Imelda Daza: Universidad pública - negocio privado

Imelda Daza: Universidad pública - negocio privado
La reforma de la educación superior busca lo contrario de lo que anuncia el gobierno. Si se ejecuta, será bastante dañina para Colombia

Las transnacionales mineras andan frenéticas escarbando el suelo y el subsuelo de los países no desarrollados en busca de minerales de todo tipo; pretenden arañarles hasta la última migaja de sus recursos naturales. Son arrasadoras. Plantean todo tipo de propuestas cuyo fin último no es más que el saqueo. Desafortunadamente, la corrupción doméstica, tan voraz también y tan escandalosa, no deja ver la magnitud de los grandes negociados que se han hecho en el sector minero y que se proponen ahora en el sector educativo. La soberanía nacional se regala todos los días

El Gobierno acaba de anunciar su programa 'Educación para la Prosperidad', que empezaría con la reforma de la Ley 30/92 para adaptarla a los intereses de las multinacionales de la educación superior. Se trata de modificar la naturaleza de las instituciones educativas para adecuarlas a un nuevo tipo de entidad jurídica que permita la obtención de ganancias, dividendos, exenciones tributarias y repatriación de excedentes; al mismo tiempo, permitiría obtener subsidios del Gobierno y facilitaría la canalización de inversiones a otros sectores económicos. Es decir, lucro por punta y punta. Es la confianza inversionista del gobierno anterior acuñada ahora en la educación superior.

La Ministra de Educación promete "una educación superior de altísima calidad para competir a nivel mundial y lograr el bienestar y el desarrollo que el país demanda" y "... generar condiciones para que millones de bachilleres puedan acceder a educación de calidad y para que las futuras generaciones tengan el derecho a educarse". Dijo, además, que no se trata de privatizar la educación, sino de permitir la participación de inversionistas privados en las áreas científicas y educativas. Es decir, sí, pero no. ¿Quién tan ingenuo para creer en tanto altruismo? El fin único de esos inversionistas extranjeros es la ganancia; todo lo demás, la calidad, la cobertura, son asuntos secundarios. La Ministra ha dicho, además, que la cofinanciación privada a la universidad es lo usual en el mundo entero. No es cierto. En Europa hay apoyo del sector privado a las universidades públicas y privadas, pero estas últimas son todas fundaciones sin ánimo de lucro y en varios países europeos ni siquiera hay universidades privadas.

La reforma propuesta pretende todo lo contrario de lo que anuncia el Gobierno, y si llegara a ejecutarse sería lo peor que podría ocurrirle a la educación superior en Colombia. Sería la muerte de la universidad pública. El propósito verdadero es PRIVATIZAR ese 55 por ciento de la educación superior que hoy es pública, en detrimento de la investigación, de la ciencia y de la calidad educativa. Los costos de las matrículas se dispararían, los programas de bienestar universitario serían desmontados y la autonomía universitaria desaparecería. Los estudiantes de medios o bajos ingresos no tendrían acceso a la educación superior, a no ser que se endeudaran hasta el tope con los onerosos créditos que los mismos negociantes les ofrecerían. El presidente de la Asociación Colombiana de Universidades opinó: "Las nuevas instituciones sólo pensarían en la rentabilidad". A esos grupos financieros les importa poco el desarrollo y la prosperidad de Colombia, su único afán es ganar dinero.

El recetario neoliberal se sigue aplicando. El afán de los sucesivos gobiernos es reducir el tamaño del Estado hasta convertirlo en un Estado gendarme, en vez de un Estado solidario, para reducir también las obligaciones tributarias de quienes más ganancias obtienen. Lo que ningún gobierno explica es que a la universidad pública se canaliza apenas el 1,01% del PIB mientras que a la guerra y al armamentismo se dedica el 6 por ciento de ese PIB.

Los estudiantes universitarios y los docentes vienen expresando su descontento ante la propuesta. Antes de escucharlos se les acusa de la infiltración de grupos armados al margen de la ley. A lo mejor es cierto. Se dice que los paramilitares y las bandas criminales cogobiernan en algunas universidades públicas.

El Tiempo, 05/04/11

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