Felipe Trillo Alonso: Los Sexenios: La Nueva Inquisición

Felipe TrilloFelipe Trillo Alonso: Los Sexenios: La Nueva Inquisición

Estoy seguro de que me paso varios pueblos al titular así este escrito, pero lo hago por puro equilibrio emocional: por la necesidad de echar los demonios fuera.

Al fin, respiro por la herida y no es menos cierto que el Diccionario de la R.A.E. entiende por Inquisición: Examinar los papeles y separar los inútiles para quemarlos.

Cabía, por supuesto, la posibilidad de permanecer callado o también la de clamar en el desierto, pero consciente y deliberadamente he querido dar un grito (sic) en un lugar donde alguien me oiga. Sólo eso. No busco pues ningún eco. Nada me repugna más que convertir un legítimo interés privado en falsa causa pública; se trata sólo de decir lo que pienso, pese a quien pese, comenzando por mí.

Así las cosas, el caso que deseo compartir por si del mismo se extrae alguna categoría es el siguiente:

En la convocatoria de 16 de noviembre de 2005 solicité un sexenio de investigación que me denegaron en Junio de 2006. Recurrí, y en marzo de 2007 recibí la resolución desestimando mi recurso. Hasta aquí una historia vulgar, una más entre muchas otras académico-administrativas (más administrativas que académicas). Donde acaso puede comenzar a ser singular esta historia es que mediante este escrito resolví airear mi suspenso.

Sin duda enfadado, intuí que sobre algo así suele extenderse un manto de silencio provocado por cierta supuesta vergüenza que uno, al parecer, debería sentir. Siendo de ese modo, no hay forma de compartir con nadie la duda sobre el correcto proceder de quienes así me evaluaron. Como a nadie le gusta hablar de su fracaso (oficial), algunos pueden seguir resolviendo lo que sea y como sea, porque éste es de esos asuntos estrictamente individuales (pudibundos), de uno ante el Sistema, sin comunidad de referencia que comparta esa duda razonable acerca del tal correcto proceder de la Comisión Técnica de turno. Particularmente, en mi caso, sobre la Comisión Técnica nº 7 (integrada por los profesores Jordi Capo Giol, Luis Enrique Alonso Benito, María Victoria Diez Chamizo, Carme Junque Plaja, Salvador Llinares Ciscar y Pablo del Río Pereda); y sobre la que ya se han dicho muchas cosas.

Sin vergüenza, pues, deseo hacer saber que en el Primer Informe que recibí, lo único que me indicaban es esto: En relación a las cinco aportaciones destacadas que, salvo una, las demás figuran en Medios de difusión de calidad insuficiente. A lo que añaden -supongo que para mayor escarnio-, y refiriéndose al conjunto de mi C.V. que: En conjunto, el solicitante ha mostrado una trayectoria deficiente a lo largo del periodo evaluado, con aportaciones de baja repercusión en la comunidad científica.

Pues bien, deseo compartir con quien me lea que estrictamente de ese periodo evaluado (2000-2005): dos proyectos de investigación financiados por la Xunta de Galicia en concursos competitivos figurando como investigador principal, seis libros (cinco como coordinador, dos internacionales), dos capítulos en libros de actas de congresos, una voz en un Diccionario de amplísima difusión en mi área, nueve artículos en revistas reconocidas, tres tesis doctorales, y tres tesis de maestría, todo, todo se fue por el sumidero.

Pero no acaba ahí la historia: El caso es que al reclamar ni siquiera me permití salir del guión establecido, de modo que asumiendo que nadie jamás te va a leer ni a considerar la relevancia de lo que dices, manejando pues exclusivamente los criterios de la Comisión (Resolución de 25 de octubre de 2005, BOE del 7 de noviembre; y Art. 7 de la Orden de 2 de diciembre de 1994, BOE del 3 de diciembre) les envié más datos para informarles (por si acaso no lo sabían) que los medios de difusión de los libros y artículos destacados satisfacían las exigencias una por una, salvo la de figurar en el Social Science Citation Index. Bien valorado el artículo de la Revista de Educación, sólo me restaba hacerles saber que los libros estaban publicados por editoriales reconocidas (la portuguesa Piaget y la argentina Homo-sapiens) y que los artículos habían sido publicados en revistas indexadas que, además, en una ocasión anterior me habían sido valorados positivamente (la española Enseñanza y la chilena Perspectiva Educacional). No cabía hacer más, según sus reglas.

Pero, por toda respuesta obtuve esto: Se resuelve desestimar el recurso en los términos expresados en los fundamentos de derecho, y teniendo en cuenta que el Comité nº 7 en su informe indica que Revisadas las argumentaciones del recurso y aún considerando una mejora en la puntuación global, ésta no permite cambiar la evaluación realizada.

Por consiguiente, a estas alturas, no tengo ni la menor idea de por qué no valen mis aportaciones: ¿Será que no cumplen los requisitos formales? Y si fuera así, ¿cuáles exactamente? y ¿por qué no me lo dicen explícitamente caso por caso en vez de remitirme a los fundamentos de derecho según los cuales no cabe dudar sobre la arbitrariedad de los evaluadores que, según parece, están facultados a evaluarme sin necesidad de justificar su resolución?

Yo sé que es importante tomar en consideración lo que la AERA (American Educational Research Association), la EEERA (European Educational Research Association, con su ECER: European Conference on Educational Research), la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y otros establecen como líneas de investigación prioritarias, susceptibles además de establecer redes de intercambio de conocimiento, especialmente en Europa. También sé que es importante publicar en alguna revista recogida en el Journal of Citation Report, sobre todo si las hubiera en mi campo para todos.

Pero no es menos cierto que hay un contexto inmediato de referencia al que servimos y en el que servimos, es decir, para el que no somos desechables, y que hay otro de proyección internacional, que es América Latina, que casi no cuenta, y para el que también somos útiles. Alguien debería tomar nota de esto.

En fin, yo no sé si quienes se dedican a esto se dan cuenta del daño moral que le están haciendo a mucha gente sobre la que se sostiene de hecho la universidad española. Sin duda alguien debería considerar que en estas condiciones, la emulación no funciona.

Es más, me pregunto: ¿Tiene alguien algún dato sobre si esta práctica de evaluación de los sexenios ha incentivado la investigación? ¿Alguien ha contrastado ese dato con el creciente número de profesores que ya han desistido de presentarse a los sexenios de actividad investigadora? ¿Se conoce si esos porcentajes se distribuyen de manera poco proporcional por áreas de conocimiento, de suerte que sea razonable considerar algunas otras variables de contexto para explicarlo? ¿Se ha comprobado si las mismas aportaciones consideradas por sabios distintos son merecedoras de puntuaciones diferentes? Y, ya puestos: ¿Alguien conoce cuándo va a estar en la Comisión ese que puede valorar bien las mías?

No se, pero, quizás cuando se trate de evaluar la investigación cabría recordar aquello de la zona de desarrollo próximo y pensar que existen profesores de a pie – perdonen las molestias-, quizás no brillantes pero tampoco estúpidos y que desde luego trabajamos mucho investigando, escribiendo y publicando según las posibilidades que oferta nuestro contexto de referencia. Que sobre ese trabajo, que lo es estrictamente de investigación, se asienta la docencia de grado y muy especialmente la de doctorado de nuestras universidades así como la única justificación de su proyección internacional. Pero que, sorprendentemente, lo que sirve para hacer de la Universidad Española lo que es (dejando al margen lo que quiera ser), no sirve para la tal Comisión Técnica.

Y para remachar todo esto, lo que en su día fue un recurso cicatero para subirnos el sueldo, hoy se extiende - por más que emanada de una evaluación burocrática y opaca- como acreditación indiscutible para asumir responsabilidades académicas y científicas.

En fin, si un tipo como yo, no tonto, generalmente ilusionado y bastante trabajador, está tentado de entrar en l Cofradía del "Yo a eso no me presento, total para qué", francamente, más allá de mi caso particular (que es el que más me jode), lo que también me inquieta es el desánimo que "por derribo" otros colegas puedan sentir. Todo lo cual, conste, lo he dicho para evitar aquello de quien calla otorga. Al fin: Vencido por el Sistema, puede, pero humillado, nunca.

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