Xosé Luis Barreiro: Otro suspenso para la Universidad española

Xosé Luís Barreiro RivasXosé Luis Barreiro Rivas: Otro suspenso para la Universidad española
Profesor titular de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Santiago de Compostela

En el ránking establecido por el Lisbon Council, la Universidad española ha sido calificada como la peor entre 17 países desarrollados (15 de la UE, más Estados Unidos y Australia). La noticia no es nueva, pero no por eso ha dejado de causar un gran revuelo entre los yuppies de la academia -cada vez hay más yuppies y menos profesores- que creen que nuestras universidades están a punto de zozobrar. Y por eso voy a desdramatizar un poco, tratando de modificar la realidad por el viejo procedimiento de cambiar el punto de observación.

Empezaré por decir que, vistos los criterios evaluadores del Lisbon Council, casi es mejor estar de últimos que de primeros, y que el resultado solo es dramático para los papanatas que, además de dar por sentado que todas las evaluaciones son desinteresadas y objetivas, aceptan a pies juntillas el concepto de Universidad que alienta detrás de estos ránkings que tanto nos martirizan. Si algún mal afecta a nuestra Universidad es la diarrea de evaluaciones y planes de calidad que la menean sin pausa, y que nos obliga a perseguir todas las medallas antes de discutir los criterios de excelencia que nos proponen.

La idea de que la buena Universidad es aquella que responde a la demanda laboral, o la que se renueva constantemente en sus aspectos formales, es más que discutible. Y en nada me parece bueno ni moderno perseguir la excelencia que es propia de otros modelos, habiendo renunciado a defender y evaluar el nuestro un poco más allá de la inserción laboral de los egresados y del interés del primer empleador.

La mayoría de los ránkings, elaborados en el dominante ambiente anglosajón, se basan en la excelencia autodefinida de su modelo. Y por eso producen un resultado que, lejos de objetivar nuestra calidad, solo nos garantiza que no somos iguales a ellos. En tales circunstancias, si alguien ya ha decidido que la excelencia es lo mismo que la homologación, estamos apañados. Pero si todavía queremos colaborar a definir el modelo general que ahora se nos impone por simple adhesión acrítica, me temo que los ránkings informan muy poco sobre la realidad.

Contemplen, si no, lo que pasó con el sistema financiero. Todos los ránkings y evaluaciones ensalzaban el valor del modelo americano hasta que lo derrumbó la basura. Y todos los yuppies que leían The Wall Street Journal para potenciar su eficiencia y su agresividad negociadora, andan ahora pidiendo pasta para huir de la quiebra y de la cárcel. Ojo pues con los evaluadores. Porque si las universidades se evalúan como se evaluó la banca -y no hay razones para pensar que suceda lo contrario- pronto pueden aparecer los catedráticos que no saben leer. Que algunos hay, no lo duden.

La Voz de Galicia, 20/11/08

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