Joan Subirats: Mi escuela, mi policía

Joan Subirats: Mi escuela, mi policía
Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Son sólo unos primeros apuntes de la campaña electoral que está por iniciarse en España. Pero algo de lo que ha trascendido, me inquieta. El PSOE apunta como uno de los asuntos más relevantes de campaña y, sin duda, una de sus promesas más significativas, la de colocar un policía en cada escuela. Y luego, para remachar el clavo, propugna el extender la polémica ordenanza municipal de la convivencia, que tanta controversia ha suscitado en Barcelona, al resto de España. Todo ello quiere decir que uno de los asuntos clave que va a formatear la campaña de los socialistas para las elecciones autonómicas y municipales del 27 de mayo, va a ser el tema de la seguridad. Este es un terreno en el que, como sabemos, algunos sectores de la izquierda se sienten particularmente frágiles, y en el que lo más fácil es acudir a los estereotipos que la derecha tiene impresos en su DNA ideológico. Hace sólo unos días, el ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy, dijo en Perpiñán que uno de los signos que muestra "la crisis moral que atraviesa Francia" es la "desvalorización de la autoridad". El candidato de la derecha francesa a la presidencia no deja de repetir que la sociedad actual "considera obsoleta la obediencia de los niños a sus padres", "no valora la autoridad del maestro sobre los alumnos", "acepta la no sumisión a la ley" y así se acaba "por menoscabar el poder de la policía, el amor a la patria o la fidelidad a la bandera". Y remacha su discurso afirmando que "ya que no hay reglas, no hay ley compartida, no hay normas, sólo nos queda la ley de la fuerza para canalizar el mal que está en los hombres, para canalizar su violencia, sus instintos, sus pasiones".

Estoy seguro de que la propuesta del PSOE no parte de los mismos principios, ni viene inspirada por la misma lógica. Pero, resulta patético que propongan situar a un policía municipal en cada centro escolar para combatir "el absentismo, el consumo de drogas, la violencia". Estos y otros muchos problemas que han ido cayendo en cascada a los centros escolares en los últimos tiempos no se resuelven de verdad con un policía por centro, por mucho que le llamemos "agente tutor", ni por mucho que vaya vestido de paisano, ni por mucho que lo "incrustemos" en los consejos escolares de cada centro. Una vez más asistimos a un tratamiento sintomático de los problemas sociales y educativos con que se enfrenta nuestra sociedad. Nos dedicamos a trabajar con los síntomas, a tratar las consecuencias, y así poco a poco vamos caracterizando nuestras políticas públicas como reactivas y paliativas. Son "políticas de final de cañería". Espero que la voz de los socialistas catalanes se deje oír en el Consejo Federal del próximo 3 de marzo y no colaboren en tamaña insensatez, por popular que sea (en una votación que está en curso en la web del PSOE, www.psoe.es, sobre la cuestión, ayer habían votado 331 personas, el 87% a favor, el 17% en contra).

En Cataluña las cosas se han empezado a hacer de otra manera. El cambio de Gobierno de la Generalitat a finales de 2003 inició una etapa de redescubrimiento del entorno de los centros educativos. Así, la Generalitat y los municipios han iniciado un camino de colaboración que podemos calificar de inédito si lo comparamos con los 23 años anteriores. Las oficinas municipales de escolarización, los proyectos educativos de ciudad, los planes de entorno, la articulación de los servicios educativos en el territorio, la presencia de especialistas en interculturalidad y cohesión social, la puesta en marcha de planes comunitarios con presencia educativa, la cada vez mayor articulación entre educación formal y los espacios de educación no formal o con los esplais son algunos ejemplos que nos muestran que en Cataluña nos hemos ido dando cuenta de que para afrontar los retos educativos que tenemos, sin la comunidad educativa y el entorno local, sin la colaboración y colaboración entre el Gobierno autónomo, los gobiernos locales y los actores sociales, no vamos a ninguna parte. ¿Quiere decir ello que no importa la seguridad o que no nos preocupa la violencia? ¿Puede derivarse de este planteamiento que no le damos significación a la colaboración de policías y jueces en los asuntos escolares? De ninguna manera. Siempre que esa presencia, esa intervención, resulte mediada, articulada, condicionada, por el resto de actores y protagonistas del espacio educativo en su sentido estricto y en su sentido amplio. De hecho, no son excepción los proyectos educativos de ciudad, los planes de entorno, los planes comunitarios en los que están presentes Mossos d'Esquadra o policías municipales. Esas personas trabajan codo a codo con el resto de integrantes de la red comunitaria y educativa para mediar en conflictos, buscar soluciones, acompañar procesos. Perseverar en la línea de reforzar las competencias y responsabilidades de los municipios en las cuestiones educativas, puede ser menos impactante electoralmente, pero sin duda acabará siendo mucho más efectivo.

Hace ya meses, tras la trágica muerte del joven Jokin en Fuenterrabía, se sugirió por parte de la entonces ministra la necesidad de situar un trabajador social en cada centro, y esta es de nuevo la lógica que parece que se está siguiendo. Ante cada incendio, un nuevo bombero. Ante cada problema, un nuevo profesional especializado, y ahora, parece que toca el turno a los "agentes tutores" como "resuélvelo-todo". ¿A quién se le puede ocurrir que frente al absentismo escolar la solución o parte de la solución es la presencia de un policía? Es evidente que las escuelas e institutos, y los profesionales que trabajan en ellos, van viendo cómo se les carga con todo tipo de demandas y presiones, procedentes de una sociedad que dice no tener ya tiempo ni capacidad para realizar esa labor formativa en valores y actitudes, transversal y constante. Pero por la vía de ir metiendo gente en los centros, lo que conseguiremos es bloquear y segmentar de tal manera los espacios educativos que acabaremos todos confundidos. La escuela y el entorno social tienen que compartir soluciones como de hecho comparten problemas. Y en ese entorno, en esos municipios, existen ya profesionales sanitarios, trabajadores sociales, policías y personas que se ocupan de todos esos asuntos que ahora le queremos endilgar al "agente tutor", de paisano y ocupando silla en el consejo escolar. Un poco de prudencia y un mucho de escuchar a los protagonistas del espacio educativo no nos iría mal.

El País, 01/03/07

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