Jaime Gómez Márquez: Sobre la Universidad, las plataformas y la democracia

Jaime Gómez Márquez: Sobre la Universidad, las plataformas y la democracia
Jaime Gómez Márquez, decano de la Facultad de Biología de la USC

En su libro Longa noite de pedra , en el poema «Son un pasmón», decía Celso Emilio Ferreiro: «Camiño a pé / e por iso é polo que / vexo o mundo tal cal é». Muchas somos de a pie que vemos la realidad de la Universidad y por ello deseamos otra más democrática y plural, con capacidad para la autocrítica y con impulso para evolucionar. La Universidad tiene que ser una institución abierta, sin privilegios ni sectarismos, donde todos podamos participar, y donde impere el talento y la racionalidad.

No se debe confundir el ejercicio y el derecho a la crítica con la deslealtad a la institución universitaria. Si censuramos a los que se expresan con libertad o calificamos las discrepancias como aportaciones negativas, estaremos dañando el espíritu crítico consustancial con la vida universitaria. La sensación que tenemos muchos universitarios es la de ser meros comparsas en manos de los grupos o plataformas que representan a determinados colectivos de profesores. Cuando se reúnen los órganos de gobierno más importantes de la Universidad, todo o casi todo está previamente pactado entre estos grupos. No hay un debate de ideas y después una toma de decisiones razonada. No. Cada grupo defiende su propuesta (o intereses) o la negocia con el otro, como hacen los partidos políticos, y sus asociados la acatan con disciplina admirable. Las unanimidades o adhesiones inquebrantables son propias de las dictaduras o de las democracias jóvenes donde ningún militante se atreve a contradecir al líder. Este mimetismo con la dinámica de los partidos políticos es una desgracia para la Universidad. Representa una forma de gobernar y tomar decisiones formalmente democrática, pero profundamente reaccionaria, que a veces se traduce en actitudes prepotentes y en acciones o iniciativas dirigidas por el amiguismo o por intereses particulares. En palabras de Bertrand Russell, «una gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes, llenos de dudas».

Tengo respeto por muchas personas que forman parte de grupos universitarios, aunque no comparta su modus operandi o sus ideas. Pero como decía Einstein, «se debe respetar a la persona honesta, aunque exprese una opinión distinta a la nuestra». Yo creo en las personas independientemente de su afiliación o preferencia política. Los universitarios tienen todo el derecho a agruparse para defender sus ideas y transformar la Universidad, es decir, hacer política universitaria. No critico eso. Lo que critico de las plataformas son los pactos a espaldas de la comunidad universitaria, el favoritismo a los miembros del grupo, el dogmatismo, su mimetismo con los partidos políticos, e incluso que puedan llegar a anteponer los intereses de la plataforma frente a los intereses de la Universidad.

Algunos miembros de las plataformas pretender volver al sistema de elección del rector por el claustro. Esta propuesta, que supondría un retroceso democrático, solo se explica por las ganas de manipular el claustro que tienen algunos grupos o personajes que parecen concebir la Universidad pública como un coto privado y elitista. Hay declaraciones que son una barbaridad democrática porque sostienen que es mejor que el rector lo elija el claustro porque es este órgano el que tiene la capacidad de presentar una moción de censura. Esta opinión indica una preocupante falta de respeto por la democracia (la voz del pueblo) y se parece a un chantaje a la voluntad popular (podéis elegir un rector que luego el claustro puede obligarlo a dimitir).

Espero que el interés de unos pocos que pretenden seguir manejando esta institución no prospere y podamos seguir teniendo una elección a rector/a por sufragio universal libre, directo y ponderado. En todo caso, se podrían discutir los porcentajes de los distintos colectivos, pero no el derecho de todos a votar.

La Voz de Galicia, 12/09/09

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