José Carlos Bermejo Barrera: Nueva salsa bolognesa: ingredientes y preparación según la nueva ciencia de la gestión

Salsa bolognesaJosé Carlos Bermejo Barrera: Nueva salsa bolognesa: ingredientes y preparación según la nueva ciencia de la gestión
Catedrático de Historia Antigua, Universidad de Santiago de Compostela

Hace ya muchos años que los grandes maestros pensadores de la filosofía postmoderna han puesto de manifiesto de forma indiscutible que no cabe duda alguna de que no existe ninguna teoría cierta. Por esa razón han venido surgiendo nuevas formas de pensar, conocidas con el nombre de pensamiento débil, que reivindican inéditas perspectivas de acercamiento a la realidad que nos permiten descubrir aquellas facetas que el pensamiento occidental, rígido y sistemático, había tenido hasta entonces ocultas.

Entre estas nuevas formas de saber debemos reivindicar el papel de la gastronomía, elevada ya definitivamente al rango de una de las Bellas Artes. Se trata, como es evidente, no de la tradicional gastronomía que a lo largo de la historia parece haber estado siempre en las inexpertas manos de las madres o las abuelas, y que se basaba en ingenuas creencias relativas a la cantidad y a la calidad de los ingredientes, sino de una nueva ciencia del paladar, que parte del principio de que lo importante es la apariencia.

En esta nueva ciencia, la filosofía culinaria sale definitivamente de los primitivos y escasamente metódicos fogones familiares, para ser gestionada por manos expertas que al principio de la apariencia en el comer han añadido dos nuevos y fundamentales axiomas: el de la escasez en los menús y el de su altísimo precio, de modo que la excelencia en el diseño halle su equivalente no sólo en la calidad, sino también en la cantidad de la que el diseñador se hace merecedor.

De acuerdo con la teoría postmoderna que ha llevado a cabo la reconstrucción de la filosofía occidental, la gastronomía más actual ha llegado también a reconstruir el viejo arte de la alimentación, de modo que una vieja y tradicional receta, como es en nuestro caso la salsa bolognesa, queda transmutada en una nueva entidad en la que se consigue ligar, como en todas las buenas salsas, ingredientes que un cocinero ingenuo podría considerar incompatibles.

Procedamos pues a enumerar esos ingredientes, con el fin de poder reconstruir la salsa bolognesa, compañera infatigable de spaghetti y macarrones, dos sencillos y populares menús que durante muchos años han sido fieles aliados de las dietas estudiantiles.

Nueva salsa bolognesa deconstruida:

Ingrediente 1: la salsa bolognesa, dado su carácter cosmopolita, ha conseguido extenderse por todo el espacio europeo, gracias a las sucesivas ampliaciones de la UE. En ese espacio todo se unificará y circulará libremente, tendiendo a la uniformidad en todos los campos, sobre todo en la educación superior.

Siendo consecuente con ello, un cocinero gestor postmoderno gallego debe dar los siguientes pasos:

  1. no coordinar en modo algunos las universidades del SUG (sistema universitario gallego), sino hacerlas entrar en una dura e histérica competencia por la duplicación, triplicación o cuatriplicación de titulaciones

  2. impedir en la mayor medida posible la movilidad de los estudiantes gallegos en Galicia, procurando que queden encadenados a la tierra de sus ciudades de origen, cuyos alcaldes han sido, son y serán unos de los grandes promotores de la creación de centros universitarios

  3. hacer impensable que un estudiante gallego, o español, pueda moverse entre las universidades de las 17 Comunidades Autónomas españolas, ya que es sabido que no tienen ninguna lengua común entre sí y además tienen el inconveniente de estar demasiado próximas, puesto que cada Comunidad - histórica o estática- ha decidido integrarse directamente en Europa

Ingrediente 2: crear un sistema ágil y flexible, que permita a las universidades gallegas y españolas adaptarse constantemente a un mundo cambiante.

Por ello se debe consecuentemente:

  1. multiplicar hasta el infinito el desarrollo de todos los sistemas de supuesto control administrativo

  2. complicar en la mayor medida posible los procesos burocráticos, sobre todo en sus versiones digitales, de modo que el proceso de evaluación de la realidad lleve más tiempo que el desarrollo de la misma

  3. hacer del control de la realidad y la gestión un fin en sí mismo

Ingrediente 3: favorecer la creatividad y la innovación docente, tanto por parte de los profesores como de los alumnos.

Por lo cual, consecuentemente:

  1. se crearán procedimientos estandartizados y toda clase de protocolos que permitan prever todo tipo de contingencias

  2. se programará por cursos, meses, días, semanas y horas toda la actividad académica, con el fin de favorecer el desarrollo de la espontaneidad académica y lograr así sistematizar todo tipo de innovación

  3. se reducirán las inversiones en bibliotecas, edificios e instalaciones públicas, que no son condición necesaria para la aparición de la innovación pedagógica, del mismo modo que la excelencia de un menú no se mide por la cantidad de los alimentos (dado que la misión del gastrónomo no es saciar al cliente, sino complacerlo sensorialmente)

Ingrediente 4: en el mundo postmoderno ya no hay dogmas ni normas rígidas, sino que todo se rige por los libres flujos de los intercambios. Por ello las universidades deben nacer, crecer y morir, como cualquier ser que se encuadre en la lucha por la vida.

Por ello, los principales cocineros universitarios postmodernos han de gobernar las universidades públicas, financiadas con el presupuesto del Estado. Y consecuentemente en aplicación de sus principios han de proponer:

  1. que ningún centro universitario público pueda ser cerrado ni transformado

  2. que se siga reivindicando la necesidad, no sólo de no reducir, sino también de aumentar las plantillas de profesores y personal de administración y servicios

  3. que con el fin de adaptar a las universidades a un mundo flexible se incremente su software humano, es decir, aquel conjunto de personas encargadas de programar a los demás -que suelen ser llamadas gestores - y que desempeñan el mismo papel que los genes en el mundo de la vida. Como todo el mundo sabe todos los genes son egoístas y solo quieren replicarse.

Ingrediente 5: se dice que puede que haya un excesivo número de universidades y un excesivo número de titulados.

No obstante, con el fin de adaptarse a las difíciles realidades de un mundo cambiante los dirigentes universitarios postmodernos han de:

  1. lamentarse de que pierden muchos alumnos, lo que es lamentable porque casi todos pagan las matriculas, aunque muchos no hagan acto de presencia en las aulas o abandonen sus estudios

  2. sostener que, con el fin de mantener los parámetros de calidad y excelencia que una buena salsa estudiantil como es la bolognesa exige, se consigue crear una enseñanza minoritaria masificada con grupos de 175 alumnos en los primeros cursos, sin cuyo número una titulación no será viable.

  3. sorprenderse cuando se insinúa que los titulados universitarios están en el paro o cobran poco, lo que un cocinero postmoderno nunca debe hacer, pues sus menús están avalados por la calidad y la excelencia de su diseño. Y consecuentemente

  4. encargar a unos expertos gestores que estudien para qué pueden servir los títulos universitarios -cuya utilidad era hasta ahora desconocida - o especular, por orden de quien crea el empleo público, si en aquellas profesiones que dependen del empleo público se creará empleo público por parte de quien hace la pregunta.

Ingrediente 6: dado que el Estado casi no debe existir, de acuerdo con los parámetros del pensamiento postmoderno, para quien sólo existen los flujos, del mismo modo en un menú lo único importante es la salsa. Todo debe quedar en manos de la libre empresa.

Consecuentemente con ello los cocineros universitarios postmodernos, conscientes de que la gastronomía es apariencia, de que el mundo se mueve por el turismo y todo no es más que un espectáculo para enseñar a los que vienen, han decidido:

  1. que la mejor manera de ser empresario es ocupar un puesto de funcionario público.

  2. que donde mejor se pueden reproducir las empresas privadas - como los genes- es en el caldo de cultivo del Estado.

  3. que en ese medio vital sobrevive quien tiene mejor software o ADN - y también quien sólo tiene ARN (como los virus, que inyectan su ARN en el ADN de los demás). Los virus y las bacterias no sobreviven a costa de otras plantas o animales morfológicamente superiores, eso sería una simplificación moderna y caduca: lo que en realidad hacen es deconstruir a otros seres vivos, como cualquier buen cocinero.

Ingrediente 7: las universidades del siglo XXI se verán reducidas al mínimo, ya que lo que se llama investigación no es más que el uso del conocimiento en el ámbito de los procesos productivos, con el fin de incrementar los beneficios empresariales, y secundariamente de crear empleo (secundariamente, ya que se dice que el trabajador real o físico cada vez será menos importante y será sustituido por el trabajador virtual, del mismo modo que el filete es sustituido y deconstruido por la salsa).

Consecuentemente con ello en países como Galicia o como España, en donde existe un tejido empresarial e industrial débil y cuya economía se basa en sectores como la construcción y el turismo (que generan empleo temporal y no necesitan investigación), los cocineros académicos han de proponer:

  1. incrementar astronómicamente los presupuestos de investigación aplicables a industrias inexistentes, ya que, de acuerdo con el pensamiento y la gastronomía postmodernos, la realidad es conocimiento, todo es un texto y el mundo se crea a partir de las palabras, tal y como parece que hizo Dios en la Biblia

  2. controlar los presupuestos antes del desarrollo de la investigación, pero nunca después. Al fin y al cabo, ¿qué importan los resultados si no hay donde aplicarlos?

  3. sostener que investigar es un arte, como la gastronomía, que no tiene como fin satisfacer las bajas necesidades intestinales de unos supuestos clientes, sino meramente convencerlos de que se han gastado un montón de dinero en un plato que, aunque los ha dejado con hambre, era precioso.

  4. convencer a los políticos y a la opinión pública que, desde el Big Bang hasta el homo sapiens, el universo no ha sido más que un proceso de incremento de la organización y de desarrollo de la inteligencia. Debemos pasar de la materia a la forma, de lo inorgánico a lo orgánico y de la mera vida física a las más exquisitas formas de inteligencia que residen en la capacidad de organizarse, a sí mismo y a los demás.

Por todo ello debemos concluir nuestra receta mostrando nuestro menosprecio por la vieja e indigerible gastronomía, productora de grandes cantidades de residuos orgánicos y responsable de pesadas digestiones, y reivindicar estas nuevas artes de la buena mesa, fruto de la inteligencia y el buen gusto, en las que se aspira a conseguir la satisfacción del complacido y sacrificado cliente mediante el disfrute del diseño, las apariencias y la crédula idea de que ha conseguido compartir por un momento la excelencia y la calidad de un cocinero que sin embargo nunca estará dispuesto a renunciar a sus crecidos emolumentos.