Alex Callinicos: Las universidades en un mundo neoliberal (PDF)

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Las universidades de Gran Bretaña han soportado un período de cambio dramático. El signo más obvio de estas transformaciones es la expansión física. En el curso 2004-2005 había 2.287.540 estudiantes de educación superior.1 Actualmente un treinta por ciento de los que tienen 18 y 19 años van a la universidad, comparados con el siete por ciento, aproximadamente, que iba a principios de los años sesenta. La educación universitaria dejó de ser privilegio de una minoría pequeña –aunque todavía es mucho más difícil para los que provienen de la clase obrera manual acceder a la universidad.2

Algunos rechazan la expansión de la universidad con argumentos elitistas, repitiendo el eslogan del dramaturgo John Osborne: “Más significa peor”. Así, el columnista de derechas Peter Hitchens denunció al último primer ministro conservador, John Major, por iniciar la actual expansión universitaria, “otro grave ataque a la calidad de la educación”.3 En contraste, el nuevo gobierno laborista, declara que la expansión de la universidad es cuestión de justicia social: “Todos los que en potencia pueden beneficiarse de la educación superior deberían tener la oportunidad de hacerlo. Es este un principio fundamental que está en el meollo de la construcción de una sociedad más justa, porque la educación es el camino mejor y más fiable para salir de la pobreza y la marginación”.4

No se puede negar que expandir la educación superior es un objetivo noble. Los elitistas están bastante equivocados: en la medida en que se disponga de los recursos adecuados, no hay razón para que el objetivo del gobierno de que el 50 por ciento de los que tienen entre 18 y 30 años, o incluso más, no haya de tener educación universitaria y beneficiarse de esa experiencia. En todo caso, la realidad de la educación superior es muy diferente de las proclamaciones oficiales sobre la igualdad de oportunidades y la justicia social.

Las universidades británicas están, de hecho, orientándose por prioridades conformadas por las necesidades de los grandes negocios. Están reconstruyéndose para ofrecer a las corporaciones británicas y extranjeras la investigación académica y los trabajadores cualificados que necesitan para ser rentables. Al mismo tiempo, están transformándose, pues pasan de ser instituciones eruditas a convertirse en centros de lucro detentadores de cambio y divisa extranjera para la economía del Reino Unido.

A tal fin, la expansión se hace por lo barato, pues los recursos por estudiante se rebajan drásticamente, y se anima a las universidades, departamentos y académicos a que compitan entre sí. El hecho de pasar de las becas para estudiantes a los préstamos y los gastos de matrícula obliga a muchos estudiantes a trabajar muchas horas para mantenerse mientras se preparan para la vida de asalariados. Nada de raro, pues, en  que los estudiantes más pobres se vean desanimados en el momento de ir a la universidad.

Esta transformación dista mucho de ser única. En todo el mundo se está presionando a las universidades para que hagan el mismo tipo de cambios. Esta reestructuración de la educación superior es parte de un proceso económico y político mucho más amplio, incluso literalmente global, conocido por el nombre de neoliberalismo. Abrazado por casi todos los gobiernos del mundo, así como por las élites de los negocios y medios de comunicación desde que lo iniciaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años ochenta, el neoliberalismo intenta sujetar todos los aspectos de la vida social a la lógica del mercado, y hacer de todo una mercancía que se puede poseer privadamente y vender y comprar por lucro.

Rebelión, 18/09/09

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