Ana Neira Campos y Vicente Javier Díez: El plan Bolonia a la leonesa

Ana Neira Campos y Vicente Javier Díez: El plan Bolonia a la leonesa
Ana Neira Campos y Vicente Javier Díez, Sindicato de Enseñanza de CC.OO. de León

El vicerrectorado de Profesorado del actual equipo rectoral diseñó el denominado «Plan de Dedicación Académica (PDA 2009-2010)» donde establecía el reparto de la carga docente del profesorado de la Universidad de León para este curso 2009-2010. Este Plan que se hizo, como parece que viene siendo habitual en este vicerrectorado, «desde arriba», sin atender a las razones y manifestaciones de los propios afectados, pues el 36% del profesorado de la ULE firmó en contra de este Plan de Dedicación Académica e incluso la Junta de Personal Docente e Investigador (órgano de representación del profesorado) emitió un informe negativo por unanimidad sobre dicho plan.

Las razones eran obvias: el reparto que establecía ese plan recargaba a quienes ya daban más docencia: 147 profesores titulares de escuela universitaria (funcionarios) y profesores colaboradores (laborales fijos), que pasaron de tener 240 (o 300, según el caso) horas de clase a 360 horas de clase, lo que suponía un aumento de hasta un 50% más de la carga lectiva a este profesorado. Mientras, el equipo rectoral no tenía ningún empacho en aumentar exponencialmente el número de cargos de «confianza» de designación directa, que conllevan descarga docente, para funciones que anteriormente no había o que llevaba una sola persona. Nos encontramos así con 30 directores o directoras de área y 20 secretarios o secretarias de área, por poner ejemplos significativos. Las descargas de docencia de tantos cargos y «carguillos» en el equipo rectoral, que suponen más de 5.000 horas de clase, equivalen a la docencia de más de 28 profesores y profesoras asociados.

Estas medidas «draconianas» las impuso el vicerrectorado con el argumento repetido, tanto por el vicerrector como por el propio rector, de que esta situación sería sólo durante el curso 2009-2010, debido al dichoso «Contrato-Programa» establecido entre la Universidad de León y la Junta de Castilla y León, argumento que igual sirve para un roto, que para un descosido. Pero, sorprendentemente, en el nuevo borrador del Plan de Dedicación Académica para el próximo curso 2010-2011, que se ha enviado a la Junta de Personal Docente e Investigador para su discusión, este apartado sobre la carga docente de profesores titulares de escuela y colaboradores no se modifica, continuando en los mismos términos. Por eso, nos preguntamos para qué sigue mandando borradores a los órganos de representación del profesorado, pues este vicerrectorado no «negocia», los impone, como se ha visto en el Plan anterior y como se prevé en el actual.

Simultáneamente, se está implantando la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior o Plan Bolonia en la Universidad de León. Un plan que, como el Ministerio, la Junta de Castilla y León y el propio equipo rectoral no deja de repetir, es imprescindible porque va a potenciar un aprendizaje más centrado en el estudiante y menos en lo magistral, con grupos más pequeños, trabajo cooperativo en proyectos y seminarios, tutorías personalizadas y una evaluación continuada del trabajo del alumnado. Pero para hacer grupos más pequeños es necesario más profesorado para esos grupos pequeños, más tiempo para tutorizarlos y evaluar su trabajo de forma continuada, se necesitan seminarios e instalaciones adecuadas para el trabajo más práctico y dinámico con esos grupos más pequeños, etc. Sin embargo, en los nuevos grados, el tamaño máximo (en términos de número de alumnos) para los grupos de teoría se fija, para el próximo curso, en 100 alumnos, para los grupos de prácticas en 50, para los laboratorios en 37,5, y las tutorías se han de hacer en grupos de 25 alumnos. ¿Es posible aplicar así la filosofía del Espacio Europeo de Educación Superior? Pero los datos reales contradicen ostensiblemente los discursos oficiales y las proclamas en los medios. Los grupos siguen masificados y en algunos seminarios el alumnado tiene que ocupar espacios en los suelos porque están previstos para 20/22 personas, pero desde el vicerrectorado se obliga, por escrito y bajo amenazas, a que entren 33 estudiantes, con el fin de reducir grupos y profesorado. No se sustituyen muchas de las bajas laborales, quedándose en algunos casos el alumnado sin las clases. Se está imponiendo un plan Bolonia ya no a «coste 0», sino «recortando gastos» como si la universidad fuera una empresa: se recortan gastos a través de la reducción drástica de profesorado asociado cuya finalidad, curiosamente, es lo que propone el Plan Bolonia, vincular más la Universidad y la sociedad: acercar el mundo real al ámbito universitario, desde su experiencia como profesionales, pero que, al ser profesorado con contrato temporal, es el más fácil de despedir sin que proteste; y se carga la docencia que deja este profesorado asociado sobre quienes ya dan más docencia tenían. Se recortan gastos no contabilizando el trabajo del profesorado: si se da clase en un máster no cuenta más que a título simbólico (para el curriculum personal); si se da clase de doctorado sólo cuentan las primeras 30 horas (las restantes a título simbólico para tu curriculum). También se recorta contabilizando por horas, pero «a la baja», el trabajo profesional: te cuentan sólo 5 horas por tutorizar y dirigir un trabajo fin de máster; coordinar un programa de movilidad durante un año (de lo que siempre habla el Plan Bolonia) te cuenta sólo 10 horas, eso sí, siempre que tengas más de 10 estudiantes (si hay 9, ya pueden ir buscando profesorado «voluntario» para que lo coordine); tutorizar y dirigir un trabajo de investigación de doctorado, cuenta 5 horas. Esto supone que si dedicas más de 5 horas a dirigir un trabajo de investigación o de fin de máster te sirve moral y simbólicamente, pero no se te reconoce. ¿A cuántos trabajadores y trabajadoras se les pide que trabajen simbólicamente, pero que no se les va a computar el trabajo que hacen en su puesto?

El problema añadido es que este método de trabajo «por objetivos», de «medición contable» y de mirar sólo el coste económico, lo que está consiguiendo es que buena parte del profesorado empiece a plantearse «no hacer ni una coma más de lo que se contabiliza». Se empieza a oír reiteradamente que si no se cuenta, para qué vamos a trabajar de balde. Y, por supuesto, todo siempre bajo el gran lema del nuevo lenguaje económico que emplea este equipo rectoral: «siempre que las disponibilidades presupuestarias lo permitan». El criterio real parece que no es la calidad ni la «excelencia» que proclaman las consignas oficiales, sino la reducción de gasto; eso sí, reducción sobre los colectivos más vulnerables y desprotegidos. Si se quiere reducir gasto, proponemos que se empiece, por ejemplo, por la reducción de todas las «liberaciones docentes» de tantos cargos y «carguillos» en el equipo rectoral. Hay muchas maneras de ahorrar y no precisamente tiene que ser a costa de la calidad docente y de lo s trabajadores y trabajadoras. Estamos en crisis, sí. Pero parece que esta crisis la van a pagar los de siempre. No se puede reducir gasto a costa de calidad de la enseñanza y de las condiciones laborales del profesorado. Esta no es la mejora de la calidad que nos prometían con el Plan Bolonia.

Una Universidad no se puede gestionar como una empresa privada hablando sólo de costes y gastos. El criterio fundamental no puede ser el económico. Esto es lo que se viene denunciando ante el plan Bolonia: la privatización y mercantilización de la Universidad. ¿Por qué siempre el coste 0 es para los mismos y para lo mismo: educación, sanidad, etcétera? Ya es hora de que nuestros rectores empiecen a luchar y reivindicar de forma efectiva por recursos públicos para las Universidades Públicas, y no para que se destine el dinero de nuestros impuestos a otros menesteres: rescatar bancos, empresas de automóviles, etcétera. Queremos que «rescaten» las Universidades Públicas y destinen todos los recursos nece sarios para que sean realmente de calidad. Para que haya grupos realmente pequeños, para poder tutorizar, para que se haga investigación de calidad, para que haya innovación.

Diario de León, 23/02/10

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