Julia Varela: La crisis de la Universidad en el marco de una sociedad neoliberal

Julia Varela: La crisis de la Universidad en el marco de una sociedad neoliberal (I): Los efectos heredados
Julia Varela es catedrática de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid

Para dar cuenta de la crisis actual de la Universidad es preciso a mi juicio tener en cuenta al menos dos grandes líneas de fuerza, dos vectores: en primer lugar, los efectos heredados del franquismo; en segundo lugar, los efectos de la llamada  modernización, marcada a partir de la década de los 80 por las políticas neoliberales.

El franquismo

Como es sabido la guerra civil, y la posterior dictadura militar que siguió a la guerra, hasta la muerte de Franco en 1975, supuso de hecho a la descapitalización de la Universidad. Los profesores universitarios españoles en el exilio jugaron un papel de primer orden en el florecimiento intelectual de la Universidad de México, o en las editoriales argentinas, al mismo tiempo que el nacional-catolicismo promovía en España la depuración de maestros y profesores.

Algunos historiadores señalan que durante la época en la que Pedro Sainz Rodríguez fue Ministro de Instrucción pública, en el primer Gobierno del General Franco en Burgos en 1936, la lista de depurados universitarios ya incluía a más de mil nombres de profesores. La Orden del 29 de julio de 1939 (BOE, 18 de agosto) establecía la separación de la Universidad de algunos docentes con prestigio internacional como Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz, José María Ots Capdequí, Niceto Alcalá-Zamora Castillo, Juan Peset Aleixandre, Luis de Zulueta Escolano, Pedro Salinas Serrano, y otros. Fueron muchos los que también sufrieron el exilio, entre ellos, Ortega, Negrín, Ayala, María de Maeztu, María Zambrano… En un país controlado por la censura, y por tanto sin libertad de expresión, el espíritu universitario chocaba directamente con las normativas del orden público. En un principio los catedráticos eran designados por el Ministerio. José Ibáñez Martín, ligado a los hombres de Acción Española y cofundador de la revista del mismo nombre, fue Ministro de Educación entre 1939 y 1951, es decir, doce años, y  fue el principal artífice de la infiltración de los miembros del Opus Dei en la Universidad y en el CSIC. Entre los nuevos catedráticos designados por el Ministerio había alféreces provisionales. Uno de mis profesores en la Facultad de Ciencias de la Educación en la Universidad Complutense fue alférez provisional y según parece compuso la letra del himno Prietas las filas. Y por si la  drástica depuración no fuese suficiente en el año 1965 fueron expulsados de la Universidad José Luís López Aranguren, Enrique Tierno Galván, Agustín García Calvo y Santiago Montero Díaz. Esta decapitación de muchos profesionales bien preparados, lúcidos y críticos, supuso un empobrecimiento general de la vida universitaria española, e hizo que nuestra generación careciese de maestros en el sentido estricto del término. El peso que sigue teniendo la dictadura franquista en la situación de la Universidad va mucho más allá de la existencia de grupos de presión interna, de endogamia, de abusos en el ejercicio del poder,  y afecta profundamente al funcionamiento democrático de la institución. Uno de los efectos más visibles de la herencia del  franquismo es la pervivencia de las capillas. La presencia de los sacerdotes católicos y las capillas en las Universidades públicas choca directamente con el principio de la laicidad del Estado.

El proceso de modernización y las políticas neoliberales

La reconversión de la Universidad franquista se produjo parcialmente a través de los PNNs, los Profesores No Numerarios, durante los años de la transición de la Dictadura a la democracia. En los años 70 y 80 una parte importante de los PNNs se formó en otros países europeos y en los Estados Unidos. El gobierno de Felipe González, con José María Maravall al frente del Ministerio de Educación, parecía apostar por el desarrollo  educativo y cultural para salir del atraso y de la ignorancia. Ello implicaba la incorporación a Europa. La  LRU fue aprobada en 1983. Con esta ley se produjo en parte una cierta democratización que permitió la entrada en la Universidad a muchas hijas e hijos de trabajadores que previamente no tenían acceso a estudios universitarios, y supuso también la funcionarización de muchos PNNs. La LRU se aprobó cuando la Universidad española estaba conociendo un crecimiento exponencial. España pasó de un poco más de 37.000 estudiantes universitarios en 1940 a 76.500 en 1960, y a 205.500 en 1970. Pero fue sobre todo entre los años 1970 y 1995, es decir, en un lapso de tiempo de 25 años, cuando el número de estudiantes universitarios se multiplicó por siete. Sin embargo, a partir de la promulgación de LRU, se vivió en la Universidad una especie de interinidad permanente con las pruebas de idoneidad de los antiguos PNNs, la ley de autonomía universitaria, la creación de Departamentos, los nuevos planes de estudio, los decretos de áreas, etc., una interinidad que no ha dado tiempo de reposo, que no ha permitido pensar los cambios con detenimiento, ni ha permitido una profundización en el funcionamiento democrático.

La promulgación de la LRU coincidió  con la aplicación de las políticas neoliberales en el mundo anglosajón gracias al decisivo impulso de los gobiernos de  Miss. Thatcher (1979-1990) y de Ronald Reagan (1981-1989) en la década de los ochenta. Recobró entonces nuevos bríos el credo liberal, bien analizado por  Kart Polanyi en La gran transformación, un credo que implica convertir en mercancías a los hombres, a la tierra, al propio dinero y al mundo cultural. Como es sabido el credo neoliberal proclama que el individuo es la base de la sociedad, un individuo competitivo y emprendedor, un ganador. Se eliminan así de un plumazo, y como por arte de magia, los conflictos entre las clases sociales y las desigualdades ante la educación. Los neoliberales defienden la irracional idea de que el mercado se auto-regula, y regula a la vez la vida social. De ahí la apología  de la empresa como la fuente única de creación de riqueza y empleo, y de ahí también el interés de los gobiernos neoconservadores por terminar con el Estado social, y privatizar los servicios  públicos, incluidas las universidades públicas. La privatización y mercantilización de la Universidad, que se había iniciado tímidamente con la LRU (masters, financiación externa para realizar actividades académicas….) se acentuó notablemente con la Ley Orgánica de Universidades, la LOU, promulgada por el Partido Popular en el año 2001, en la que claramente se percibe la ideología neoliberal de fondo. Es en este marco en el que se explica que una Universidad como la Complutense, con Villapalos de rector, concediese a Mario Conde el título de doctor honoris causa. En consecuencia, desde la  década de los 80, pero todavía mucho más en las décadas siguientes, la Universidad pública se vio acosada, desvalorizada, asediada, por la ofensiva neoliberal,  igual que sucedió con todo servicio público.

Para reavivar la memoria histórica, y no caer en el fatalismo, conviene recordar que hubo distintos grupos de estudiantes y profesores que intentaron analizar y criticar lo que estaba pasando. Un ejemplo de ello fue el llamado Manifiesto de los cien ( publicado por el diario El País el 29 de enero de 1991), que dio origen al Foro Universitario de Izquierdas. En 1996 un grupo de profesores  miembros del Foro organizamos en la Complutense un Seminario Internacional en el mes noviembre titulado Neoliberalismo versus democracia, con el fin de reflexionar sobre los cambios que se estaban produciendo y ver qué se podía hacer. Las actas del Congreso fueron publicadas como libro en las Ediciones de La Piqueta con el mismo título Neoliberalismo versus democracia.

La crisis en proceso

Voy tan sólo a apuntar  algunos procesos que contribuyeron a la situación actual.

En primer lugar, la demagogia de los partidos políticos los llevó a prometer en sus programas electorales algo así como la Universidad a la puerta de casa. Se crearon por tanto toda una serie de Universidades de forma rápida y de baja calidad mediante sistemas clientelísticos de selección del profesorado. Una buena universidad no puede improvisarse de la noche a la mañana. Se podría decir que la autonomía universitaria fue reconducida a potenciar el caciquismo local.

En segundo lugar, a partir de la LOU, cuando las competencias pasaron a las Comunidades Autónomas, los gobiernos autonómicos conservadores potenciaron enormemente las Universidades privadas, especialmente algunas vinculadas a la Iglesia, y a los poderes fácticos. En Madrid se dice que hay 7 universidades publicas y 7 privadas (Alfonso X, Antonio de Nebrija, CEU San Pablo, Europea de Madrid, Francisco de Victoria, Pontificia de Comillas, Camilo José Cela). Pero, a estas habría que añadir numerosos  centros universitarios privados como por ejemplo IESE Bussines School, Escuelas de Dirección de Empresas, Colegios y Centros Universitarios de Estudios financieros, Universidad Internacional Euroamericana, la Saint Louis University, Mississipi University, Syracuse University, y otras que organizan cursos y masters, y conceden títulos con valor en el mercado.

En tercer lugar, comenzó la moda de los Masters, inspirados directamente en las Universidades Norteamericanas, a los que se añadieron los  cursos  de verano, financiados sobre todo con fondos privados provenientes de  bancos y cajas de ahorros, y empresas. A esa moda se sumaron los masters de  las empresas privadas realizados algunos de ellos en las universidades públicas, con el fin de seleccionar y formar directamente a sus becarios y futuros trabajadores.

En cuarto lugar está el peso, y la creciente actividad de los Consejos Sociales de las universidades, con la ostentosa presencia de banqueros  y empresarios, que no solo participan en las decisiones económicas a través del control de los presupuestos, sino que incluso adoptan medidas que afectan a la aprobación de títulos y  de las nuevas unidades de los centros,

En fin, más recientemente, se nos ha venido encima el llamado Plan Bolonia, un plan que acentúa todavía más algunos aspectos del vendaval neoliberal, y del modelo americano, al enmarcarse en el Acuerdo general de comercio y servicios de 1995 que aboga por una liberalización de los servicios, y considera que la financiación de los servicios públicos entorpece el funcionamiento de los mercados

La crisis de la Universidad en el marco de una sociedad neoliberal (y II): Los efectos de la innovación

Si miramos al mundo anglosajón, que es el referente  del plan Bolonia, y, más concretamente, a Inglaterra y los Estados Unidos, encontramos que ya desde hace algún tiempo las universidades han comenzado a ser gestionadas como empresas bien jerarquizadas. Esto significa que cada universidad no solo debe estar en competición permanente con las otras universidades, captar a sus propios estudiantes, saber venderse y publicitarse bien, sino que además tiene que obtener beneficios económicos y proporcionar una formación que se adecue  a las exigencias del mundo laboral. Tanto la docencia como la investigación han de tener objetivos pragmáticos y efectos visibles y rentables a corto plazo.

El plan Bolonia

A través del Plan Bolonia se impone la nueva terminología del grado y de master que nada tiene que ver con la tradición universitaria europea. Se pierde así el término de licenciatura heredado en Europa de la tradición medieval. Esta nomenclatura no es una cuestión meramente formal, refleja bien la colonización   del mundo anglosajón, y una perversión del lenguaje, que sin duda no sólo tendrá consecuencias en la percepción de lo que llamamos la realidad universitaria. Al mismo tiempo se está imponiendo una escolástica en la programación de la docencia, que reenvía a un modelo de educación basada en objetivos, competencias (generales, específicas, transversales), de carácter tecno-burocrático que carece de sentido, que  recuerda viejos tiempos, y que empieza ya a ser suficientemente criticada (Véase, por ejemplo, el libro coordinado por José Gimeno Sacristán y otros, titulado Educar por competencias ¿qué hay de nuevo?, editado recientemente por la editorial Morata).

El plan Bolonia servirá de excusa también para desregular todavía más el trabajo en la Universidad, una desregulación que comenzó ya hace años con la perversión de la figura de los profesores asociados, y continuó con la contratación de profesores mileuristas, de tal modo que en la actualidad una parte importante de la docencia la están impartiendo profesores mal pagados.  Un colega asesor de Aznar me decía hace algunos años, cuando la derecha estaba en el gobierno, que tenían pensado que en el año 2013 no hubiese ya ningún nombramiento mas de funcionarios en la Universidad.

Las formas de reclutamiento y de selección de profesores que priman desde hace un tiempo tampoco son favorables ni a una docencia ni a una investigación de calidad. La habilitación depende en la actualidad de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, ANECA, creada por la LOU, que utiliza criterios que no son precisamente científicos. Para la concesión de sexenios de investigación, un artículo, y si es en inglés mejor, puntúa más que un libro. Pero sobre todo la evaluación se hace siguiendo criterios cuantitativistas, tecnocráticos y de un positivismo totalmente romo. La concesión de sexenios se hace, por supuesto, sin leer el contenido de las producciones, únicamente guiándose por el llamado  índice de impacto de determinadas revistas.

Los estudiantes también sufren este embate neoliberal, sobre todo debido a que la falta de trabajo y la devaluación de los títulos universitarios contribuye a que no se sientan motivados, y se interesen, en muchos casos, casi únicamente  por obtener un título. Muchos estudiantes de clase media que en la década de los ochenta  venían a la Universidad pública ahora van a universidades privadas o a centros universitarios de otros países. Y, dado que las distintas clase sociales reclaman distintas funciones de la universidad, posiblemente una de las causas de que las movilizaciones estudiantiles no sean en este momento demasiado fuertes se deba en parte a que las clases populares ven bien la propuesta de Bolonia de que los títulos universitarios  permitan acceder rápidamente a un puesto de trabajo. De ahí que no perciban los peligros que puede encerrar una más estrecha relación universidad-empresa. Al imponer Bolonia el control de asistencia  a las clases, son cada vez menos los que asisten a otras actividades universitarias que son importantes para su formación en tanto que ciudadanos. No obstante, según una encuesta  reciente realizada en la Facultad de CC Políticas y Sociología de la Complutense, sobre una muestra de más de 1000 estudiantes, el 64%  decía que su paso por la Facultad les había cambiado su forma de ver el mundo.

En fin, muchos jóvenes universitarios, tanto de clase media como de clases populares, parecen haber asumido la idea neoliberal de la flexibilidad, la supuesta oportunidad de poder cambiar de trabajo con facilidad para ser creativos e innovadores. Sin embargo ya Richard Sennett puso bien de manifiesto en La corrosión del carácter los efectos negativos de la nueva economía. La mayoría no parece darse cuenta de que solo unos pocos lograrán conseguir un buen trabajo, pues en general, como explica Robert Castel en La montée des incertitudes, la desregulación conduce a muchos a tener trabajos ocasionales, a ser trabajadores privados de derechos y de protecciones.

Está surgiendo una nueva actitud de profesores y estudiantes ante los estudios, ante la universidad y ante la cultura en general, que se manifiesta, por ejemplo, en la desaparición de los cursos de tarde. Los profesores están vertidos en cuerpo y alma a hacer curriculum, a  publicar lo que sea en aquellas  revistas consideradas de mayor impacto por la Aneca, lo que no favorece una investigación seria y reflexiva. La docencia requiere el doble de dedicación destinada a corregir trabajos debido a la evaluación continua, y cobra nueva importancia debido a que las evaluaciones anuales de los estudiantes son tenidas en cuenta por la Aneca en vistas a la habilitación para los distintos puestos docentes. Bolonia no tiene en cuenta cómo armonizar docencia e investigación, de tal modo que los jóvenes profesores se ven presionados doblemente.

En resumen, la conjunción de las dos lógicas apuntadas al inicio está lastrando la vida universitaria.

Algunas propuestas alternativas

El gran debate de nuestro tiempo es el debate entre una sociedad relativamente integrada a través de las protecciones del Estado social mediante la propiedad social o la sociedad convertida en mercado, una sociedad de usar y tirar. Son bien conocidos los efectos del neoliberalismo, la creciente mercantilización en el sentido de la financiación privada de la universidad, y la relación cada vez más estrecha que se busca introducir entre la Universidad y la empresa. Por esto se hace cada vez mas necesario reabrir el debate de las funciones sociales de la universidad, y qué tipo de formación debe proporcionar a los estudiantes, debate en el que no puedo entrar ahora. Pero sin duda esto no nos puede alejar de analizar cómo la lógica  de la llamada modernización está incidiendo en el funcionamiento interno de las universidades, al promover una mayor individualización y competitividad tanto entre los profesores, como entre los estudiantes, y una creciente burocratización, pues como decía Max Weber, a mayor burocracia, menos democracia.

Para terminar, y a modo de autocrítca, debo decir que una parte de los profesores, entre los que me incluyo, no hemos reaccionado suficientemente frente a las coacciones a las que se nos está sometiendo. Pero somos bastantes los que no estamos de acuerdo con la situación actual de la Universidad, como ponen de relieve las movilizaciones y manifestaciones frente al Plan Bolonia, y los manifiestos de grupos de diferentes universidades, que siguen publicándose en estos momentos en la red.

Es preciso formar equipos de profesores y estudiantes, tanto en la docencia como en la investigación. Hay que revitalizar el Foro Universitario de Izquierdas. Sería importante que la Universidad fuese una caja de resonancia de los problemas sociales y políticos de este país. La Universidad, como servicio público, debe estar al servicio de una sociedad más democrática, y debe contribuir a explicar qué es lo que está sucediendo en la vida social, política y económica, así como proponer medidas alternativas. Es necesario que frente a los planes de estudios cerrados predominen los currículos abiertos. Esa mayor apertura llevaría a que profesores y estudiantes pudiesen moverse de unas facultades a otras, y que hubiese  intercambios con los profesores del Consejo y de la UNED. Convendría que los cursos de los profesores permitan combinar investigación y docencia, especialmente en tercer ciclo, en el Doctorado. Por otra parte la Universidad debería estar abierta a una formación permanente y para ello hay que habilitar y ofertar cursos de tarde, y de noche.

Potenciar el modelo universitario europeo, frente al norteamericano, no significa renunciar a la calidad sino al contrario, significa no desvincular la producción y la transmisión de los conocimientos de  las  demandas sociales, defender la universidad como un espacio de integración entendido como servicio público al servicio de los intereses colectivos y no de unos pocos. En este sentido la Universidad española no debería ser sólo europea, debería potenciar el espacio Ibérico y latino-americano  mediante una política de becas impulsada por el Instituto de Cooperación iberoamericana.

Es preciso rejuvenecer la universidad sin descapitalizarla. La incorporación de jóvenes profesores a la Universidad es perfectamente compatible con potenciar el club de eméritos. Es preciso impulsar la política de donaciones que enriquezca los fondos de nuestras bibliotecas. En fin, la revitalización de las universidades públicas pasa por apostar de forma decidida por el desarrollo científico y cultural frente a la sociedad de la especulación que se nos propone desde el capitalismo financiero. Solo así la ciencia y la tecnología al servicio de una sociedad más justa contribuirá a imponerse sobre la sociedad del espectáculo.

Cuarto Poder, 02/02/11