¿Censura en el CSIC?
Juan R. Goberna Falque: Affaire Bermejo
Juan R. Goberna Falque, Editor Científico del monográfico "Sociología del saber: el papel de las comunidades especializadas en el proceso de conocimiento"
Arbor, Vol CLXXXIV, No 731 (2008)
Tras mantenerme en un prudencial silencio en el transcurso de las tres últimas semanas, me he decidido finalmente a compartir mi punto de vista respecto a todo cuanto ha acontecido desde el pasado 6 de mayo con todas aquellas personas que hayan seguido con interés el caso de la retractación formal del artículo de José Carlos Bermejo Barrera.
He redactado este escrito, que presenta dos partes bien diferenciadas: en primer lugar, realizo un repaso cronológico del making-off del monográfico, para, a continuación, realizar una serie de puntualizaciones relativas al desempeño de mi labor como Editor científico.
1. EL PROCESO EDITORIAL DE “SOCIOLOGÍA DEL SABER: EL PAPEL DE LAS COMUNIDADES ESPECIALIZADAS EN LA PRODUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO” (Arbor 731, mayo-junio de 2008)
En el mes de enero de 2007, siendo todavía investigador contratado del Instituto de Historia del CSIC, concebí un proyecto editorial que versaba sobre el papel de las comunidades especializadas en la producción del conocimiento. Una vez diseñado el plan general de la obra contacté con una serie de investigadores a fin de invitarles a participar en el proyecto. Tras recibir las correspondientes aceptaciones, me entrevisté con Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, el Director de la revista Arbor: Ciencia, pensamiento y cultura, del CSIC, y le hice entrega de una copia del proyecto en la que se recogían los fundamentos teóricos del monográfico, el índice de temas propuestos y el listado de colaboradores, así como una breve semblanza biográfica mía. A los pocos días (8 de marzo de 2007), recibí un correo electrónico en el que el Director de Arbor me confirmaba que la propuesta había sido aceptada:
“Mi querido amigo: Me es muy grato confirmarte el encargo del monográfico de ARBOR que planteas como coordinador titulado: “SOCIOLOGÍA DEL SABER”. Te ruego hagas las gestiones oportunas con los autores indicándoles las normas de publicación que te adjunto, y la necesidad de que los trabajos estén ultimados en el mes de octubre de 2007. La publicación tendrá lugar en 2008 como segundo número del año: marzo-abril. Agradeciendo tu colaboración recibe un cordial saludo”
La edición científica y la coordinación del monográfico transcurrieron sin los mayores incidentes, más allá de unos leves retrasos que no alteraron en lo sustancial la programación final. La versión preliminar le fue remitida al Director de la revista el 17 de diciembre, quien me respondió tres semanas después con un e-mail en el que me felicitaba por el “excelente material” que le había enviado (10 de enero de 2008). Mis tareas como Editor continuaron todavía con la revisión de primeras pruebas. De la revisión de segundas pruebas, sin embargo, se encargó personalmente el Director de la revista.
El 26 de marzo recibí otro e-mail de Alberto Sánchez Álvarez-Insúa en el que me comunicaba que el monográfico había salido ya de la imprenta, y que se disponía a enviarme por correo ordinario los 10 ejemplares que me correspondían como Editor. Unos días más tarde recibí un CD con las diferentes colaboraciones en pdf, que distribuí entre los autores. Por último, les remití un correo electrónico colectivo para agradecerles el trabajo y recordarles que para el abono de la gratificación prevista tenían que ponerse en contacto con la revista. En ese momento consideré que mi labor de coordinación había concluido.
No fue hasta el 6 de mayo cuando comprendí que el monográfico iba a traer cola. Esa mañana recibí una llamada telefónica de un antiguo compañero del Instituto de Historia del CSIC informándome que el artículo de José Carlos Bermejo Barrera, “Estrategias institucionales y retórica de la ciencia en un grupo de investigación arqueológica español: una contribución a la sociología de la ciencia”, había sido retirado de la versión digital de la revista. En un principio pensé que podía tratarse de una desaparición accidental, pero los acontecimientos posteriores me hicieron ver que no. Decidí entonces escribirle al Director de la revista para solicitarle algún tipo de información al respecto. Tardará exactamente diez días en hacerlo.
Pero vayamos por partes. Cuarenta y ocho horas después de tener noticia, insisto, casualmente, de la misteriosa desaparición del artículo de José Carlos de la web de Arbor (jueves 8 de mayo, por la mañana), me entero, a través de uno de los colaboradores del monográfico, que la revista acababa de colgar la ahora famosa “Nota” en la que se informaba de que la Comisión de Publicaciones del CSIC había decidido revisar el proceso editorial que había concluido con la publicación del artículo de Bermejo. Para entonces, los rumores en el seno de varios institutos del CSIC, en la Universidad de Santiago de Compostela y sobre todo en varios foros de Internet se habían disparado.
El viernes 16 de mayo, a última hora de la tarde, el Director de Arbor se decidió, por fin (y perdonen la insistencia en la cronología, pero creo que en este asunto resulta absolutamente significativa), a informarme por e-mail de que la Comisión de Publicaciones había decidido bajar del sumario el artículo del profesor Bermejo porque, aseguraba, ese trabajo ya había sido publicado con anterioridad en versión electrónica y en papel, en gallego. Sin embargo, la intencionalidad de este e-mail no era primordialmente informativa (pues, como comprenderán, la información aportada ya circulaba extraoficialmente por múltiples foros), sino otra mucho más capciosa (RAE: “Dícese de las preguntas, argumentaciones, sugerencias, etc., que se hacen para arrancar al contrincante o interlocutor una respuesta que pueda comprometerlo, o favorezca propósitos de quien las formula”). Juzguen ustedes por sí mismos: “(...) la dirección del CSIC pregunta si existen evaluaciones favorables de los artículos publicados o si tú, como editor, decidiste su inclusión. Si hubo referees te agradecería mucho que me los enviaras a la mayor urgencia”. Me quedé boquiabierto. Obviamente, no respondí. Éticamente me sentí amparado por el hecho de que él me hubiese tenido a mí sin ofrecerme ningún tipo de información al respecto durante 10 larguísimos días y en la convicción de que, en depuración de responsabilidades, se me iba a señalar injustamente a mí con el dedo.
El martes 20 de mayo, una periodista gallega, Teresa Bugallal, de “La Opinión de La Coruña”, contactó conmigo por teléfono y me hizo una serie de preguntas al respecto del affaire Bermejo. Le contesté con toda exactitud todo cuanto sabía, distinguiendo en todo momento los hechos probados de las interpretaciones personales. Fue mi primera y, hasta ahora, única intervención directa en la polémica. Ese mismo día, una hora más tarde, recibí prácticamente el mismo e-mail que me había enviado Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, pero en esta ocasión firmado por Miguel Ángel Puig-Samper, Director del Servicio de Publicaciones del CSIC. Amén de reiterarme el deseo de saber si existían o no evaluaciones de los artículos, su mensaje incluía un juicio de valor poco afortunado, así que decidí continuar con mi silencio.
Por fin, en la mañana del miércoles 21 de mayo, todo cuanto se había estado incubando durante las dos semanas precedentes saltó por los aires. Por un lado, dos periódicos gallegos, La Opinión de La Coruña y Faro de Vigo, publicaron el artículo elaborado por Teresa Bugallal y titulado “El CSIC censura un artículo crítico con la política arqueológica de la Xunta”. Amén de las manifestaciones de Bermejo y las que yo mismo había realizado, me sorprendieron las palabras de Miguel Ángel Puig-Samper: «En la nota que el CSIC incorporará al artículo, hará constar -informó Puig- de que “hubo una mala conducta editorial, al no comprobar que el trabajo ya había sido publicado". "El director de la revista tendría que haberlo indicado en la publicación", dijo Puig, quien señaló que hacia él se dirige la "retractación", aunque precisó que el responsable de la edición del número, Juan Goberna, se lo había tenido que haber advertido antes».
Por lo que se ve, algo que se me escapa tuvo que suceder esa misma mañana que hizo cambiar de parecer a la Comisión de Publicaciones del CSIC, pues, para mi sorpresa, la Nota de Arbor en la que se informaba de la Retractación formal del artículo de Bermejo señalaba, sin el menor atisbo de sonrojo por parte de sus redactores, que la revisión del proceso editorial había puesto de manifiesto que dicho artículo incumplía “el requisito de originalidad exigido por la revista en su normativa, UN HECHO CUYA RESPONSABILIDAD RECAE EN EL EDITOR CIENTÍFICO DE ESTE NÚMERO MONOGRÁFICO AL NO SOMETER DICHO TRABAJO A UNA PRECEPTIVA Y CORRECTA EVALUACIÓN”.
2. LA RETRACTACIÓN FORMAL DEL ARTÍCULO DE J.C. BERMEJO. PUNTUALIZACIONES DEL EDITOR DEL MONOGRÁFICO
Una vez concluido este relato pormenorizado del desarrollo de los acontecimientos desde la concepción del monográfico hasta la retractación del artículo de Bermejo, quisiera realizar una serie de observaciones sobre la gestión del problema por parte del Comité de Publicaciones del CSIC así como unas puntualizaciones a la información oficial aportada:
- Sobre mis intenciones al concebir el monográfico, tal y como fue concebido. Que conste que lo explico porque ha habido gente muy próxima que me lo ha preguntado, no porque quiera acallar las estúpidas teorías complotistas y conspiratorias que han circulado por el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. La idea de editar un monográfico relativo a la sociología del saber, haciendo particular hincapié en el papel de las comunidades especializadas en la producción del conocimiento, fue un fruto más de un trabajo que acababa de terminar en el Instituto de Historia, en donde, por entonces, todavía trabajaba. Me estoy refiriendo a la edición crítica de la Física Social, de Auguste Comte, un filósofo que sufrió en sus carnes el poder de sendas instituciones, la École Polytechnique y la Académie des Sciences de París, las cuales optaron por excluir del cursus honorum (y de la peor de las maneras, además) al mayor filósofo francés de todos los tiempos, junto a Descartes. Es más: mi interés por estos temas tienen antecedentes ya muy lejanos, pues ya mi primera publicación, editada en 1994, fue precisamente un análisis de las estrategias institucionales de los Annales durante el largo periodo en la que dicha escuela estuvo dominada por la figura de Fernand Braudel. Cualquier otra interpretación del origen del monográfico es pura paranoia.
Algunos colegas me han preguntado que por qué motivos había decidido presentarle el proyecto a Arbor, y por qué había creído conveniente incluir finalmente el artículo de Bermejo, aún reconociendo su carácter polémico. Me pareció era una buena opción por ser una revista del CSIC, y yo, por entonces, trabajaba en y para el CSIC. Pero, sobre todo, porque tal y como se señala en el primer párrafo de su contraportada, esa revista pretende caracterizarse “por estar al servicio de la sociedad española y de la comunidad científica como instrumento de INFORMACIÓN, PUESTA AL DÍA, REFLEXIÓN Y DEBATE”. Precisamente era ese el interés que para mí podía tener la contribución del profesor Bermejo, en la confianza (con gran ingenuidad por mi parte, desde luego) de que las reacciones a su publicación sentasen las bases para un verdadero debate público, utilizando las plataformas habituales en toda querella científica: las revistas especializadas.
- Sobre la investigación del proceso editorial. No es de recibo que la Comisión de Publicaciones del CSIC no nos informara, en tiempo y forma, ni a José Carlos Bermejo Barrera ni tampoco a mí, de la presentación de una reclamación formal contra el dichoso artículo. A estas alturas, desconocemos el nombre o los nombres de las personas que presentaron tal reclamación así como su contenido. Toda la información de la que disponemos al respecto es la aportada en las dos Notas de Arbor. Tampoco conocemos la identidad de la “comisión independiente” ni podemos especular sobre su presunta objetividad. Téngase en cuenta, además, que tal Comisión no se ha preocupado por conocer las posibles informaciones que tanto Bermejo, como autor, o yo, como editor científico del monográfico, hubiéramos podido aportar. El adjetivo que mejor resume este tipo de prácticas es “obscurantista”.
- Sobre mi responsabilidad como Editor. No es de recibo que, sin mediar la firma de un contrato de edición en el que hubieran podido ser determinadas con precisión mis funciones como Editor, la Comisión de Publicaciones se atreva a pronunciarse al respecto y decida incluir una reprobación pública a mi labor. Tal y como se señala en las Normas de Publicación de la revista: “Los artículos y notas serán sometidos al criterio de expertos. El sistema de arbitraje recurre a los EDITORES de los números monográficos y a EVALUADORES EXTERNOS. Una vez aceptados los trabajos y atendidas las correcciones, deberá remitirse su versión definitiva en soporte informático”. ¿Cómo interpreté yo esta norma? Literalmente. Entendí que yo tenía que realizar una primera evaluación y que luego sería el Comité de Redacción de la revista quien se encargaría de designar a los evaluadores que realizarían la segunda evaluación. La sucesión de e-mails intercambiados por entonces con el Director de Arbor así lo confirma. El primer e-mail, titulado “Versión preliminar de ‘Sociología del saber’ ”, fue enviado el 17 de diciembre, tal y como señalé más arriba. La contestación de Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, producida tres semanas después, concretamente el 10 de enero de 2008, se iniciaba con una frase que no dejaba lugar a dudas: “ante todo, enhorabuena por el material del monográfico que es excelente”. Obviamente, no tengo la menor idea de si se trataba de una valoración personal o de la síntesis de una evaluación colectiva. Desde luego, no me preocupé en averiguarlo. Días después, el 21 de enero, le envié otro e-mail, con algunos datos más que me había solicitado, que titulé, significativamente, “Versión definitiva de ‘Sociología del saber’ ”.
A falta de mayor información al respecto, pues, como ya he indicado, nunca recibí más instrucciones que las señaladas en el e-mail de confirmación de la propuesta, yo había establecido dos criterios de evaluación preferentes: a) que los artículos cumpliesen los requisitos formales establecidos por la revista (encabezamiento, extensión máxima, bibliografía, referencias bibliográficas, notas a pie de página, etc.); b) que los artículos se ajustasen a las temáticas genéricas propuestas. Cumplidos ambos requisitos, consideré (ingenuamente, una vez más, al parecer) que tendrían que ser otros quienes realizasen la labor de la evaluación externa. Sólo cuando recibí los dos capciosos e-mails en los que se me preguntaba si existían evaluaciones favorables de los artículos publicados o si yo, como editor, había decidido su inclusión, comprendí que ni el Director ni el Consejo de Redacción de la revista se habían preocupado de hacerlo... Como también comprendí que iban a tratar de responsabilizarme a mi de las presuntas irregularidades detectadas en el proceso editorial que concluyó con la publicación del monográfico. Pero, por Dios, ¿cómo se les ocurre hacerme esa pregunta cuatro meses después de haberles remitido la versión definitiva del monográfico?
- Sobre los motivos alegados por la Comisión de Publicaciones del CSIC para justificar la retractación formal del artículo de José Carlos Bermejo. Mucho se ha dicho y escrito sobre el tema. Quisiera expresar aquí mi opinión al respecto, tan válida o inválida como la de cualquier otra persona. Como ya se ha comentado en varios foros, las Normas de Arbor indican, en efecto, que la revista publica “artículos originales”. Vayamos al RAE: “Original. 2. Dícese de la obra científica, artística, literaria o de cualquier otro género producida directamente por su autor sin ser copia, imitación o traducción de otra”. Pero, ¿de otra? ¿De otra del mismo autor, o de otra de otro autor? La definición, desde luego, se presta a interpretación. Pero yo me voy a permitir un ejemplo. Original... es la fórmula de la Coca-Cola, ¡de la que se producen varios millones de latas al día! La confusión desaparecería por completo si en Arbor le añadiesen el adjetivo “inédito”, esto es, “escrito y no publicado”, tal y como hacen infinidad de revistas científicas en nuestro país. O, como resuelve la revista Hispania, también del CSIC, introduciendo la prohibición de reproducir total o parcialmente textos ya publicados.
Es más: en la versión impresa de Arbor tampoco se alude en modo alguno a su sometimiento a las normas ISI. Recuérdese que ni los autores ni el editor firmaron contrato de edición alguno, y que tampoco recibí instrucciones a ese respecto. Por esa razón, la revista, como todas las publicaciones hechas en España, está sometida a la Ley de Propiedad Intelectual, que posee además mayor jerarquía normativa.
Pero aceptemos que, aún con esas, que “original” e “inédito” sean sinónimos y que tanto yo como Bermejo deberíamos saber que existe una ética científica que impide publicar el mismo trabajo en dos publicaciones diferentes. Pues bien: la Ley de Propiedad Intelectual define en el artículo 21 lo que se llama la “transformación de una obra” (y en esa definición entra la traducción), y dice que todos los derechos de la traducción, en este caso al gallego, son del autor. Es lo que tiene la legislación: que lo regula todo o casi todo. En el Artículo 48 se afirma que la cesión exclusiva de los derechos de una obra, debe hacerse de forma expresa (esto es, por escrito) cuando no hay contrato de edición, lo que no ocurre ni en el caso de Bermejo ni en del resto de los colaboradores. Y en otro artículo se señala que un contrato no es válido si no se formaliza.
Respecto a la consideración de fírgoa como “publicación científica”, sin tener ni Depósito Legal ni ISSN reconocidos, ha provocado tal hilaridad entre quienes han seguido de cerca este affaire, que excuso hacer cualquier otro comentario al respecto.
Considero, por tanto, que los argumentos esgrimidos por la Comisión de Publicaciones carecen de fundamento legal, normativo, consuetudinario y, por supuesto, ético. Y que conste que sólo los dos primeros fundamentos justificarían una decisión de tal calibre. De modo que la prueba del “delito” parece no ser más que una “construcción ad hoc” a fin de justificar una medida tomada de antemano. Por lo demás, le recuerdo al lector que la Nota de la Comisión nada dice al respecto de la presunta falta de objetividad ni de la presencia de juicios de valor en el texto del profesor Bermejo denunciados en la reclamación formal que está en el origen del affaire. Se supone que porque no ha encontrado rastro de ellos, ni elementos objetivos para su confirmación.
- Sobre la reclamación formal que voy a cursar en los próximos días ante la Comisión de Publicaciones del CSIC. En su injusto proceso de depuración de responsabilidades, a mí me ha correspondido ser señalado con el dedo acusador de ser el responsable (único, además) de lo que ellos denominan una “mala conducta editorial”. En mi reclamación formal voy a solicitar, en primerísimo lugar, la inmediata supresión de la ignominiosa mención que se hace en la Nota a mi responsabilidad en el asunto. En segundo lugar, voy a pedir que se me informe de la identidad y el contenido de la reclamación que está en el origen del proceso, así como de la identidad de los miembros de la “Comisión independiente” que juzgó mi actividad como Editor. Y por último, en tercer lugar, voy a sugerir que se constituya otra “Comisión independiente” que revise las posibles “duplicaciones” de artículos publicados por las revistas del área de Humanidades y Ciencias Sociales del CSIC en los últimos cinco años, a fin de que procedan a su retractación formal y sometan a sus respectivos editores, como en mi caso, a una reprobación también pública. Estoy en disposición de ofrecerles algunos títulos como muestra.
- Sobre el affaire Bermejo. Lamentable. Sencillamente lamentable. Nunca pensé que nada de esto pudiera llegar a suceder. De ahí mi más sentido arrepentimiento: lamento profundamente haberme involucrado alguna vez en esta aventura editorial (que no en el proyecto, que habría podido ser publicado en cualquier otra revista) y de haber implicado en su elaboración a dieciséis personas más que han aportado su conocimiento a una institución que no se merece el descrédito a la que la están sometiendo algunos de sus miembros. A los colaboradores del monográfico les ofrezco públicamente disculpas, por haberlos metido, sin haberlo pretendido, en este embrollo. Y particularmente a José Carlos Bermejo, una de las personas más honestas que he conocido jamás.
- Sobre mi relación con el CSIC, y el aprecio que siento por la institución. Lo digo bien alto y claro: estoy muy orgulloso de los años que he pasado en el CSIC, en la Escuela Española de Historia y Arqueología, en Roma; en el Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, en Santiago de Compostela; y en el Instituto de Historia, en Madrid. Se trata de tres institutos en los que, además de un numeroso grupo de EXTRAORDINARIOS PROFESIONALES, he encontrado a varios de MIS MEJORES AMIGOS. Otra cosa bien distinta opino de sus actuales (y para fortuna de la institución, pasajeros) rectores. Así lo siento, y así lo confieso.
Murcia, 26 de mayo de 2008
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