Moncho Alpuente: Excelente torpeza

Moncho Alpuente: Excelente torpeza
Educación pública gratuita para los pobres, o para los ingenuos que siguen creyendo en ella

Nadie puede negarle a la presidenta Esperanza Aguirre el interés que derrocha en áreas tan sensibles de su gobernación como la sanidad y la educación que en la Comunidad de Madrid siempre están sujetas a novedosas reformas y experimentos. En el devastado campo de la educación ya existe el copago que en los colegios concertados, semiprivados o privados subvencionados, se traduce en las tasas y complementos que ha de pagar el alumnado por diversos temas extraescolares. Gila en uno de sus clásicos monólogos telefónicos representaba a un padre agobiado por la factura del colegio en la que figuraban conceptos tan novedosos como el desgaste de patio.

Todo llegará, las reformas que tocan este año se centran en el Bachillerato excelentísimo y en el recorte de 2.500 profesores de institutos. Más para los menos y menos para los más. De los 2.278 buenos estudiantes que se han presentado a las pruebas de superselectividad, solo 210 han pedido plaza en el Bachillerato de excelencia, la mayoría no quiere integrarse en el selecto gueto y compite por los 25 premios extraordinarios, un cheque de 1.000 euros y un viaje a Roma donde los excelentes peregrinos recibirán probablemente la bendición papal por su aprovechamiento. En la onda inversa de aquel sistema de formación castrense, con perdón, que discriminaba al "pelotón de los torpes" en pro de una instrucción de mejor calidad, el Bachillerato de Excelencia, con mayúsculas selecciona un pelotón de los listos, 100 alumnos que gozarán, se supone, de una mejor educación que la inmensa mayoría.

Si la excelencia no parece interesar demasiado a los presuntos excelentes aún interesa menos a los encargados de impartírsela, solo 20 docentes han solicitado su entrada en el proyecto estrella de Esperanza Aguirre que ha anunciado que la educación será el principal eje de la presente legislatura, anuncio que eriza los vellos de los profesores de la enseñanza pública, con minúsculas, sobre todo de los profesores interinos que serán los más afectados por los recortes. Los profesores interinos han aprobado, una o varias veces, la oposición para dejar de serlo pero no han conseguido plaza porque les falta la antigüedad suficiente, antigüedad que les falta precisamente por ser interinos a los que se contrata temporalmente para cubrir bajas o hacer sustituciones. La pescadilla que se muerde la cola acaba por perder la cabeza, con este recorte que incorpora el aumento de horas lectivas a los contratados, la Comunidad contratará en septiembre menos personal interino. Si me permiten la digresión le tengo cierto cariño a la palabra interino que fue mi apellido cuando hacía sustituciones veraniegas en un diario madrileño desaparecido hace años.

Retrocediendo aún más en el tiempo recuerdo las prolijas explicaciones que para acallar mi incipiente conciencia social me daba un cura del colegio, profesor fijo del eminente claustro. Preguntaba yo por qué existían en aquella escuela alumnos de pago que estudiábamos el Bachillerato y alumnos gratuitos a los que se les despachaba algo llamado cultura general, también preguntaba por qué aquellos compañeros nuestros entraban al colegio por la puerta de servicio y nunca coincidíamos con ellos en los patios de recreo. Hijo mío, vino a decirme el sacerdote docente, tenemos que educar a los hijos de los patronos para que sean buenos patronos y a los hijos de los obreros para que sean buenos obreros, hacer otra cosa sería fomentar la lucha de clases, aunque existen excepciones, cuando vemos que un hijo de obrero es un estudiante excelente, le damos una beca para que haga el Bachillerato.

El sistema educativo que impone la Comunidad de Madrid es algo más sofisticado, educación pública gratuita para los pobres, o para los ingenuos que siguen creyendo en ella con la que está cayendo, educación concertada para los que pueden concertar un precio y educación de excelencia para los mejores, vengan de donde vengan, aunque los que vengan de colegios públicos lo tendrán cada vez más difícil. Con 2.500 profesores menos los profesores de historia tendrán que dar también educación física y los de matemáticas geografía. Las Consejerías de Educación y Sanidad de la Comunidad de Madrid podrían fundirse, para mayor ahorro, en una sola Consejería de Beneficencia. Para desmantelar mejor los sectores educativo y sanitario hay que vaciarlos primero, degradarlos y precarizarlos, luego cuando ya no sirvan para nada o sirvan para poco será más fácil abogar por su desaparición y su trasvase hacia benéficas y caritativas instituciones.

El País, 13/07/11

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