Juan Casares Long: La Ilusión por la Esencia

Juan Casares Long: La Ilusión por la Esencia
Juan Casares Long, catedrático de Ingeniería Química y candidato independiente al rectorado de la Universidad de Santiago

Cuando hace cuatro años me presenté como candidato a Rector de la Universidad de Santiago de Compostela, lo hice ante una percepción de la realidad. Me parecía entonces, y me sigue pareciendo ahora, que en la Universidad hacía falta un giro copernicano en la forma de hacer muchas cosas: faltaba transparencia en la gestión, se vulneraban los más elementales principios de igualdad de trato y oportunidades, se pensaba más en términos políticos que universitarios, y un sinfín de situaciones más que habían ocasionado un cierto hastío por parte de muchos miembros de la Comunidad Universitaria. Entonces, sin más bagaje que mi experiencia de gestión dentro y fuera de la universidad, y cargado de ilusión, encabecé un proyecto que las urnas valoraron muy positivamente.

Hoy, cuatro años después, he vuelto a presentar mi candidatura al Rectorado de la USC, con más ilusión -si cabe- que antes. Efectivamente, durante este largo período he participado en los órganos de representación más importantes de la Universidad: el Claustro y el Consejo de Gobierno. En ambas instancias, mi actitud ha sido siempre una: la defensa de los intereses de la Comunidad Universitaria, y por lo tanto los de la propia institución. He presentado un importante número de propuestas (en su gran mayoría rechazadas prácticamente de forma inaudita -en el sentido literal de la palabra-) y he intervenido defendiendo planteamientos y mociones de muy amplio contenido. Se podría decir que, en unión con algunas de las personas que me acompañaron en aquella primera experiencia y algunas nuevas que se han sumado, he sido la única voz crítica que ha desarrollado una labor de oposición a un gobierno universitario que ha incidido en los últimos tiempos en acciones que tan poco espíritu universitario y democrático demuestran.

Valgan como ejemplos la actuación con aquellos profesores que habiendo sido acreditados para Catedráticos los han convertido en un problema artificial, o la elaboración y presentación del proyecto Campus Vida, el asunto de mayor envergadura económica y de contenidos de muchos años, que no fue sometido a debate ni aprobación en ningún órgano de gobierno de la Universidad. Todo ello, ha motivado que crea más necesario que nunca un cambio en la forma de hacer Universidad.

Es cierto: las circunstancias han cambiado, ya no existe -al menos en primera vuelta- ningún tipo de alianzas contra natura, la crisis económica se ha agravado, se ha multiplicado el número de candidatos, etc. Esto ha hecho que mi ilusión se vea reforzada.

A esa ilusión, mi gran baza en el anterior proceso electoral, ha de sumarse ahora mi conocimiento amplio y profundo de la Comunidad Universitaria. Durante todo este tiempo he mantenido interlocuciones con muchos de sus miembros, profesores, personal de administración y servicios y alumnos, y conozco muchos de los problemas e inquietudes de las diversas personas que constituimos la USC. La suma de ambos factores, ilusión y experiencia, hacen que me sienta más que preparado para hacer frente a la gestión de la Universidad con las garantías que una situación como la actual exige.

Por eso, me presento a estas elecciones con un programa electoral que tiene algo en común con el anterior: la preocupación por las personas como eje central de actuación. Precisamente por eso, creo que la principal labor que corresponde a quien obtenga la confianza de la USC para ser su máximo responsable y representante es recuperar la ilusión de todos cuantos formamos esta institución. Recuperar la ilusión significa muchas cosas, pero fundamentalmente podría formularlo con un objetivo que todo universitario que lo sea de verdad entenderá de forma inmediata: hay que recuperar la esencia de la Universidad.

Para el lector profano, debo explicar que por recuperar la esencia de la Universidad (de esta y de todas) entiendo fundamentalmente recuperar el respeto y dar protagonismo a las personas y optimizar la gestión, centrando a la Universidad en la generación de conocimiento y en la formación de profesionales competentes, respondiendo con ello a las demandas sociales, dado que la Universidad, en última instancia, debe estar al servicio de la sociedad.

Dicha medida se concreta, lógicamente, en actuaciones específicas previstas en el programa electoral y que no procede reiterar aquí. Baste reseñar que cada problema detectado que admite respuesta directa ha sido contemplado en el programa, asumiendo además como eje de actuación la descentralización de las tomas de decisión y la corresponsabilidad, que se plasman en la propuesta de otorgar mayor poder de decisión a los centros que el que actualmente tienen.

Tal vez porque este objetivo se puede formular de forma sencilla, he podido transmitirlo personalmente a muchos de los miembros de la Comunidad Universitaria, sumando constantes apoyos a este proyecto, siendo decenas los participantes directos en la elaboración y redacción del programa electoral, y en virtud de su representación, cientos las voces que han sido oídas y tenidas en cuenta. A todos nos une un único objetivo: la ilusión por recuperar la esencia de nuestra institución.

ABC, 17/04/10