Jaime Gómez Márquez: Retos de la Universidad gallega

Jaime Gómez Márquez: Retos de la Universidad gallega
Jaime Gómez Márquez, Decano de la Facultade de Bioloxía, Universidade de Santiago de Compostela

Las universidades están inmersas en el proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior y en una expansión de la actividad investigadora. La Universidad gallega necesita un proceso profundo de transformación a muchos niveles. Hay dos retos fundamentales que, en mi opinión, deberá afrontar el próximo Gobierno gallego: la reordenación del mapa de titulaciones y el nuevo plan de financiación.

Hay en Galicia titulaciones que están duplicadas, triplicadas y aún más. Esta situación tuvo su origen en una deficiente segregación de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) para crear las de A Coruña y Vigo, ya que se hizo en gran medida respondiendo a intereses coyunturales y localistas. La deriva posterior no ha mejorado la situación y en algunos casos la ha empeorado. La situación actual es preocupante porque hay titulaciones repetidas con muy pocos alumnos, que tienen escasa demanda social y le cuestan mucho al erario público. Además, en muchos casos, la redundancia de titulaciones provoca que se generen más licenciados de los que el mercado laboral puede asimilar, produciendo frustración personal y fracaso social, ya que se forman profesionales que no podrán ejercer como tales. ¿No sería mejor tener en Galicia una única facultad para cada titulación? Creo que sí. Las universidades donde se suprimiera una titulación podrían implantar otras carreras afines y másteres. Los profesores afectados se integrarían en las nuevas titulaciones o tendrían su docencia en la universidad en la cual permaneciese la titulación. Este tipo de reorganizaciones se harían después del necesario proceso de diálogo y análisis objetivo de la realidad, que encontraría una fuerte oposición por parte de personas, instituciones y colectivos. Las decisiones trascendentales hay que tomarlas en clave de país y no de intereses particulares por muy respetables que sean, y han de ser las más razonables y beneficiosas para el futuro, aunque ello signifique la supresión de titulaciones o la reconversión de plantillas.

Por lo que respecta a la financiación, es claro que necesitamos un nuevo sistema y más recursos. En eso estoy de acuerdo con los rectores (¿puede alguien no estarlo?). Pero un incremento en la financiación solo será útil si se cumplen tres condiciones: 1) tener docentes e investigadores bien formados y productivos, lo que implica cambiar el sistema vigente de contratación de profesorado que solo busca la estabilización del personal y no la calidad; 2) poseer infraestructuras adecuadas, bien dimensionadas y ajustadas a la realidad e intereses de Galicia, y 3) aplicar una política presupuestaria equilibrada y austera que permita un crecimiento de la Universidad responsable y sostenible, que no esté demasiado condicionado por la situación económica y política.

Es evidente que la Xunta de Galicia está tomando decisiones que van en la línea de mejorar la financiación de la Universidad gallega y ello en un momento económico poco favorable. Sin embargo, cabe preguntarse por qué en los años de bonanza los Gobiernos gallegos no han dotado a la Universidad de recursos suficientes para su desarrollo docente e investigador. ¿Por qué la Xunta de Galicia ha permitido que la USC alcance unos niveles de endeudamiento tan elevados? ¿No había mecanismos de control y de ayuda? Aunque sea demagógico decirlo, ¿qué sentido tiene enterrar millones de euros en la cuestionada Ciudad de la Cultura y dejar hipotecada la Universidad, principal foco generador de cultura de un país? Es cuestión de prioridades. La Ciudad de la Cultura puede esperar, pero las universidades no.

Estamos en un período de crisis económica global y de cambios profundos en la Universidad. Aunque es prudente aplicar aquello que dijo Ignacio de Loyola, «en tiempos de tribulación no hacer mudanza», no se debe retrasar mucho la toma de decisiones, porque para ganar el futuro necesitamos unas universidades fuertes con un firme compromiso con la sociedad, que sean diversas, con una oferta específica atractiva, y que compitan pero también colaboren. A todos nos va mucho en ello.

La Voz de Galicia, 24/10/08