¿Se acerca el fin de la educación 'low cost'?

Danger: Rising tuition¿Se acerca el fin de la educación 'low cost'?

En España entre el 80% y el 90% del coste de los estudios universitarios está subvencionado por las arcas públicas. El ministerio acometerá en 2013 una reforma que acercará las tasas a su valor real, pero algunos piden cambios antes. ¿Es el final de la Universidad de bajo coste?

Los universitarios de nuestro país sólo sufragan con las tasas de matrícula entre el 10% y el 20% del coste real de sus estudios, y el Estado subvenciona el resto, independientemente de los resultados académicos de los alumnos, de los años que necesiten para completar su carrera o de la calidad de la enseñanza que imparte cada institución.

De esta forma, en un momento como el actual de recortes presupuestarios y revisión de los pilares del Estado del Bienestar, muchos expertos proponen cambios que acerquen los precios de las matrículas a su valor real.

Los problemas pueden venir para aquellos que, por su capacidad económica, no puedan afrontar esas cantidades, pero para evitar estas situaciones, la idea sería acompañar esta apreciación del coste de los estudios con un gran programa de becas que garantizase el acceso a la Universidad a quienes no pudieran hacer frente a su coste.

Las recetas son de distinto tipo: algunos proponen también el establecimiento de diferentes precios en función de los niveles de renta de los alumnos. Y, por supuesto, establecer una especie de contrato por el que el estudiante debe cumplir unos objetivos académicos para seguir disfrutando de estas ayudas al estudio.

Además del asunto económico, de esta forma, resaltan algunos profesores, se lograría un mayor compromiso y esfuerzo por parte de los universitarios, que serían más conscientes del esfuerzo que realizan todos los contribuyentes para financiar su trayectoria académica.

En España, el coste real de los estudios universitarios está subvencionado entre un 80% y un 90% y los precios de las matrículas sólo aportan entre el 15% y el 20%, según los cálculos de Juan José Dolado, profesor de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid. La plaza de cada estudiante de una universidad pública –hay más de 1,3 millones– cuesta unos 8.000 euros al año y paga una media de 900 euros, por lo que recibe una subvención indirecta de 7.100 euros.

Los malos resultados académicos también tienen un coste para el erario público. El 30% de los alumnos abandona en los dos primeros años de carrera y sólo el 30% completa su titulación a curso por año. Dolado calcula que esto supone una pérdida anual de 2.960 millones de euros, es decir, el 0,27% del PIB, mientras que nuestro país destina a becas y ayudas al estudio un 0,08%, muy por debajo de la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que es del 0,27%, el triple.

Propuestas

Rafael Cortés Elvira, rector de la Universidad Camilo José Cela, propone diferentes tramos de pago por niveles de renta y su vinculación a los resultados académicos. "Estoy convencido de que terminará sucediendo, aunque no sé en cuanto tiempo. Todo lo que es gratuito parece que no lo paga nadie y no es así, porque está consumiendo recursos de los ciudadanos. La diferencia entre el coste real de los estudios universitarios y lo que paga el alumno debe tener concepto de beca desde el principio, y no de subvención como ahora. Ligando esa ayuda al poder adquisitivo. Para algunos podrá ser del 100% y para quien no lo precise tendría que ser cero. Entre esos extremos puede haber muchos tramos con diferentes niveles de pago. Y, por supuesto, quien no apruebe en un número de convocatorias perdería esa beca", señala.

El Ministerio de Educación tiene su propio calendario para introducir estos cambios, pactado en el Consejo de Universidades, que reúne a las cerca de 80 universidades de nuestro país, y por la Conferencia General de Política Universitaria, en la que están representadas las 17 comunidades autónomas.

En el Documento de mejora y seguimiento de las Políticas de Financiación de las Universidades para promover la excelencia académica e incrementar el impacto socioeconómico del Sistema Universitario Español se propone, entre otras medidas, la potenciación de las becas y el pago de los precios públicos de las matrículas en función del nivel de renta de los estudiantes y el endurecimiento de las normativas de permanencia de los alumnos en los planes de estudio, exigiendo mejores resultados y acortando el tiempo necesario para obtener la graduación. Según este calendario, los cambios en los precios de las matrículas no se acometerán hasta el año 2013.

Juan José Moreno, director general de política universitaria del Ministerio, señala que "la política actual de precios públicos con subidas anuales basadas en el Índice de Precios al Consumo (IPC) se mantendrá hasta que esté completamente implantado el nuevo modelo de contabilidad analítica en todas las universidades y conozcamos los precios reales de las titulaciones, a la vez que se mejora la cuantía destinada a becas".

Autoridades

Respecto a las cambios, el responsable político admite que "en la convocatoria de becas del curso 2011-2012 ya se han incorporado medidas que por una parte premian a los alumnos con magnífico rendimiento académico a la vez que excluyen el pago de la tercera matrícula (quinta y sexta evaluación de una asignatura) en determinados casos". Y concluye que cuando se haya completado el nuevo escenario basado en el análisis de costes, el incremento de las becas y los programas de orientación para apoyar a los alumnos, el modelo de diferentes tramos de precios puede ampliarse con nuevos escalones y opciones.

Por su parte, Juan Juliá, vicepresidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y rector de la Universidad Politécnica de Valencia, reconoce que "en la actualidad, sin cuestionar una oferta pública universitaria fuertemente subvencionada como en la mayor parte de Europa, sí es conveniente una revisión de la política de tasas que se aproxime más al coste del servicio, especialmente en segundas y terceras matrículas. Pero ello es indisociable de la potenciación y extensión de una política de becas, haciendo compatible la garantía de la igualdad de oportunidades con la cultura del mérito. Y, desde luego, las becas, como cualquier otra ayuda pública, se legitiman desde el esfuerzo y el rendimiento, en este caso, por medio de los resultados académicos".

Expansión, 13/06/11

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