Vicenç Navarro: ¿Existe una auténtica democracia en nuestro país?

ManipulaciónVicenç Navarro: ¿Existe una auténtica democracia en nuestro país?
Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra, España, y Profesor de Políticas Públicas de la The Johns Hopkins University, EE.UU.

Uno de los indicadores de la insuficiencia democrática de nuestro país es la escasa diversidad ideológica que existe en los medios de información y persuasión más importantes existentes en nuestro país. En un país, España, donde la suma de los votos a los partidos de centro izquierda e izquierda ha sido (excepto en 1978 y en 2000) muy superior a los votos a los partidos de centro y centro derecha; y en un país, España, donde la mayoría de la población se define de centro izquierda y de izquierda, las voces de izquierda son minoritarias en tales medios. No sólo las voces, sino los temas.

Cito un ejemplo que es indicativo de lo que hablo. Hace unos meses escribí un artículo en el que analizaba la temática cubierta por los artículos publicados en las páginas de opinión de los diarios de mayor venta en Cataluña. En mi artículo mostraba el gran predominio que tenían en tales páginas de opinión los temas identitarios a costa de los temas laborales y sociales. Así, tales páginas de opinión habían incluido un gran número de artículos críticos al documento firmado por el catalanófobo Fernando Savater y amigos, que denunciaba la supuesta persecución del castellano en Cataluña. Tal documento contenía muchos errores fáciles de rebatir. Con un par de artículos de opinión tal documento podría haberse mostrado por lo que era: un alegato nacionalista español con escasa credibilidad. Pues no, hubo cuarenta y dos artículos de opinión sobre aquel tema que contribuyó a poner al rojo vivo las tensiones nacionalistas tanto de la periferia como del centro de España. Una vez más, los temas identitarios que ocupan la mayor atención mediática de la intelectualidad catalana y madrileña (que la constituyen en su gran mayoría personas de procedencia de clase alta y mediana alta) acapararon la atención a costa de los temas laborales y sociales. En realidad, durante aquellas semanas donde tanto se escribió sobre el documento de Fernando Savater, varios hechos sociales y laborales alarmantes estaban ocurriendo en Europa, en España y en Cataluña (como la decisión del Tribunal Supremo Europeo, permitiendo que empresas del Este de Europa pudieran instalarse en España y en Cataluña, pagándoles a sus trabajadores salarios del Este de Europa en lugar de salarios españoles) que permanecieron ignorados en las páginas de opinión de tales diarios. Ninguno de estos temas contaminó las páginas de opinión de los mayores diarios del país (tanto de Cataluña como de España). Fue esta falta de equilibrio en los temas cubiertos por las páginas de opinión que me motivó a escribir un artículo, denunciando la falta de atención a los temas sociales y laborales. Y aunque era un artículo de opinión, documenté tal falta de equilibrio en tales medios, donde los temas identitarios tienen mucho mayor espacio que los temas sociales y laborales. Y lo envié a tales diarios para su publicación. Era consciente de que el artículo implicaba una crítica de tales diarios. Ahora bien, confiaba en que lo publicarían como consecuencia de su compromiso democrático y abertura a la crítica. Pues bien, me equivoqué. Uno por uno, cada diario me lo rechazó. Y uno de ellos, El Periódico, me pasó la noticia de que el Director, el Sr. Rafael Nadal, había dado instrucciones al Jefe de Opinión, el Sr. Carlos Pastor, de que “a partir de ahora sus artículos no tienen cabida en nuestro diario”. Y así lo tengo escrito, con fecha y firma. Pedí explicaciones que, como era de esperar, tal Director ni se dignó a contestar. Tengo que reconocer que tal carta y su contundencia me preocuparon, no sólo como escritor sino como ciudadano que ha luchado toda su vida para que tengamos democracia en nuestro país.

Y no era la primera vez. Me pasó también con La Vanguardia (y con el programa de Cataluña Radio del Sr. Bassas). Ambos promovieron, y La Vanguardia continúa promoviendo, puntos de vista liberales incluyendo el de un economista ultraliberal que quiere privatizarlo todo, desde la totalidad de la Seguridad Social a todos los servicios del Estado del Bienestar (posturas, por cierto, no defendidas por ningún partido representado en el Parlament de Catalunya). Yo les escribí a los dos diciéndoles que me parecía muy bien que promocionaran a tal economista, pero por razones de mero equilibrio democrático debieran también promover (o al menos permitir) en sus páginas o en sus ondas a economistas trotskistas que quieren nacionalizarlo todo, incluida la tienda de la esquina. Lo tomaron como una broma de mal gusto, ignorando que la broma existía ya en su falta de equilibrio ideológico. El Director de las páginas de Opinión de la Vanguardia también me hizo saber que mis contribuciones no serían bienvenidas en su sección.

Un tanto parecido ocurrió cuando, como Rector de la Universidad Progresista d’Estiu de Catalunya, me invitaron, junto con el Rector de la Universidad d’Estiu de Prade al programa de Mònica Tarribas La Nit al Dia de la televisión catalana. En tal programa (que era en directo) critiqué tanto al programa como a TV3 por evitar sistemáticamente ciertos temas, como el hecho de que un burgués en Catalunya (ya no se utiliza tal término; se llama ahora una persona muy rica que viva en Pedralbes) viva diez años más –sí, diez años más- que un trabajador no cualificado con más de cinco años en paro. Y también critiqué a TV3 por no haber hecho nunca un documental crítico de la Iglesia catalana y su participación en la Represión fascista (que ahora se llama franquista). La respuesta de la Sra. Tarribas fue de estar notablemente irritada. Claramente no se lo esperaba. Un invitado a tal programa no se espera que haya una crítica al programa o a la televisión que lo promociona. Yo era consciente del coste personal de tal comportamiento. Y sabía lo que tal comportamiento implicaba. Y así fue. Nunca más me volvieron a invitar a este programa o a cualquier otro programa de TV3.

La escasa atención a temas laborales y sociales

Una situación idéntica hubiera ocurrido en cualquier CC.AA. de España. Un ejemplo de ello es la enorme atención mediática que han tenido las tensiones interterritoriales acerca de la distribución de los fondos públicos centrales entre las distintas CC.AA., tensiones exacerbadas por los nacionalismos centrales y periféricos que centran la atención mediática y política del país. Una vez más, los temas identitarios han ocupado un enorme espacio en el que la catalanofobia ha sido muy rentable para las derechas españolas. Ignorado en este debate ha sido el hecho de que el problema mayor no es tanto o sólo la distribución de la tarta nacional (aunque deben hacerse correcciones necesarias), sino el pequeñísimo tamaño de la tarta nacional (el gasto público, incluyendo el gasto público social, es uno de los más bajos de la UE-15), resultado del enorme poder de clase existente en nuestro país, y que explica que el fraude fiscal sea de los más altos y las aportaciones al Estado por parte de los grupos dominantes y clases pudientes en el país sean de los más bajos de la UE-15. Y pocas voces aparecen en las páginas de opinión de tales medios denunciándolo y documentándolo, no porque no existan sino porque no tienen facilidad de acceso a tales medios que no reflejan la auténtica pluralidad de la sociedad. Y casi nadie dice nada. Con algunas excepciones dignas de mención. Hace unos meses los dirigentes de los tres sindicatos más importantes de Cataluña, CC.OO., UGT, y CGT, escribieron una carta de protesta a la Sra. Mònica Tarribas, directora de TV3, por la falta de cobertura de temas sociales y laborales en TV3. Podría haber sido extensiva a todos los medios y a toda España (Sería de agradecer que los sindicatos a nivel del Estado escribieran una carta semejante). Pero excepto tales voces, hay un silencio ensordecedor sobre la falta de diversidad ideológica en tales medios, lo cual se traduce en que sistemáticamente ciertos temas y puntos de vista tienen muchas más posibilidades de exposición que otros que apenas aparecen. Este es uno de los problemas mayores de nuestra democracia.

El Plural, 27/02/09