Jesús Núñez Velázquez: El futuro de las universidades privadas en España

Jesús Núñez Velázquez: El futuro de las universidades privadas en España
Jesús Núñez Velázquez es Presidente de ACADE

Si exceptuamos a las Universidades confesionales, producto del Concordato con la Santa Sede de 1953, la historia de las Universidades Privadas en España es muy reciente. Tanto, que actualmente están cumpliendo el primer lustro de vida, o poco más. En este lapso de tiempo, las universidades privadas han conseguido consolidarse y captar algo más del 5 por ciento del alumnado superior, que en su conjunto representa 1.600.000 estudiantes.

Es un buen resultado para unas instituciones creadas ex novo, que aún deben demostrar todas sus capacidades y acumular prestigio, y que deben competir con unos centros públicos superiores que subvencionan más del 80 por ciento de la docencia que imparten: mientras que el coste real de la plaza de una Universidad pública está por encima de 500.000 pesetas, el alumno apenas paga 100.000 pesetas. corriendo el resto a cargo del Estado o de entidades colaboradoras.

Mientras tanto, y como es lógico, las Universidades privadas no solamente deben repercutir el cien por cien del coste de la enseñanza, sino que además tiene que amortizar las cuantiosas inversiones realizadas en edificios y equipamientos. Por todo ello, el esfuerzo económico que debe hacer el alumno, o su familia, para acudir a uno de nuestros centros, es muy superior al que se requiere para cursar estudios en la Universidad pública. Por lo demás, la Ley no contempla ningún tipo de desgravación o deducción fiscal a las cantidades invertidas en formación superior privada, mecanismo que de existir contribuiría algo a igualar los costes.

En estas condiciones, haber ganado la confianza de más de 80.000 estudiantes en apenas cinco años es un verdadero éxito, como lo es también el sentido creciente de la “cuota de mercado” de las privadas en el total de educación superior de nuestro país.  

A este éxito ha contribuido la mayor importancia que está adquiriendo el factor humano en el mundo de la producción y de las empresas,  y todos somos conscientes de que la clave del factor humano está en la adecuada formación de los profesionales del futuro. Las Universidades privadas realizaron desde el inicio una apuesta por la excelencia educativa, que en el caso de la Alfonso X El Sabio se ha traducido en aunar docencia, investigación y prácticas en las empresas, desarrollando aquéllas titulaciones específicas que más horizonte profesional presentan, y por ello más posibilidades de rápida inserción en el mercado de trabajo.

Hemos procurado huir de la burocracia, la rutina y la masificación que durante tanto tiempo ha caracterizado al modelo universitario español, y no sin muchas resistencias e incomprensiones, lo hemos conseguido. En este nuevo modelo, los titulados de la Alfonso X El Sabio presentan unas posibilidades de desarrollo profesional casi inmediatas, una vez obtenida su licenciatura.

¿Y cuáles son las expectativas en un futuro próximo?  

Por una parte constatamos un dato preocupante: España tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, de suerte que es previsible que las generaciones de jóvenes que en el futuro se incorporen a la Universidad sean menos numerosas que las actuales. De hecho, ya este año han quedado vacantes más de 30.000 plazas en las Universidades públicas españolas. En un primer análisis, si sobran plazas en centros públicos que subvencionan el 80 por ciento del coste de la docencia, con más razón deberían quedar vacantes plazas en universidades privadas que deben cobrar el coste real.

Sin embargo, para que este análisis sea ajustado a la realidad hay que introducir otras variables también muy importantes: en primer lugar, y como ya he señalado, la importancia creciente que se le da a la calidad de la formación en un mundo en que prima el factor humano, hace que los alumnos y sus familias estén dispuestos a pagar más si con ello aseguran una educación de calidad y adecuada a las exigencias del actual mercado de trabajo.

Además, las plazas actualmente sobrantes se producen en carreras y titulaciones con menor capacidad de ser absorbidas por el sistema productivo, y como es lógico, las privadas han centrado sus esfuerzos en las otras, en las que presentan mayor demanda.

Abundando en la cuestión, la tasa de escolarización de los jóvenes sigue aumentando: hace unos diez años esta tasa, para jóvenes de 18 a 20 años, apenas llegaba al 40 por ciento, y hoy día alcanza el 60 por ciento. En otras palabras, que aunque va a haber menos jóvenes, un porcentaje mayor de éstos cursarán estudios universitarios.

Por otra parte, y si en enseñanza media la cuota de mercado de los colegios privados (no públicos ni concertados) están en el 27 por ciento, no hay razón para que en educación superior la iniciativa privada no llegue a proporciones similares, y debemos recordar que aún estamos en el 5 por ciento.

Así pues, y aún manteniendo el muy desfavorable marco de competencia actual, es previsible que:  

  • Las Universidades privadas tendrán mayor penetración que ahora, aunque sea en un mercado que en valores absolutos se reducirá.
  • La creciente tasa de escolarización superior paliará en parte la disminución de la natalidad, y esto beneficiará igualmente a los centros privados superiores.
  • Las familias harán su elección basándose en excelencia educativa, combinación de prácticas e investigación y en salidas profesionales, y en todo ello las privadas están muy bien situadas.
  • Y por último, aunque no menos importante, las Universidades privadas no suelen presentar los condicionamientos lingüísticos y políticos que hoy caracterizan a tantas universidades públicas controladas por gobiernos autonómicos que amoldan la docencia a sus designios. La asepsia, la objetividad y la libertad de cátedra son hoy factores que sin duda apoyarán el desarrollo de nuestros proyectos.  

En conclusión, hay más motivos para la esperanza que para el pesimismo, y todo ello en un escenario como el actual que mantenga los rasgos de competencia desleal, trato discriminatorio e injusticia fiscal para nuestros centros.

Si fueran deducibles las cantidades invertidas en educación universitaria privada; si por fórmulas de “cheque escolar” los alumnos sin posibilidades económicas pudieran acudir a nuestros centros; si la subvención en la universidad pública se concediera solamente a alumnos que unieran a sus buenas notas una demostrable incapacidad económica; si fuera posible que una mala universidad pública acabara cerrando sus puertas, como lo debe hacer un centro privado que fracasa en su proyecto, entonces el futuro de las universidades privadas sería todavía más halagüeño, como lo sería el futuro de  nuestro sistema educativo, la calidad de nuestros profesionales y el porvenir económico de España.

Lamentablemente, nada nos hace pensar que todas estas reformas se realicen. De hecho, ni siquiera las contempla el traído y llevado “Informe Bricall”, así que debemos ser realistas y escrutar nuestro futuro a la luz del marco regulatorio actual, que es tan malo para nosotros que difícilmente puede empeorar. Y aún en este marco, si somos capaces de mantener la calidad educativa y la conexión con las necesidades empresariales, las Universidades privadas tendremos asegurado el futuro.

Anuario Entre Estudiantes, 01/03/00