José Carlos Bermejo Barrera: La paradoja de la publicación

José Carlos Bermejo BarreraJosé Carlos Bermejo Barrera: La paradoja de la publicación
José Carlos Bermejo Barrera, Universidad de Santiago de Compostela

Se formula la paradoja de la publicación del modo siguiente:

Todo conocimiento debe ser dado a conocer por uno o varios sistemas que lo hagan público. Se llama a esos sistemas medios de publicación. Lógicamente el incremento del conocimiento debería traer consigo un incremento del número de publicaciones .de un modo prácticamente exponencial. Sin embargo no es así, dado que existen puntos de saturación para la oferta de conocimiento y para la oferta de publicaciones. Si esto no se tiene en cuenta, el incremento excesivo del número de publicaciones irá en detrimento de la calidad en la búsqueda del conocimiento. Con lo que se producirá la paradoja de la publicación.

Para poder comprender esta paradoja deberemos comenzar por distinguir los campos del conocimiento de los campos de la publicación. Los campos del conocimiento y los campos de la publicación poseen una serie de propiedades en común, pero también otras que los diferencian sustancialmente. Normalmente los científicos y muchos filósofos de la ciencia creen que el campo de conocimiento y el campo de publicación de una determinada materia pueden superponerse porque asumen - sin ser capaces de definirlo- el principio de la armonía preestablecida, que se concibe de un modo similar a la mano invisible, que según los primeros economistas liberales regularía el equilibrio de la oferta y la demanda en el mercado de un modo perfecto.

Campo de conocimiento:

Llamamos campo de conocimiento- o teoría científica en el sentido que K.S. Popper e I. Lakatos dieron a este término - a una construcción social e histórica en la que un grupo de personas de una o varias sociedades en una determinada época creen poder dar cuenta de un determinado tipo de fenómenos (físicos, químicos, biológicos, sociales o intelectuales…) mediante uno o varios sistemas que sean capaces de:

  1. delimitar la clase de los fenómenos a estudiar

  2. establecer procedimientos de observación, descripción y sistematización de los mismos

  3. crear un leguaje, dotado de una semántica (vocabulario) y una sintaxis que permita cumplir las funciones 1) y 2), y expresar el conocimiento adquirido de modo que pueda ser compartido por el conjunto de personas que formen en ese momento lo que se llama una comunidad científica.

En un campo de conocimiento deberemos distinguir cuatro clases de conocimiento, que pueden ser agrupadas de dos maneras: los conocimientos tácito y explícito, y el conocimiento adquirido y el conocimiento innovador.

Se llama conocimiento tácito a todo el conjunto de los conceptos, ideas, observaciones, rutinas, habilidades, así como a todo el conjunto de medios materiales e institucionales, sin los cuales sería imposible el logro de un deteminado tipo de saber. Los especialistas pertenecientes a un determinado campo de conocimiento no son conscientes plenamente de todo lo que forma el conocimiento tácito, ya que en él confluyen:

  1. sistemas tecnológicos que pueden tener ya una larga vida en el momento en el que se realiza una investigación

  2. miles de ideas y principios que se dan por conocidos y demostrados y sin los cuales el conocimiento no sería posible

  3. estructuras institucionales que regulan y jerarquizan las funciones de las comunidades científicas, y que pueden estar condicionadas por razones económicas, politicas, sociales o religiosas, de las que los científicos pueden no llegar a ser plenamente conscientes, o que pueden asumir de modo rutinario.

Partiendo del conocimiento tácito se formula el conocimiento explícito, que es aquel que halla expresión verbal (lingüística o matemática) en diversas formas: manuales y tratados, papers o ponencias, conferencias o debates. El conocimiento explícito es una mínima parte del conocimiento y tiende, con el paso del tiempo, a convertirse en conocimiento tácito.

El conocimiento explícito, es decir, claramente formulable, puede a su vez dividirse en conocimiento adquirido y conocimiento innovador.

Se llama conocimiento adquirido al conocimiento básico de un campo de conocimiento, que es compartido y más o menos conocido por todos y cada de los miembros de una comunidad científica. Ese conocimiento adquirido tiende a ser prácticamente anónimo, quedando la autoría de un descubrimiento en un conjunto de nombres propios que se asocian con los descubridores de grandes hechos o con aquellos que consiguieron formular una determinada ley o un teorema concreto, por ejemplo. Ese conocimiento se sintetiza en los grandes tratados y manuales y es su posesión lo que otorga a una persona su condición de miembro de un determinada comunidad científica.

Se llama conocimiento innovador a aquel que introduce nuevos datos, observaciones, o que formula hipótesis y elabora teorías de diferentes grados de amplitud, o formula leyes en un determinado campo de conocimiento.

En el conocimiento innovador, al contrario que en el conocimiento adquirido, es fundamental la noción de autor o autores, y el proceso de publicación, así como el proceso de reconocimiento de los honores académicos e investigadores de los miembros de una determinada comunidad científica.

Los honores que se manejan en un campo de conocimiento poseen diferentes grados y tienden a ser escasos; por ello se establece una dura competencia para su conquista. Y de esa competencia se derivan beneficios académicos, económicos y socio-políticos (es decir, de control de las instituciones políticas y científicas sin las cuales los complejos procesos de investigación tecno-científica serían imposibles). Por esa razón puede definirse la lucha por la consecución de los honores derivados del descubrimiento del conocimiento innovador como un mercado ideal en el que un conjunto de personas se disputan la conquista de unos bienes escasos, que no son necesariamente mercancías ni dinero.

Todo campo de conocimiento posee una historia, que se puede definir mediante una función que expresa su rendimiento en el tiempo. En un campo de conocimiento o en una teoría científica se pueden distinguir tres fases o momentos. En un primer momento el rendimiento de la teoría es muy alto, tanto en lo que se refiere a la observación y sistematización de los hechos como a la formulación de sus teorías o leyes. En un segundo momento la fecundidad de la teoría se ralentiza, y puede ocurrir que esa teoría se quede estancada o fosilizada, o que entre en crisis y necesite ser sustituida por una nueva teoría, tal y como han puesto de manifiesto Popper, Lakatos, Kuhn y muchos más historiadores de la ciencia.

La dinámica de un campo de conocimiento está determinada por los factores siguientes:

  1. la amplitud del campo de las observaciones posibles establecida por la delimitación del tipo de fenómenos que pretende estudiar.

  2. los medios materiales y técnicos de observación, que pueden permitir la percepción de una clase de fenómenos y no otra (por ejemplo un telescopio óptico no permite captar la radiación cósmica).

  3. las teorías (matemáticas o de otro tipo) que pueden permitir, o no, pensar y explicar un deteminado tipo de fenómenos (la geometría euclidiana, por ejemplo, no es adecuada para analizar los campos gravitatorios cósmicos).

Todos estos factores se relacionan entre sí a través de las interrelaciones entre los conocimientos tácito y explícito, adquirido e innovador, y se estructuran de una forma muy compleja que puede tener sólo un pequeño reflejo en el proceso de publicación.

Teóricamente los historiadores de la ciencia podrían, al estudiar un determinado campo de conocimiento, establecer la función del rendimiento de ese campo en un determinado tiempo, si y sólo si ese campo estuviese definitivamente cerrado. Ello podría servir como modelo para intentar entender la dinámica de los campos de conocimiento científico, dinámica que los propios científicos no son capaces de comprender debido a que ellos forman parte de ese campo al asimilar los conocimientos tácito y explícito del mismo, y por no poder dudar del conocimiento adquirido que lo define (puesto que si dudasen radicalmente de ese conocimiento adquirido perderían su identidad como científicos pertenecientes a ese campo).

La dinámica de un campo de conocimiento y de un campo de publicación no coinciden plenamente, puesto que sólo una pequeña parte de lo que constituye esa clase de conocimiento se explicita, y además porque sólo se tiende a valorar en cada comunidad científica el conocimiento innovador.

Por ello será necesario establecer cuáles son los puntos básicos de la dinámica del proceso de publicación en un campo dado.

Campo de publicación.

Se llama campo de publicación al conjunto de los textos, o papers, que los medios acreditados como tales en ese campo hacen públicos en un deteminado período de tiempo.

En un campo de publicación podremos distinguir dos elementos: la oferta de publicación y la demanda de publicación.

Se llama oferta de publicación al número de unidades de conocimiento (para simplificar papers) que el conjunto de los miembros que forman una comunidad científica son capaces de producir en un determinado tiempo. Podríamos tomar como medida por ejemplo 5 años, puesto que un trabajo tarda en ser publicado y reconocido, y a ese tiempo le llamaremos tiempo T.

La oferta de publicación está sometida a los siguientes mecanismos:

  1. todo miembro de una comunidad científica desea publicar en el tiempo T el mayor número de papers posibles, puesto que de ello se derivan los honores que necesita conquistar.

  2. todo miembro de una comunidad científica necesita ser reconocido por sus pares, ya sea publicando sus trabajos en las revistas que por su clasificación le otorgan prestigio, o acudiendo a reuniones, congresos o impartiendo cursos en los que la exposición - oral o escrita- de sus conocimientos innovadores le conceda prestigio.

  3. en ese proceso de reconocimiento se aúnan la competencia para poseer los honores que necesariamente le deben ser sustraidos a otros y la cooperación con los demás, en tanto que contribuyan al reconocimiento propio.

  4. la acción simultánea de todos los miembros de una comunidad científica [M (cc)] en un tiempo T tiende a que se produzca un número creciente de papers que funciona como una oferta que se disputa la demanda que ofrecen los lugares posibles de publicación.

  5. como el número de papers producidos es mayor que el número de papers publicables, a nivel ideal, se produciría una regulación darwiniana o mercantil del proceso, en el cual sólo sobrevivirían los más aptos gracias a los procesos de selección que el número finito de medios de publicación de un campo C permite.

  6. ese proceso de selección natural, o de competencia en el mercado, al asegurar la supervivencia del más apto, sería el medio más objetivo de lograr la búsqueda de la verdad, puesto que la validez de un paper, y del conocimiento en general, tiene que ser compartida. Si ello fuese exactamente así, sí que se podría hablar de la existencia de una mano invisible que regula el proceso de publicación y consigue el logro de la armonía preestablecida entre lo publicable y lo publicado y entre lo publicado y lo que se puede conocer.

Para que esto fuese posible deberían darse además las condiciones siguientes, referidas a las magnitudes de los miembros de una comunidad científica:

  • toda comunidad científica, en el campo de la publicación, puede definirse como un conjunto de miembros M(cc) que posee un número medio de papers que los hace merecedores de pertenecer a esa comunidad.

  • como el número de papers publicados es muy limitado, podría calcularse el número de miembros posibles de una comunidad científica dividiendo el número de papers publicados en un determinado tiempo (30 años, si se toma como una vida académica media) por el número de investigadores posibles (por supuesto cada uno de ellos poseería una curva de rendimiento de la publicación relacionada con sus circunstancias personales y académicas).

Sin embargo no son los medios de publicación los que fijan el número de investigadores. Por ello tendríamos que deducir dos posibilidades:

  1. si se incrementa el número de investigadores en una comunidad científica y el número de papers publicables es el mismo, el rendimiento medio de cada investigador tendería a ser decreciente, lo que estaría en contra de la lógica de un sistema en el que la competencia exige incrementar el número de publicaciones individuales o colectivas

  2. dado que la dinámica académica de reproducción de las comunidades científicas tiende a que éstas incrementen su tamaño, y dado que el rendimiento medio de los investigadores no puede disminuir, consecuentemente será necesario:

  • incrementar el número de medios de publicación y consecuentemente:

  • favorecer un proceso de merma de la calidad de las publicaciones, ya que la ampliación de la demanda, al acoger una mayor cantidad de oferta y disminuir la competencia, trae consigo un detrimento de la calidad, mediante un mecanismo similar al que regula los precios en el mercado real de bienes y servicios.

Ello es así además por dos razones complementarias: porque en el proceso de publicación se valora la cantidad de publicaciones, que se miden por símbolos externos, y no necesariamente su calidad, siendo esos símbolos externos los índices de clasificación de las revistas. Y porque las revistas científicas y sus jerarquizaciones forman parte de un mercado real, regido por las leyes de la economía, en el que un número muy pequeño de editores en todo el mundo controla los campos concretos de publicación.

Esos editores aspiran, como es lógico, a ganar dinero, lo que consiguen con unos precios de suscripción muy elevados y mediante un control, casi monopolístico, de casi todos los campos de publicación, así como gracias a las estrategias que les permiten mantener a sus revistas en los niveles altos de las clasificaciones. Y ello no sólo y necesariamente gracias a los niveles de calidad de las mismas.

Como las comunidades científicas aceptan, y contribuyen a establecer, estos criterios de jerarquización de honores, consecuentemente las instituciones académicas y de investigación pasan a entrar en una relación de dependencia de esos grandes grupos editoriales, que gracias a su control real del mercado económico, se convierten a su vez en los reguladores del mercado de los honores académicos, pudiendo además establecer normas de control tanto en el campo de la producción del conocimiento como en el de su publicación; dos campos que, tal y como hemos visto, no coinciden necesariamente.

Las revistas científicas pueden estar en relación, o no, con sociedades científicas especializadas, o con insituciones académicas, aunque ello no siempre es así.

Seálo o no, lo que sí es cierto es que las revistas científicas determinan y condicionan la expresión y la creación del conocimiento, gracias al establecimiento de sus normas y condiciones de publicación. Se denomina a ello demanda de publicación.

La demanda de publicación condiciona el campo del conocimiento del modo siguiente:

  1. porque establece el paper como unidad de publicación, y contribuye a que se le confunda con una hipotética unidad de conocimiento

  2. porque delimita los campos especializados de publicación de modo a veces forzado, puesto que en el proceso de conocimiento sus límites no son tan claros

  3. porque establece convenciones formales, de extensión de los trabajos, del modo de estructuración interna de los mismos, de la expresión de los contenidos, así como los modos de manejo de la documentación y la bibliografía.

  4. porque sólo gracias al reconocimiento de un trabajo por parte de otros trabajos publicados en esas mismas revistas el primero de estos trabajos pueden alcanzar el reconocimiento, al que se le denomina calidad

  5. porque posee la capacidad de excluir del campo de lo publicable todo aquello que por su complejidad no pueda entrar en los límites de algunas de las revistas especializadas reconocidas

  6. porque gracias al uso del argumento de autoridad por parte de editores, de comunidades científicas y de científicos individualmente considerados, se logra que se confunda el funcionamiento de unos criterios más o menos correctos de control de la calidad de un paper (es decir, de su ajuste a los modos en los que el conocimiento tácito y explícito de un campo de conocimiento se configura en un momento dado) con las normas absolutas de producción de toda clase de conocimiento y de cada uno de los conocimientos específicos que las sociedades humanas son capaces de producir en un momento histórico determinado.

En el ajuste entre la oferta y la demanda de publicación intervienen pues varios factores que permiten poner en duda la existencia de una mano invisible que logra que el desarrollo del conocimiento posible y su formulación en publicaciones científicas coincidan de modo tal que pudiésemos decir que científicamente vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Esos factores serían:

1- el exceso de oferta, inducida por la presión académica e institucional. Una oferta que obedece a las razones humanamente comprensibles de conseguir mejores puestos de trabajos, mejores sueldos y el mayor grado de reconocimiento personal y social, sin el cual es imposible mantener el esfuerzo psicológico y mental que la investigación científica requiere.

La existencia de esas mismas razones psicológicas, por otra parte, también permite explicar todo tipo de excesos humanos en los que los científicos pueden caer, debido a su ambición excesiva en el campo de los honores, o a su deseo de controlar las instituciones académicas y los fondos económicos necesarios para la investigación.

2- el error capital de confundir las unidades de honor académico con hipotéticas unidades de conocimiento y de valorar el conocimiento y las publicaciones con criterios meramente aritméticos y además de una simplicidad matemática absoluta, según la cual 1+1= 2.

3- el incremento excesivo de la demanda de publicación, presionada de un lado por la oferta, pero condicionada a su vez por las leyes del mercado editorial real, en el que los empresarios desean razonablemente incrementar sus beneficios, bien subiendo los precios, o bien aumentando el número de sus mercancias-revistas. Con lo cual se podría decir que hay un doble proceso inflacionario, en el que el incremento de la oferta de trabajos publicables, unida al del número de trabajos publicados, puede suponer una merma de la calidad del conjunto de los mismos, y de buena parte de ellos.

Queda, pues, confirmada la existencia de la paradoja de la publicación, según la cual en el mundo desarollado actual la presión académica y la dinámica de las empresas dedicadas a las publicaciones científicas - sean en el formato que sean- ha llevado a los procesos de publicación en una gran cantidad de campos científicos a saturar los universos de trabajos concebibles y publicables.

Dicho proceso de saturación no es percibido con toda claridad por parte de los científicos debido a que comparten los sistemas de valores sobre los que dicho proceso de saturación se desarrolla, aunque comienzan a levantarse voces críticas en este sentido. Unas voces que denuncian que en el momento presente el proceso de creación de publicaciones puede llegar a convertise en un monstruo o en una especie de “gen egoísta” que no aspira más que a reproducirse a sí mismo, con el grave problema de que podría incluso llegar a deteriorar el proceso real de creación del conocimiento científico.

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