
En el mundo actual, que rebosa de riquezas, viven más de ochocientos millones de víctimas del hambre, sujetas a una malnutrición crónica y grave. Cada año 36 millones de personas mueren de manera directa o indirecta, por causa del hambre. Cada año «varias decenas de millones de madres con grave malnutrición dan a luz a decenas de millones de hijos desnutridos que, por decirlo con las palabras de Régis Debray, son “crucificados” desde que nacen». Cada siete segundos en el mundo muere un niño por causa directa o indirecta del hambre y la desnutrición. En este mundo, en el que la pobreza y la desigualdades no hacen más que acrecentarse, es preciso encontrar nuevos medios de lucha contra los modelos de la economía dominante y de la política de desarrollo obligado.
En Los nuevos amos del mundo y aquellos que se les resisten (2002), Jean Ziegler, comisionado especial de la ONU para el derecho a la alimentación, haciendo acopio de su profundo conocimiento de las personas y las instituciones, desmonta una a una las piezas del sistema que gobiernan aquellos que denomina «depredadores», a saber, los oligarcas del capitalismo financiero actual que extienden su poder de Oriente a Occidente y de Norte a Sur del planeta, guiados por un solo propósito: la privatización del mundo. La ideología que los caracteriza se resume en un decálogo de principios que derivan de un conjunto de acuerdos informales agrupados bajo el término de «consenso de Washington» y que tienen por meta la instauración de una «stateless global governance» y en consecuencia la reducción al mínimo –o incluso la extinción– de los poderes del estado-nación.
«En los inicios de este nuevo milenio, las oligarquías capitalistas transcontinentales reinan sobre el universo. Su práctica cotidiana y su discurso de legitimación son radicalmente contrarios a los intereses de la inmensa mayoría de quienes poblamos la tierra. La mundialización cumple la fusión progresiva y forzosa de las economías nacionales en un mercado capitalista mundial y un ciberespacio unificado. Este proceso provoca un formidable aumento de las fuerzas productivas. De forma incesante se crean inmensas riquezas. El modo de producción y de acumulación capitalista da prueba de una creatividad, una vitalidad y un poder absoluto pasmosos y, sin duda, admirables […] Por primera vez en su historia, la humanidad goza de cierta abundancia de bienes. El planeta se halla a punto de venirse abajo por tantas riquezas como acumula. Los bienes disponibles superan en varios miles de veces las irreductibles necesidades de los seres humanos […] Los Cuatro Jinetes apocalípticos del subdesarrollo son el hambre, la sed, las epidemias y la guerra. Cada año se cobran más vidas de hombres, mujeres y niños que la carnicería que fueron los seis años de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de los pueblos del Tercer Mundo se halla ya en curso la “Tercera Guerra Mundial”.»
La obra de Ziegler muestra a través de análisis y ejemplos muy concretos, cómo la aplicación de estos principios en todo el mundo por parte de los «depredadores» y sus mercenarios –Organización Mundial de Comercio (OMC), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI)– está debilitando a los estados nación occidentales al tiempo que desbarata de manera incesante todos los esfuerzos tendentes a sacar de la miseria extrema a los habitantes de los países más pobres del mundo. Este libro tiene cuatro partes y en las tres primeras Ziegler traza un panorama desesperante que incita a la indignación. En «Mundialización, historia y conceptos: una economía de archipiélago–El imperio–La ideología de los amos» explora la historia de la mundialización, el papel desempeñado por el imperio americano y la ideología de los amos del mundo. La segunda parte, «Los Depredadores: dinero sucio–muerte del estado–destrucción de los hombres y de la naturaleza–la corrupción–los paraísos piratas» estudia esta figura central del mercado capitalista globalizado y sus actos, cuya codicia constituye el motor que todo lo mueve. El depredador acumula dinero, destruye el estado, devasta la naturaleza, aniquila a los seres humanos y, en el seno de los pueblos que domina, corrompe, con la práctica de la corrupción, a los agentes cuyos servicios quiere obtener. Ha creado y sostiene paraísos fiscales en el planeta reservados a un único uso. La tercera «Los mercenarios» se dedica al análisis de la actividad de los mercenarios afectos y eficaces que sirven al orden de los depredadores. Son los «bomberos pirómanos» del FMI, los secuaces del Banco Mundial y de la OMC. Especial crudeza revisten las secciones dedicadas al secretario general de la ONU (el «sultán impotente»), a Chechenia, el África negra y Srebenica.
La cuarta parte, «Democratizar el mundo: la esperanza: una nueva sociedad civil planetaria–el principio de generosidad–los frentes de resistencia–las armas de la lucha–la tierra y la libertad» se centra en mostrar, de manera concreta y entusiasta, el ascenso de la contestación planetaria protagonizada por la nueva sociedad civil planetaria, que, basada en el principio de la generosidad, se halla «vinculada por una misteriosa fraternidad nocturna» y surge de los «escombros del estado-nación», luchando hoy, en los cinco continentes, contra los «oligarcas del capital globalizado». Esta sociedad civil a su vez está formada por toda una constelación de movimientos civiles –Attac, Foro de los pobres, Third World Network, Amnistía Internacional, la Association contre la faim, el Consejo Mundial del Agua, el Comité para la abolición de la deuda del Tercer Mundo, el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) de Brasil entre una infinidad– que se oponen de forma radical al imperio de los depredadores. En su pluralidad de frentes la nueva sociedad civil planetaria organiza la resistencia empleando toda una serie de métodos innovadores creando una multitud de frentes de rechazo y alumbra a través de su lucha plural una inmensa esperanza. En la conclusión que lleva por título «La aurora», el autor transforma el sentimiento de impotencia en esperanza, una esperanza que el autor traza como la metáfora entre la evolución de la sociedad global contemporánea con los hechos del París que el 14 de julio de 1789 se sublevó y encaminó hacia Versalles, una metáfora que trasladada a escala planetaria habla del ascenso definitivo de una nueva sociedad civil capaz de poner fin a la tiranía de un sistema capitalista neoliberal insostenible.
Junto con libros como los Naomi Klein, Riccardo Petrella, Vandana Shiva y Susan George, Los nuevos amos del mundo completa la historia negra de un proceso de globalización estrechamente vinculado con la pobreza extrema de la inmensa mayoría de la población del plantea.
Biografía del autor:
Jean Ziegler (Berna, 1934), doctor en Derecho y Ciencias Económicas y Sociales por la Universidad de Berna, ha desarrollado una notable carrera como docente en las universidades de Grenoble, Berna, la Sorbona y Ginebra y en la actualidad es comisionado especial de la ONU para el derecho a la alimentación y más en general sobre los derechos económicos, sociales y culturales. Entre su dilatada obra destacan La Contrarrevolución en África (1967); El oro nazi (1997); Los señores del crimen (1998); Suiza lava más blanco (1990); Viva el poder (1987); El hambre en el mundo explicada a mi hijo (2000) y coautor, con Gilles Perrault y Maurice Cury, de El libro negro del capitalismo (2002).
Cada día son más las voces críticas que se alzan contra el nuevo orden mundial. Siguiendo la célebre dicotomía de Umberto Eco entre apocalípticos e integrados, los intelectuales apocalípticos van en aumento y su virulencia es cada vez mayor. A la nueva y cada vez más numerosa bibliografía antiglobalización, se le suma hoy un libro contundente, Los nuevos amos del mundo (Destino), del catedrático suizo Jean Ziegler.
Se trata de un concienzudo tratado de más de trescientas páginas en las cuales el Ziegler desenmascara el verdadero rostro de los dueños de la economía mundial. Una reducida oligarquía financiera detenta el poder real en el mundo globalizado y somete a sus designios no solo a los estados a los organismos internacionales, sino que decide sobre el destino de un tercio de la población mundial.
«El nuevo orden mundial unipolar surgido tras la caída de la ex Unión Soviética en 1991», explica el autor, «ha significado un triunfo rotundo del capitalismo».
A diferencia de otros autores de similar calibre como el australiano John Pilger, Ziegler cree que en el mundo globalizado «los estados nacionales tienden a la extinción». Porque «funcionan como una pantalla» o un «teatro de sombras» que encubren al verdadero poder financiero que toma las decisiones políticas. La nueva administración de Irak impuesta por los americanos tras la invasión es el ejemplo más evidente.
En la última parte del libro, Democratizar el mundo, el autor hace una llamada a la «nueva sociedad civil planetaria». «La insurrección de la conciencia colectiva surgida de un imperativo moral y no político», dice Ziegler, «es la única esperanza» para dar por tierra con el absurdo nuevo orden mundial. «La gente ya no acepta la injusticia y tiene una fuerza de movilización increíble», afirma el autor que se enorgullece de las manifestaciones barcelonesas contra la guerra.
Los nuevos movimientos sociales de reivindicación y la infinidad de organizaciones no gubernamentales que se dieron cita en el Fórum Social Mundial de Porto Alegre en 2002, junto a los diversos grupos antiglobalización, representan ese despertar de la conciencia colectiva que Ziegler pregona.
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