Anibal Quijano: "El neoliberalismo arrastra a América Latina a la esclavitud"

Anibal Quijano: "El neoliberalismo arrastra a América Latina a la esclavitud"
Anibal Quijano es un destacado sociólogo latinoamericano, con fuertes lazos con el medio académico uruguayo. Esta entrevista de María Rivera, se ha transformado en material de consulta de universitarios y políticos uruguayos

Argentina está por explotar, pero después podrían seguir Venezuela, Perú... El neoliberalismo está llevando a los países latinoamericanos a situaciones sin salida, reflexionaba el investigador peruano Aníbal Quijano hace unos días, durante la Conferencia Latinoamericana de Ciencias Sociales (Clacso). Los hechos recientes le dieron la razón.

Con el 11 de septiembre fresco en la memoria, el sociólogo advertía que el panorama inmediato para los excluidos no era el mejor, porque el sistema trataría de llevar lo más lejos posible la explotación y la dominación. Sin embargo, agregaba, lo sombrío del presente no cancela la esperanza, necesariamente.

La gente sin empleo ni ingresos, pero que tiene que vivir en el mercado, está en una trampa, explicaba el autor de Colonialidad del poder, globalización y democracia. En su mayoría va a la esclavitud, sin más, pero un creciente número alrededor del mundo empieza a resistir y a organizarse bajo relaciones solidarias, creando redes alternativas que sientan las bases de nuevas visiones de la política y el poder. "Esta sociedad paralela es todavía pobre y débil, pero ya comienza a verse en India, Brasil, Argentina."

En el plano teórico, indicaba el director del Centro de Investigaciones Sociales de Perú y profesor del departamento de Sociología de la Universidad de Binghamton, Nueva York, también hay cambios. "La desmoralización -entendida en sus dos acepciones, como pérdida de la esperanza y de los escrúpulos- que marcó a los intelectuales después de la caída del socialismo real está dando paso a posturas cada vez más críticas".

El renacer de la utopía

Miembro de esa generación crítica que a fines de los 80 quedó sin voz, sin espacios donde publicar, exiliada interiormente, Aníbal Quijano es hoy punto de referencia de las propuestas teóricas surgidas en torno al movimiento antiglobalización.

-La utopía está en el centro de buena parte de los debates intelectuales en los últimos tiempos.

- ¿Por qué esa necesidad de retomar el concepto?

-Nosotros fuimos derrotados mundialmente. Entre mediados de los 70 y fines de los 80 todo aquello que era antagónico, incluso meramente rival de los núcleos de poder en el mundo, fue acabado. No sólo eso, las esperanzas fueron derrotadas. Todo aquello que planteaba opciones alternativas parecía cosa del pasado que debía terminar. En los debates la gente decía que nuestro pensamiento estaba fuera de moda y lo descalificaba sin mayor discusión. Esto produjo en la gente que hacía política y crítica una inmensa desilusión.

"A fines de los 90, en varios lugares del mundo comenzó una serie de protestas ante eso que llamamos globalización, que no es sino una reconcentración drástica del control de los recursos del mundo -80 por ciento de la población mundial utiliza menos de 20 por ciento de los bienes del planeta. Esto produjo una marejada social de resistencias que ha regresado a primer plano las propuestas, las ideas, las esperanzas. De ahí que la palabra utopía haya vuelto a cobrar un contenido que parecía perdido del todo."

-En perspectiva, ¿cómo evaluaría aquellos años? ¿Qué falló?

-No fuimos derrotados por casualidad. El pensamiento de izquierda no tenía los sustentos teóricos que le permitieran una genuina crítica del poder. Este sólo se denunciaba y lo que se necesitaba era sacar a la luz cómo estaba constituido y cómo podía desmontarse. Lo que ahora se propone son otras formas de existencia social donde el poder tiene un lugar menor, en las que la autoridad no se ejerce como poder, sino como mandato.

"Otro de los problemas era la forma de producir conocimiento. Me refiero al modo en que el eurocentrismo había logrado colarse en la cabeza de sus críticos, en cambio hoy existe un cuestionamiento más profundo al modo de conocer la realidad."

El movimiento indígena

-En estos cambios los movimientos indígenas cumplen un papel destacado.

-El llamado movimiento indígena de América Latina comenzó en la cuenca amazónica hace varias décadas. Formaron la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), que abarcaba Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y parcialmente Brasil. Fue el antecedente inmediato del Movimiento de las Nacionalidades Indias de Ecuador, que derivó en la Confederación Nacional Indígena de Ecuador (CONAIE), que ha creado un parlamento y una universidad indígena.

"Algo similar se fue generando en otros lugares hasta que explotó en Chiapas y ganó una audiencia mediática muy grande. Al tiempo de las movilizaciones sociales se produjo un proceso de reconstitución de los saberes propios de estos pueblos. La universidad indígena de Quito es su expresión más acabada. No se trata de un centro de estudios para indios, sino de una universidad de indios, que da paso a la investigación y reconstitución de sus propios modos de pensamiento, alejados de la visión eurocéntrica, aunque buscando juntarse con el resto de la sociedad.

"Y se dio algo similar en pueblos de otros continentes. Las poblaciones que fueron colonizadas, cuyos saberes fueron deslegitimados e incluso reprimidos, están reapareciendo. En estos momentos en que los modos de producción de conocimiento están en crisis, abre oportunidades. La principal es que se reconstituya una racionalidad no eurocéntrica."

-Gran parte de su análisis está centrado en el eurocentrismo, en la necesidad de desocultarlo.

-El eurocentrismo es una perspectiva del conocimiento que se elabora de manera sistemática desde el siglo XVII, sobre las bases de la colonización del mundo y la llamada clasificación racial de la población. Con Descartes, por primera vez en la historia el cuerpo pasa a ser naturaleza, objeto, que contiene un principio que se llama razón, de origen divino, que es el sujeto. En este dualismo radical está la base misma de la constitución del eurocentrismo. ¿Qué cosa está más próxima a la naturaleza? El cuerpo. La mujer, el negro, los indios son cuerpo, están más cerca de la naturaleza, por eso son discriminados.

"Nunca llamamos etnias a los franceses sino a los africanos y a los americanos aborígenes. Las etnias, los objetos de estudios son los otros. Los sujetos son ellos. Hay una visión racista y etnicista en esta distribución de identidades.

"Este modo de percibir la realidad es distorsionado de partida. Hace que nos parezca natural lo que no es. Hoy en día hasta los más democráticos piden igualdad de las razas, admitiendo que éstas existen, lo que no es cierto, son un invento absoluto. Esta perspectiva mental es la que está en crisis, desde adentro porque sus límites han sido plenamente verificados, y desde afuera porque la revuelta de los pueblos colonizados está en curso y pone en primer plano otras propuestas de conocimiento."

El tiempo de la derrota está terminando

-¿Hacia dónde nos dirigiríamos?

-Probablemente nos encaminamos hacia la constitución de una esfera común de significaciones donde haya elementos que nos permitan entendernos y comunicarnos sin perjuicio de las diferencias.

"Hay una profunda revolución en el terreno del conocimiento y del pensamiento a nivel mundial, y América Latina es uno de sus centros. En todo el continente existe una cantidad impresionante de gente, publicaciones, congresos y debates a fondo. El derrotado fue un modo de conocimiento, incluso una izquierda de origen etnocéntrico y ahora nos encaminamos hacia otra cosa.

"Cuando decimos esperanzas o utopías, ya no hablamos de sueños o de las propuestas intelectuales de antes; estamos hablando de cómo reconstituir otra realidad."

-¿Otra realidad con mentes y actores nuevos?

-Durante los últimos 30 años una generación entera salió de escena. Muchos se pasaron al otro lado. La juventud que regresa a las movilizaciones no tiene memoria. Pero eso tiene también una virtud, son ánimos limpios sin esas distorsiones laberínticas de la vieja izquierda. Sin amargura. Por eso estoy convencido de que el tiempo de la derrota está terminando.

La Onda Digital, Junio 2004