de las principales iniciativas que la administración Bush, junto con un leal Congreso conservador, ha llevado a cabo:

  • Concentrar el poder en el ejecutivo hasta un nivel sin precedentes.
  • Empezar dos grandes guerras, una de ellas con una más que cuestionable inteligencia y en desacuerdo con el estamento militar.
  • Situar en el Tribunal Supremo dos jueces de extrema derecha, y abarrotar los tribunales federales de nivel inferior con muchos más.
  • Recortar los impuestos en tiempo de guerra, un hecho sin precedentes.
  • Aprobar varios proyectos de ley muy controvertidos como la PATRIOT Act (Ley PATRIOT), la No Child Left Behind Act (Ley Ningún Niño Queda Atrás), el proyecto de ley Medicare Drug, el proyecto de ley Bankruptcy y varios drásticos recortes de impuestos.
  • Reducir y negarse a cumplir una multitud de regulación sobre protección básica.
  • Nombrar funcionarios del sector industrial para supervisar los organismos reguladores.
  • Establecer un importante rol para la religión mediante iniciativas confesionales.
  • Aprobar una legislación orwelliana para agredir el medio ambiente – las iniciativas "The Healthy Forests Act" (Ley Para Bosques Saludables) y "Clear Skies Initiative" (Iniciativa Para Un Cielo Claro) – para deforestar los espacios públicos y para llenar con más polución nuestro cielo.
  • Ganar la reelección y consolidar el férreo control de su partido sobre el Congreso.

No hay señal alguna de incompetencia. Como debería quedar tristemente claro, la administración Bush ha resultado abrumadoramente competente en hacer avanzar su ideal conservador. Ha sido totalmente efectiva en alcanzar sus objetivos al perseverar en una filosofía conservadora.

No es Bush quien ha resultado tan dañino, sino que es la agenda conservadora.

La Agenda Conservadora

La filosofía conservadora tiene tres principios fundamentales: iniciativa individual, es decir el rol que juega el gobierno en las vidas de las personas, más allá de lo militar y policial, debería ser minimizado; el Presidente ostenta la autoridad moral; y el libre mercado es suficiente para fomentar la libertad y mejores oportunidades.

La visión conservadora sobre el gobierno consiste en reducirlo – hacer “que la bestia pase hambre” en palabras del conservador Grover Norquist. La habitual coletilla conservadora para justificarlo es que “usted puede gastar mejor que el gobierno su dinero”. Los programas sociales se consideran innecesarios o “discrecionales” ya que el principal papel del gobierno es defender las fronteras del país y poner policía en su interior. La administración de lo mundano, como la gestión de la atención sanitaria o la política energética, se deja a la iniciativa privada a través del libre mercado. Allí dónde no se pueda hacer beneficios – la conservación del medio ambiente, atención sanitaria para los pobres – se supone que la caridad sustituye a la justicia y el gobierno no debería mezclarse en ello.

Con esa filosofía, ¿puede resultar sorprendente que el gobierno no estuviese allí para los residentes de Louisiana y Mississippi tras el paso del huracán Katrina? La filosofía conservadora pone el énfasis solamente en la acción individual, independientemente de aquello que el gobierno pueda aportar. Algunos invitados conservadores en una tertulia de domingo por la mañana sugirieron que aquellos que eligieron vivir en Nueva Orleáns aceptaron el riesgo de un huracán devastador, lo que conlleva que perdieron todo derecho a la asistencia por parte del gobierno. Si la gente de Nueva Orleáns sufría, era debido a sus propios actos, sus propias elecciones y su propia falta de previsión. Bush no podía haber fallado si no tenía ninguna responsabilidad.

La respuesta ante el Huracán Katrina – mejor dicho, la falta de respuesta – fue lo que uno debería esperar de una filosofía que propugna que el gobierno no puede jugar ningún papel positivo en la vida de sus ciudadanos. Esta respuesta no fue cosa de la incompetencia de Bush, fue una respuesta conservadora y supresora del gobierno ante un desastre natural.

Otro fallo de esta administración durante el fracaso del Katrina fue su desprecio sistemático de los numerosos y serios avisos de huracanes. Pero este fallo fue un producto natural de la insistencia conservadora en negar la realidad del calentamiento global, no una cuestión de ineptitud. Los conservadores continúan negando la realidad del calentamiento global, porque es contraria a su sistema de valores. Reconocer el calentamiento global demandaría una regulación medioambiental y un esfuerzo del gobierno para reducir las emisiones de gases invernadero. La regulación se percibe como una interferencia en el libre mercado, el ídolo sacrosanto de los conservadores. Así que se hizo caso omiso a las predicciones sobre inminentes huracanes – basadas en reconocer la existencia del calentamiento global. Las convicciones conservadoras sobre el libre mercado triunfaron sobre los avisos de huracanes.

Nuestro déficit fiscal no es el producto de una gestión fiscal incompetente. Ello es también un producto de la filosofía conservadora. ¿Qué mejor forma que el déficit masivo para dejar sin fondos a los programas de asistencia social?

En la Guerra de Irak vemos también el impacto de una filosofía concreta y no tanto un fracaso en su ejecución.

La idea de la guerra en si misma nació de las profundas convicciones conservadoras sobre la naturaleza y capacidad de las fuerzas militares de EEUU. En la declaración de principios del Project for a New American Century (Proyecto para un Nuevo Siglo Americano), firmado en 1997 por los auténticos arquitectos de la Guerra de Irak – Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Zalmay Khalilzad, I. Lewis Lobby, entre otros – contiene cuatro puntos clave:

  • Debemos incrementar significativamente el gasto en defensa si queremos hacer frente a nuestras responsabilidades globales hoy y modernizar nuestras fuerzas armadas para el futuro.
  • Debemos fortalecer nuestros lazos con los aliados democráticos y enfrentar aquellos regímenes hostiles a nuestros intereses y valores.
  • Debemos promover en el exterior la causa por la libertad política y económica.
  • Debemos aceptar la responsabilidad del papel exclusivo jugado por América en preservar y extender un orden internacional favorable a nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios.

Implícito en estas ideas está la concepción de que los militares estadounidenses pueden extender la democracia con el cañón de un arma. El poderío y la fuerza de nuestros militares puede ser un arma para el bien.

También indica que el auténtico motivo detrás de la Guerra de Irak no fue detener los intentos de Irak de conseguir armas de destrucción masiva, sino que era una forma de poner a prueba la teoría neoconservadora de que el ejército de EEUU podía reconfigurar la geopolítica de Oriente Medio. La manipulación y desprecio de los servicios de inteligencia para vender la guerra no fue incompetencia, fue el resultado de la agenda conservadora.

Lamentablemente, esta teoría exalta una visión narcisista sobre las lecciones que ha dado la historia. Ignora el hecho de que existe un límite a la capacidad de un ejército extranjero para modelar la política exterior provechosamente. Nuestra implicación militar en Vietnam, el Líbano, las Filipinas, Cuba (anteriormente a Castro) y Panamá, o el mismo empeño europeo imperialista a lo largo de todo el globo deberían habernos enseñado esa lección. La democracia necesita ser un movimiento orgánico nacido localmente, como ocurrió en este país. Si creemos tan profundamente en nuestros ideales, hablarán por si mismos e inspirarán a otros.

Durante el debate sobre Irak, la creencia conservadora en la incuestionable autoridad moral y liderazgo del presidente dio forma al apoyo público. Vemos esa deferencia hacia el Presidente constantemente: cuando los conservadores llaman “antipatriotas” a quienes ponen en entredicho las decisiones militares del Presidente; cuando los conservadores defienden el uso por parte del ejecutivo del espionaje doméstico en la guerra contra el terror; cuando Bush se refiere a si mismo sencillamente como “quien toma las decisiones”. “Yo apoyo a nuestro Presidente” era una justificación habitual para aprobar la política con Irak.

Además, como ejecutor de la visión neoconservadora e incuestionable autoridad moral, nuestro Presidente sintió que no tenía que cargar con lo de forjar un consenso internacional ni escuchar las críticas de nuestros aliados. “O estás con nosotros, o estás contra nosotros”, proclamó tras el 11S.

Sigue criticándose mucho esta administración por su ineptitud en los trabajos de reconstrucción. Por desgracia, también aquí ocurre que los actos de la administración han sido modelados menos por su ineptitud que por el hecho de sostener convicciones profundamente conservadoras sobre el papel del gobierno.

Como se ha dicho anteriormente, los conservadores creen que el papel del gobierno se limita a la seguridad y a mantener un mercado libre. Dada esta convicción, no es accidental que las medidas de la administración se hayan centrado casi exclusivamente en entrenar una policía iraquí, y en el acceso norteamericano al nuevo libre mercado iraquí – la mano invisible del mercado se encargará del resto. De hecho, George Packer ha informado recientemente de que el esfuerzo de reconstrucción en Irak está casi terminado (“The Lessons of Tal Affar,” The New Yorker, April 10th, 2006 – “Las lecciones de Tal Affar”, The New Yorker, 10 abril del 2006). Los iraquíes deben encontrar la forma de reconstruir ellos mismos, y el mercado libre que les hemos construido se supone que precisamente hará esto. No se trata de ineptitud. Ello es el resultado de profundas convicciones sobre la naturaleza de la libertad y sobre la responsabilidad de los gobiernos hacia su gente.

Por último, muchos de los errores de cálculo son el resultado de un enfoque analítico conservador estrecho de miras respecto a causas y efectos, mas que mera incompetencia. Podemos ver pruebas de este enfoque en las políticas conservadoras domésticas: la política sobre criminalidad se basa en castigar a los delincuentes, prescindiendo de esfuerzo alguno para poner remedio a los importantes problemas sociales causantes de ello; la política de inmigración se centra en cuestiones fronterizas y en los inmigrantes, e ignora los efectos sobre la migración de las políticas económicas internacionales y domésticas; la política medioambiental se basa en qué se puede ganar o perder hoy, sin prestar atención a lo que significarán los enormes costes a largo plazo sobre el recurso compartido que es nuestro medio ambiente; la política de educación, mediante los vales escolares, ignora los efectos devastadores que el desmantelamiento de la escuela pública tendrá sobre el conjunto de nuestra sociedad.

¿Resulta en lo más mínimo sorprendente que el impacto sistémico de la invasión de Irak no fuesen parte del cálculo moral o estratégico conservador que estuvo detrás de la guerra?

La retórica conservadora sobre la guerra se centró ciegamente en derrocar a Saddam – era un dictador malvado, y la maldad no puede tolerarse, punto. Las implicaciones morales de desencadenar el caos social y los daños colaterales además de las lecciones de la historia no fueron un asunto relevante.

Como consecuencia, esperamos ser bienvenidos como libertadores. El plan conservador no supo apreciar las complejidades de la situación que hubiesen requerido un plan de contingencia mucho más amplio. Faltó un análisis sobre qué más iba a pasar en Irak y Oriente Medio como resultado de la caída del gobierno de Hussein, como el esfuerzo iraní para conseguir armas nucleares.

Joe Biden dijo recientemente, “si hubiese sabido que el presidente iba a ser tan incompetente en sus funciones, no le hubiese dado autoridad [para ir a la guerra]”. Si Bush hubiese sido realmente incompetente, no hubiera sido nunca capaz de llevarnos a la guerra en Irak. Si Bush hubiese sido incompetente, no hubiera sido capaz de arrasar con recortes de impuestos de cientos de miles de millones de dólares. Si Bush hubiese sido incompetente, se le habría impedido abarrotar los tribunales con jueces de derechas. La incompetencia, en perspectiva, podría haber sido de hecho mejor para el país.

Éxitos Encubiertos

Posiblemente la mayor ironía de este panorama de “Bush es incompetente” es que estos “fracasos” – Irak, el Katrina y el déficit fiscal – han sido un éxito en términos de hacer avanzar la agenda conservadora.

Una de las metas de los conservadores es evitar que la gente confíe en e gobierno federal. Bajo el mandato de Bush, la FEMA (siglas de Federal Emergency Management Agency – Agencia Federal de Gestión de Emergencias) se reestructuró para que no fuese más la primea en responder a un gran desastre natural, y en su lugar sólo ofrecer apoyo a las agencias locales. Esto llevó a la desastrosa respuesta ante el huracán Katrina. De este modo los ciudadanos, así como los gobiernos locales y estatales, han pasado a desconfiar de la capacidad del gobierno federal para ayudar a los ciudadanos de a pie. Aunque la popularidad de Bush pueda haber sido afectada, ampliar la percepción de que el gobierno federal es inepto ha resultado ser una victoria conservadora.

Los conservadores también se esfuerzan por librarse de las agencias de protección social y los programas sociales. El déficit que originó Bush mediante irresponsables recortes de impuestos y una costosa guerra en Irak requerirá drásticos recortes fiscales para ponerle remedio. Esos recortes, como bien saben los conservadores, no vendrán del gasto militar, especialmente cuando ellos mismos azotan constantemente el espectro de la guerra. En su lugar, los recortes se darán en lo que los conservadores han empezado a llamar “gasto discrecional no militar”; es decir, los programas que contribuyen al bien común como el FDA, EPA, FCC, FEMA, OSHA y el NLRB. Otro éxito para la agenda política conservadora.

Tanto Irak como el Katrina han llenado las arcas de la elite corporativa conservadora, promoviendo aún más la agenda conservadora. Halliburton, Lockhead Martin y las compañías petroleras de EEUU han disfrutado de enormes márgenes de beneficios durante los últimos seis años. Retirar la producción de petróleo de Irak en un momento de una demanda internacional creciente significó que los precios iban a subir, haciendo mucho más valiosas las existencias de petróleo Exxon y otras compañías, generando beneficios récord. La destrucción que acarreó el Katrina e Irak significó miles de millones en contratos de reconstrucción. La guerra en Irak (y la de Afganistán) significaron miles de millones en contratos para equipamiento militar. ¿Había duda alguna de a dónde iban a ir a parar esos contratos? Apunten otro éxito para la agenda conservadora de Bush.

Bush también aprovechó el Katrina como una oportunidad para postergar la legislación de protección laboral y medioambiental que los conservadores tanto aborrecen. Tras la estela dejada por el Katrina, los estándares medioambientales para las refinerías petrolíferas se pospusieron temporalmente para aumentar la producción. Las leyes laborales están siendo burladas para abaratar el coste del esfuerzo de reconstrucción. Así pues, en medio de todos estos “desastres”, los conservadores vuelven a ganar.

Allí dónde muchos americanos ven un fracaso en Irak – George Miller llamó recientemente a Irak una “metida de pata de proporciones históricas” – los militantes conservadores ven un montón de éxitos. Los conservadores enfatizan la importancia de nuestro estamento militar – nuestro orgullo y valor nacional se expresan a través de su poder e influencia. Se están construyendo como se planeó bases permanentes en Irak, y América ha mostrado al resto del mundo que podemos y golpearemos preventivamente ante la más mínima provocación. Tuvieron éxito en la movilización de nuestras fuerzas militares en base a pretensiones ideológicas sobre cómo afectar la política exterior. La guerra ha metido miedo a otras naciones mediante una exhibición hostil del poder de América. Los conservadores han logrado fortalecer allí donde ellos perciben que reside el interés nacional – el poder militar.

No es Incompetencia

Cuando los progresistas claman “¡Incompetencia!” ello ensombrece los muchos éxitos conservadores. El tema de la incompetencia hierra totalmente el tiro, es decir que la visión conservadora está haciendo mucho daño a este país y al mundo. Se necesita entender esto y una respuesta progresista articulada. Los progresistas saben que el gobierno puede y debería tener un papel positivo en nuestras vidas más allá de la simple seguridad física. Tuvo un impacto positivo durante la época progresista, rompiendo monopolios y estableciendo unos mínimos laborales básicos. Tuvo un efecto positivo durante el New Deal, suavizando el impacto de la depresión al crear puestos de trabajo y estimular la economía. Tuvo un papel positivo en hacer progresar el movimiento por los derechos civiles, extendiendo derechos a grupos previamente privados de representación. Y los Estados Unidos pueden tener un papel positivo en asuntos mundiales sin usar sus militares ni expresiones de puro poder. Los progresistas reconocen que todos nosotros estamos en esto, siendo “nosotros” toda la gente de entre todo el espectro de razas, religiones, sexo, preferencias sexuales y edad. “Nosotros” también significado más allá de divisiones de partido, fronteras estatales o internacionales.

El mantra de la incompetencia ha sido desafortunado. La cuestión de la incompetencia asume que había una planificación sensata, y que el problema ha estado en su ejecución. Transforma el debate público en un referéndum sobre la capacidad de gestión de Bush, y elude una crítica del impacto de la filosofía que le sirve de guía. También deja abierta la posibilidad de que los votantes opten por otro presidente conservador radical en el 2008, mientras él o ella pueda hacerlo mejor. Bush no volverá otra vez, así que pensar, hablar y bromear sobre su incompetencia no permite extraer ninguna lección sobre su presidencia.

La incompetencia oculta la verdadera cuestión. La filosofía conservadora de Bush es el que realmente ha dañado este país y es su filosofía sobre el conservadurismo la que debe ser rechazada, sea quien sea que la promueva.

El conservadurismo en si mismo es el malo de la película, que está haciendo daño a nuestra gente, destruyendo nuestro medio ambiente y debilitando nuestra nación. Los conservadores están socavando los valores americanos mediante nueva legislación casi cada día. Este mensaje vale para cada proyecto de ley conservador propuesto al Congreso. La cuestión que surge cada día es pues qué filosofía de gobierno debe dar forma a nuestro país. Es el problema de nuestro tiempo. Como no se desacredite la filosofía conservadora misma, los conservadores seguirán dominando el discurso público, y con ello seguirá su dominio sobre la política.


George Lakoff es catedrático de lingüística y ciencia cognitiva en la Universidad de California en Berkeley. Su famosa investigación lingüistico-cognitiva sobre las metáforas en la vida cotidiana, coescrita con Mark Jonson está traducida al castellano: Metáforas de la vida cotidiana, Madrid, Cátedra, 2001 (primera edición en inglés, 1980). Puede accederse a la página web del Rockridge Institute pulsando aquí: website.

Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta Estrada

Sin Permiso, 11/09/06

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