Ángel Montiel: El obispo valiente

Murcia: Mendoza y ReigÁngel Montiel: El obispo valiente

Han llegado a decir de él que sufre 'trastorno bipolar'. En privado, claro, para que la 'buena gente' vaya difundiendo la especie. En público, en las declaraciones a la prensa, la cosa se queda en que es una persona 'incoherente', los 'enterados' casan perfectamente lo segundo con lo primero. Es la técnica de la casa: a falta de respaldo argumental, luz de gas. Conclusión final: el obispo está p'allá.

Y casi que nos convencen de que es así, pero por otras razones. Muchos hemos sentido la sensación de vértigo cuando hemos visto que Reig Plá se ha plantado, lo que significa ponerse a la intemperie con el riesgo de ser barrido por fuerzas muy poderosas, las más, aquellas en que el diablo aparece con las alas pintadas de blanco. Frente a él han surgido apelaciones al mismísimo Papa -sin que el Papa haya dicho ni papa-, y hasta hay por ahí un escrito nada menos que del secretario de Estado vaticano, Bertone, que ha intentado ser pasado arteramente por sentencia tribunalicia cuando sólo era, y así lo ha constatado el obispo, un golpe de autoridad al margen de todo procedimiento ortodoxo: 'carta' -opinión personal- no 'decreto singular' -resolución de los dicasterios-. Una engañifa dirigida a las tragaderas del Gobierno regional, cuyo consejero de Educación, Medina Precioso, ni pincha ni corta y pide a gritos ser relevado en la próxima remodelación, o incluso por adelantado. Sus opiniones al respecto de la crisis UCAM - "El Gobierno hará lo que diga el Vaticano" (ni en la era de Franco se escuchó tamaña majadería) - son tomadas a estas alturas como el pito del sereno, hasta el punto de que ni el último becario en periodismo lo toma ya como referencia de autoridad en este caso.

Pero ¿y el Gobierno, es decir, Valcárcel? Todo apunta a que el Consejo del próximo viernes resolverá sobre el recurso del obispo a los estatutos de la UCAM en los que el presidente de la Fundación San Antonio, Mendoza, se atribuye la titularidad de la institución 'a perpetuidad'. La impresión es que el presidente Valcárcel echará balones fuera: doctores tiene la Iglesia, o sea, que lo resuelvan ellos. Pero los doctores que tiene la Comunidad, es decir, su servicio jurídico, ya lo tenía claro en 1999: la titularidad de la UCAM es de la Iglesia de Murcia, es decir, de la diócesis, y la Fundación San Antonio se limita a la gestión. Así quedó expreso en los documentos originales, y así lo entendió entonces cualquier ciudadano de esta Región. La UCAM es de la Iglesia, cuyo máximo representante en Murcia es el obispo, y no de un particular, pues en tal caso, según la legislación vigente, la UCAM no sería una universidad católica -derivada del Concordato-, sino una universidad privada.

Pues bien, estos días, los mismos servicios jurídicos que elaboraron aquellos informes -que el obispo ha colgado en la web de la Diócesis con paradójica discreción- han estado -ya está dicho que el día D es con mucha probabilidad el próximo viernes- buscando los términos ambiguos que permitan dictaminar que ni cosi -Medina más Mendoza- ni cosá -el obispo-. El tancredismo es práctica habitual en la jerga jurídica, de modo que no sería extraño que los servicios jurídicosd e la Comunidad se reinterpretaran ahora a sí mismos. Pero las ambigüedades tienen las patas cortas: este obispo recurrirá, no cabe duda, a los tribunales civiles si se ve obligado a ello, y ahí, la Justicia es la Justicia, sin apellidos.

¿Qué defiende Reig Plá? Nada personal. Ningún patrimonio propio. Se limita a representar los intereses de la Iglesia, que es la función que le fue encomendada mismos. Lo alucinante es que contra este deber no se le opongan las fuerzas del laicismo rampante, sino las de un sector de la propia iglesia, curiosamente el más rancio -los Rouco-Cañizares, de los que ha recibido reiteradas amenazas de ser 'expedientado'- y el seglar -El Seglar- que ha construido. sobre la base formal del desprendimiento personal y el desinterés lucrativo de las fundaciones, un imperio empresarial familiar del que, en caso de crac económico, respondería la diócesis, como acredita documentadamente el obispo.

iCómo es posible que un obispillo de provincia se plante frente a quienes pisan alfombra vaticana de un palmo de grosor? ¿Qué clase de desclasamiento es éste? ¿Cómu es que no se somete al dictado de los poderosos? ¿A dónde vamos a llegar? Pues todo el mundo lo entiende: al Evangelio. A ese pasaje en que Jesús -con gestos mas airados que los que con dulce paciencia emite este obispo- echó a los mercaderes del templo. Así de sencillo.

La Opinión, 28/05/08

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