Nicolás Abarca Oyarce: Educación de Mercado

Educación de mercadoNicolás Abarca Oyarce: Educación de Mercado

La lógica neoliberal introducida al ámbito escolar ha sido uno de los legados más nefastos que nos dejó el gobierno militar; la municipalización y la irresponsabilidad del Estado frente a la educación pública fueron las bases para establecer un mercado de la enseñanza, en el cual quienes tienen mayores recursos pueden costearse una educación de calidad, y quienes tienen menos, se conformen con lo que les alcance, negando así la igualdad de oportunidades que todo hombre y mujer se merecen, condenándolos a tener una existencia anclada en donde nacieron, con escasas posibilidades de surgir. Bajo esta situación es normal que niños y jóvenes no tengan conciencia ciudadana, y que lo único en que piensen sea en tener más para poder ser más.

En estas precarias y deprimentes circunstancias, es que se viene a agregar un nuevo factor, tal como ha sido publicado en numerosos diarios nacionales y locales, en los textos escolares de 5to básico aparece publicidad directa de ciertas marcas de renombre, bajo el pretexto de ser ejemplos explícitos sobre esta materia. Estos hechos no pueden sino indignar a la ciudadanía, que mira atónita como cada día, a las futuras generaciones se les enseña por sobre todo, a ser consumidores.

Es por ello que la educación debe romper con el sistema de libre mercado, se debe legislar para regular la materia, no basta con dejar hacer y dejar pasar en educación, el Estado debe ponerse los pantalones y hacerse cargo, no procurando mantener y fomentar la competencia, eso podrá ser para otras cosas, pero la instrucción de niños y jóvenes requiere de un compromiso social que va más allá de mirar la enseñanza como un servicio del cual cada chileno es cliente. Después de todo, estamos hablando del nivel de capacitación que cada trabajador en el futuro tendrá para hacer progresar al país, de la conciencia cívica que cada mujer y hombre tendrá dentro de la sociedad para exigir sus derechos y cumplir con sus deberes, de la igualdad oportunidades que toda persona merece, para que su cuna no sea su condena vitalicia a morir bajo las mismas circunstancias en las que nació, y por sobre todo las herramientas con que cada ciudadano procurará su desarrollo material y personal.

Lo acaecido con los libros que casi parecen folletos de marketing es un ejemplo, indignante y penoso, pero no hay que olvidar que es sólo una manifestación de un problema mucho más profundo, la estructura de la educación en nuestro país es el producto de un experimento norteamericano ochentero que salió horriblemente mal, del cual ya va siendo hora que nos hagamos cargo.

Gran Valparaiso, 07/04/11

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