Carlos Sevilla: La segunda ola de contrarreformas del Proceso de Bolonia

Carlos Sevilla: La segunda ola de contrarreformas del Proceso de Bolonia

En 2008 se abre una fase de reformas para ‘modernizar’ la gestión y financiación de las universidades europeas. Los cambios tocan aspectos básicos de la universidad y de los centros de investigación, como la ‘gobernanza corporativa’ y la captación internacional de estudiantes.

La reconversión industrial de las universidades y de la fuerza de trabajo cualificada pasa por una modificación sustancial de sus mecanismos de financiación y gobierno, que supondrán la transición de la universidad de masas a la universidad-empresa. “Universidades que sean más empresas y empresas que sean más universidades”, declaró Zapatero ante el Foro de la Nueva Economía en enero de 2007.

La Comisión Europea señalaba ya en 2005: “La UE ha financiado la conversión de sectores como la industria del acero o la agricultura. Ahora encara el imperativo de modernizar la “industria del conocimiento y en particular sus universidades” (COM 2005 152 final). El modelo de universidad-empresa implica un cambio radical: estudiantes ‘clientes’ que deben pagar por un ‘servicio’, con el consiguiente aumento de tasas para acercarse a los ‘costes reales’.

En este sentido, Anthony Giddens, teórico de la ‘tercera vía’ del laborismo británico, recomendaba en su artículo “Mejorar las universidades europeas” (El País, 10/4/2006) que para dotar con fondos adicionales a las universidades “la industria puede contribuir (…) pero sólo hay una fuente real de grandes ingresos adicionales: los estudiantes”.

El modelo de financiación actual depende de cuatro fuentes de ingresos: la principal es la financiación pública de la investigación y la enseñanza, en general; en segundo lugar, los donativos de particulares (mayores en EE UU que en Europa); tercero, ingresos derivados de la venta de servicios a empresas y de explotación de los resultados de la investigación; por último, las contribuciones de los estudiantes.

Recortes de gasto público

Las constricciones al crecimiento del gasto público, derivadas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE, establecen límites concretos a los aumentos de la financiación pública de las universidades. Según los últimos datos del Eurydice, el nivel actual de gasto público en la Educación Superior en la UE de los 27 es de 1,14% PIB, con grandes oscilaciones entre el 1% del Estado español, el 2,5 % de Dinamarca o el 0,78 % de Italia. El objetivo de la Comisión Europea es llegar al 2% del PIB, pero ese aumento deberá hacerse a través de la inversión privada: “Dada la actual situación, de estudios muy largos, altas tasas de abandono y de desempleo de los graduados, invertir más en el sistema actual puede ser percibido como improductivo o incluso contraproducente (…). Para atraer más fondos, las universidades tienen primero que convencer a los socios –gobiernos, compañías, familias– con que los recursos existentes son usados y que nuevos fondos producirían ‘valor añadido’ para ellos. Una alta financiación no puede ser justificada sin cambios profundos”.

Se trata de un modelo de financiación pública “selectiva y competitiva, en función de los outputs”, a través de un sistema basado en la competición por los recursos. Esta forma prevé, como ya se está desarrollando en buena parte del territorio europeo, la realización de acuerdos plurianuales de financiación entre el Estado, las regiones y cada universidad ligados a la consecución de determinados objetivos. Vendrán potenciadas la “venta de servicios (investigación, aprendizaje permanente y flexible) y la explotación de los resultados de la investigación”.

Para lograr estos objetivos, se incentivará una relación estructurada, cooperativa con la industria, a través del “desarrollo comercialmente relevante del training/retraining, los servicios de consultoría, ventajas fiscales y asociación con empresas”.

La universidad-empresa también captará sus recursos atrayendo a estudiantes de todo el mundo con la promoción de la fuga de cerebros (brain drain) de las élites de los países del Sur, que, por el momento, tienen como destino preferente las universidades estadounidenses. El elogio del modelo norteamericano contempla un punto controvertido: la propuesta de aumentar las tasas que pagan los estudiantes, cuya viabilidad aconsejan valorar los informes de la Comisión Europea a cada Estado.

Captación de fondos privados

En esta ‘segunda ola’ de reformas de Bolonia, se introducen ya los mecanismos de gestión empresarial de las universidades para la captación de fondos privados. Esto implica la transformación de los órganos de gobierno de las universidades según el modelo de los consejos de administración de las empresas. Se incrementará el presidencialismo de los rectores con la consiguiente pérdida de poder de los claustros, dará comienzo la autonomización de la gestión universitaria y la apertura al tejido empresarial local (consejos sociales). Ya se puede palpar el corporativismo estamental en el aumento de ránkings y en el establecimiento de agencias de calidad que distribuyan recursos en función de estos listados. Éste es el sentido de la ‘gobernanza corporativa’ de las universidades propuesta por la Comisión Europea.

Estas indicaciones han sido asumidas por la Comisión de Financiación del Consejo de Coordinación Universitaria –máximo órgano consultivo en materia de Educación Superior– en su modelo de financiación para las universidades españolas. Ante esta propuesta y la previsible reducción del catálogo de titulaciones para el próximo febrero se preparan espacios de discusión y de lucha, de estudiantes y docentes, al calor de los ‘focos’ de movilización contra el Proceso de Bolonia que se han sucedido en los últimos meses, especialmente en Francia.

Diagonal, 26/01/08