María Herlinda Suárez Zozaya: Universidad y nuevo capitalismo

Investigación e diñeiroMaría Herlinda Suárez Zozaya: Universidad y nuevo capitalismo
Campus Milenio, 208, 18/01/07

Consideradas las universidades y los centros de investigación y de educación superior como mercados de trabajo se ha hablado bastante sobre la precarización de las condiciones laborales de profesores e investigadores. Se ha probado, e incluso documentado, que ya desde hace tres décadas, el trabajo académico se ha visto inserto en esta dinámica que se ha reflejado en aspectos como bajos salarios, inestabilidad laboral, falta de prestaciones y merma en los derechos laborales, entre otros.

Y ha sido en el marco de esta realidad laboral precaria en donde la reestructuración de los modelos tradicionales de la academia se ha instalado, permitiendo que en las universidades y centros de investigación de México haya penetrado con facilidad lo que Sheila Slaugther y Larrie Leslie llamaron “capitalismo académico”. Por capitalismo académico entienden, estos autores, "los esfuerzos institucionales y del profesorado para obtener fondos externos a la manera del mercado o como parte del mercado"

Bajo el nuevo orden de la economía mundial y de las instituciones de investigación, los investigadores compiten y obtienen financiamientos para sus proyectos. De esta manera, los que otrora fueran vistos y significados como trabajadores pasan ahora a representarse a través de procesos vinculados a la gestión y gerencia de recursos, lo cual los ubica en un lugar distinto dentro de la relación capital-trabajo. De hecho, con los recursos que obtienen de las agencias financiadoras, los académicos suelen contratar trabajadores que los ayuden a cumplir los compromisos adquiridos por ellos. Por supuesto, los ingresos y las condiciones de trabajo que ofrecen los investigadores a “sus” trabajadores son precarios y, por ello, los propios investigadores han colaborado para que en muchos de los centros de investigación y de educación superior del país proliferen los trabajadores eventuales, cuyos vínculos institucionales son nulos ya que no forman parte de la planta institucional, sino de los proyectos de investigación.

Así, la imbricación de la precarización del mercado de trabajo académico y el funcionamiento del capitalismo académico ha convertido a las universidades en agentes que sirven a los interese del llamado “nuevo capitalismo”, para el cual el incremento de la explotación, la dominación de los trabajadores y la erosión de la protección que el Estado debe a la sociedad son elementos fundamentales.

Muchos de los trabajadores contratados por los investigadores son jóvenes. Los más, buscaron trabajar en instituciones de investigación por cuestiones de formación e interés en la producción del conocimiento. Varios han sido contratados, una y otra vez, por el mismo investigador o por otros, para apoyar distintos proyectos. Hay quiénes han convertido el apoyo a proyectos de investigación en su oficio, tantos que ahora incluso se considerara que este oficio puede clasificarse bajo el rubro de los que han sido llamados “emergentes”.

La proliferación de jóvenes que trabajan en condiciones precarias en las universidades y centros de investigación, apoyando los proyectos de investigadores, no sería tan grave si formara parte de una estrategia para lograr la inserción laboral juvenil a instituciones académicas. Sin embargo, sabemos que en estas instituciones las plazas son escasas y que cuando las hay son muy competidas y adjudicadas a jóvenes que se forman como investigadores en el extranjero. ¿Cuántos son los jóvenes mexicanos que pasan su juventud apoyando proyectos de investigación con la esperanza de llegar a ser ellos mismos investigadores? ¿Cuántos son los que logran realmente alcanzar tal objetivo? ¿Qué pasa con los que no lo logran? ¿Qué es lo que estamos enseñando los académicos a los jóvenes mexicanos con los que trabajamos? Acaso, ¿qué en los ámbitos laborales aspirar a tener derechos carece de sentido?