Intermón Oxfam:Otra verdad incómoda:Cómo las políticas de biocombustibles agravan la pobreza y aceleran el cambio climático

Intermón Oxfam: Otra verdad incómoda: Cómo las políticas de biocombustibles agravan la pobreza y aceleran el cambio climático (PDF)

Resumen

En los países ricos, las políticas de biocombustibles se presentan como una respuesta a dos crisis: la crisis del cambio climático y la crisis del petróleo. Sin embargo, la evidencia demuestra que no son la solución a ninguna de ellas y que, por el contrario, contribuyen a una tercera: la actual crisis de los alimentos.

Escudándose en los biocombustibles, los gobiernos de los países ricos pueden evitar tomar decisiones difíciles pero urgentes sobre cómo reducir el consumo de petróleo, a la vez que cuentan con nuevas excusas para continuar con el costoso apoyo a la agricultura a expensas de los contribuyentes.

Mientras tanto, las consecuencias más graves de estas políticas – el agravamiento de la pobreza, la degradación del medioambiente y la aceleración del cambio climático – ya se están dejando sentir con fuerza en los países en desarrollo.

Ni son una solución a la crisis del cambio climático…

En la actualidad, las políticas de los países ricos en materia de biocombustibles no ofrecen medios seguros ni eficaces para combatir el cambio climático. Al aumentar la demanda de tierra para su cultivo, los biocombustibles desplazan la expansión de la agricultura hacia sumideros de carbono cruciales como los bosques, los humedales y los pastizales, con la consecuente liberación del carbono almacenado en el suelo y la vegetación. Costaría décadas, y en algunos casos siglos, de producción de biocombustibles para compensarlo. Todo ello en un momento en el que las emisiones deben alcanzar su punto máximo entre los próximos 10 a15 años, antes de empezar a descender:

  • Análisis publicados en la revista Science indican que se tardarán 167 años en compensar las emisiones de carbono provocadas por el cambio de uso de la tierra a nivel global como resultado del programa de los Estados Unidos para la producción de etanol a partir del maíz.
     
  • El consumo de biodiesel de la Unión Europea (UE) está conduciendo a una vertiginosa demanda de aceite de palma, tanto para su uso como biodiesel como para reemplazar al aceite de colza y otros aceites comestibles cuyo cultivo ha sido desviado hacia el programa europeo de biocombustibles. Oxfam predice que en el año 2020 las emisiones resultantes del cambio de uso de la tierra por la expansión del cultivo de palma podrían haber alcanzado entre 3.100 y 4.600 millones de toneladas de CO2, lo que representa entre 46 y 68 veces el ahorro anual que la UE espera haber alcanzado ese año a través del uso de los biocombustibles.

Incluso si ignoramos los efectos del cambio de uso de la tierra, los biocombustibles constituyen una forma demasiado costosa de reducir las emisiones procedentes del transporte. Mejorar la eficiencia en los vehículos es mucho más rentable: mientras que los costes en los que se incurre para evitar la emisión de una tonelada de CO2 mediante el uso de biocombustibles ascienden a cientos de dólares, unos niveles de eficiencia de los vehículos más exigentes pueden producir beneficios, pues el ahorro en el consumo de combustible supera los costes tecnológicos. La biomasa puede ser utilizada de una forma mucho más eficiente en aplicaciones estáticas, como calderas comerciales o una combinación de calor y generación de electricidad.

…ni son una solución a la crisis del petróleo

En la actualidad, las políticas de los países ricos sobre biocombustibles no ofrecen medios seguros ni eficaces para abordar la seguridad en materia de combustibles. El consumo de petróleo en los países ricos es tan elevado que para que los biocombustibles fueran una alternativa relevante serían necesarias cantidades inmensas de producción agrícola. Aunque toda la cosecha de maíz de los Estados Unidos fuera desviada hacia la producción de etanol, sólo se podría sustituir uno de cada seis galones de gasolina vendidos en los Estados Unidos. Si todo el suministro mundial de hidratos de carbono (almidón y cultivos de azúcar) se transformara en etanol, sólo se llegaría a reemplazar, como máximo, el 40 por ciento del consumo mundial de gasolina. Y si toda la producción mundial de oleaginosas se destinase a biodiesel, no sería capaz de alcanzar ni tan siquiera un 10 por ciento del consumo de diesel.

Además, los costes de utilizar los biocombustibles para mejorar la seguridad en el suministro de combustibles son prohibitivos. El propio organismo de investigación de la Comisión Europea ha estimado que el objetivo de la UE de sustituir el 10 por ciento del consumo energético del sector transporte en la UE por biocombustibles costará alrededor de 90.000 millones de dólares desde ahora hasta 2020, y ofrecerá una mayor seguridad energética valorada tan sólo en 12.000 millones de dólares. Las políticas dirigidas a reducir la demanda de combustibles para los transportes, tales como la adopción de normas para mejorar la eficiencia de los vehículos, son mucho más seguras y más rentables.

Entretanto, 30 millones de personas son arrastradas a la pobreza

Los mandatos y las medidas de apoyo para la producción de biocombustibles en los países ricos contribuyen a la subida de los precios de los alimentos, ya que desvían cada vez más cultivos alimentarios y tierra agrícola hacia la producción de combustibles. Entretanto, el etanol de Brasil elaborado a partir de azúcar de caña (cuya producción tiene un impacto mucho menor en los precios mundiales de los alimentos) es excluido mediante el uso de aranceles a la importación.

Según el Banco Mundial, el precio de los alimentos ha aumentado un 83 por ciento en los últimos tres años. Para las personas pobres del mundo, que gastan entre el 50 y el 80 por ciento de sus ingresos en comida, las consecuencias son desastrosas. Oxfam calcula que la subsistencia de al menos 290 millones de personas se encuentra en peligro inmediato debido a la crisis de alimentos, y el Banco Mundial afirma que 100 millones de personas han caído ya en la pobreza como resultado de la misma. El 30 por ciento del aumento experimentado por los precios de los alimentos es atribuible a los biocombustibles, lo que sugiere que éstos han puesto en peligro la subsistencia de casi 100 millones de personas, y han arrastrado a la pobreza a más de 30 millones.

El Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, en sus siglas en inglés) señala que, al haber forzado la subida de los precios de los alimentos, el apoyo de los países ricos a los biocombustibles actúa como un impuesto sobre aquéllos: un impuesto regresivo que afecta en mayor medida a las personas pobres, para las cuales la compra de alimentos representa una proporción mayor de sus ingresos. Se calcula que el año pasado los países industrializados gastaron entre 13.000 y 15.000 millones de dólares “gravando impuestos” sobre los alimentos, lo que equivale a la cantidad de financiación necesaria para ayudar a las personas que corren peligro inmediato por la crisis de los alimentos. Estas cantidades continuarán aumentando vertiginosamente a medida que los países ricos incrementen su consumo de biocombustibles.

El verdadero atractivo del etanol y el biodiesel para los gobiernos de los países ricos reside en su utilidad como vía para continuar con su apoyo a la agricultura. Oxfam insta a estos países a que desmantelen de forma urgente el apoyo y los incentivos para los biocarburantes, con el fin de evitar agravar aún más la pobreza y la aceleración del cambio climático.

En concreto, los países ricos deben:

  • congelar el establecimiento de nuevos mandatos para los biocombustibles, y llevar a cabo una revisión urgente de los actuales objetivos que contribuyen a agravar la pobreza y a acelerar el cambio climático;
     
  • desmantelar los subsidios y las exenciones fiscales de que disfrutan los biocombustibles, y reducir los aranceles a la importación;
     
  • abordar el cambio climático y la seguridad en el suministro de combustibles a través de medidas más rentables, dando prioridad al establecimiento de normas que obliguen a mejorar la eficiencia de los vehículos.

¿Una oportunidad para los países en desarrollo?

Es probable que los biocombustibles ofrezcan oportunidades reales de desarrollo a los países pobres, que tienden a beneficiarse relativamente de la producción de materias primas alimentarias. Sin embargo, los costes económicos, sociales y medioambientales podrían ser demasiado altos.

Oxfam recomienda que los países en desarrollo actúen con cautela a la hora de desarrollar sus estrategias sobre biocombustibles, atendiendo las necesidades de las personas pobres que viven en zonas rurales.

En concreto, los países en desarrollo deben:

  • dar prioridad a proyectos bioenergéticos que proporcionen fuentes de energía renovable a los hombres y mujeres pobres que viven en zonas rurales. Es poco probable que se trate de proyectos de etanol o biodiesel;
     
  • considerar los costes, y no sólo los beneficios, implicados en las estrategias sobre biocombustibles. Esto es: los costes financieros de apoyar los biocombustibles, los costes de oportunidad de estrategias alternativas en desarrollo agrícola y de reducción de la pobreza, así como los costes sociales y medioambientales.

En el caso de que decidan proseguir con estrategias para promover los biocombustibles, los gobiernos de los países en desarrollo deben:

  • cumplir con sus obligaciones derivadas del derecho y las convenciones internacionales, incluyendo el derecho a la alimentación, garantizar condiciones laborales dignas y asegurar el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades afectadas antes de dar comienzo a cualquier proyecto de biocombustibles;
     
  • dar prioridad a las materias primas y a los modelos de producción que maximicen las oportunidades para los pequeños agricultores y agricultoras.

Y las empresas e inversores que operan en los países en desarrollo deben:

• garantizar que ningún proyecto de biocombustibles se lleva a cabo sin el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades locales; y que los trabajadores y las trabajadoras en todas las fases de producción disfrutan de condiciones laborales dignas;

  • tratar a los pequeños agricultores (hombres y mujeres),de manera justa y transparente;
     
  • proporcionar a los pequeños agricultores que trabajan en sus cadenas de valor la suficiente libertad de elección para que puedan decidir en relación a sus cultivos, con el fin de garantizar su seguridad alimentaria y la de sus familias.

Intermón Oxfam, 30/06/08

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