Henning Jensen Pennington: El Banco Mundial y la autonomía universitaria

Henning Jensen Pennington: El Banco Mundial y la autonomía universitaria
La economía del Banco Mundial es un instrumento para alcanzar fines políticos
Las intervenciones crediticias del Banco Mundial no vienen solas. A ellas se les une un paquete de condiciones que se concretan en “convenios de desempeño”
Henning Jensen Pennington, Vicerrector de Investigación, UCR

En diferentes artículos que he publicado en los últimos doce meses me he referido al documento “Competitividad en Costa Rica”, elaborado por el Banco Mundial y rubricado por el Gobierno de la República en junio del 2009. Este documento contiene un párrafo atinente al modelo de la universidad pública costarricense que estipula nuestra Constitución Política; es decir, aquel modelo de educación superior pública que responde a su vez al modelo de país constituido por el pueblo costarricense.

El mentado párrafo dice lo siguiente: “…los mecanismos de financiamiento tradicionales usados en Costa Rica, combinados con autonomía universitaria, limitan la capacidad del gobierno de influir enormemente el sistema. Se requiere la búsqueda de mecanismos de financiamiento flexible y de otros incentivos para promover las mejoras en los programas y el desempeño universitario.” (p. 25).

Este documento sobre competitividad en Costa Rica señala muchos aspectos importantes sobre nuestra economía y educación, entre otros temas, al tiempo que es prolífico en recomendar posibles vías de solución de problemas medulares de nuestro país. Quizá se deba al carácter unívoco de las puntualizaciones del Banco Mundial y a su ascendencia sobre las autoridades de nuestro país que el acuerdo para la firma del FEES, de agosto del 2010, contenga referencias tácitas al documento mencionado, y se haya recurrido a este organismo financiero para tramitar un crédito por $200 millones para las universidades públicas.

Es sabido que el Banco Mundial no es un ente financiero como cualquier otro, sino que sus operaciones de cooperación económica van acompañadas de una poderosa e imponente perspectiva de la economía y la sociedad. Es un banco que otorga dinero condicionado a la aplicación de políticas públicas que él define según su weltanschauung, su visión de mundo. Es un banco que tiene al mundo en su mira y una concepción perfectamente articulada, aunque no necesariamente afortunada, de la educación superior. En pocas palabras, la economía del Banco Mundial es un instrumento para alcanzar fines políticos.

Es por ello que un crédito para las universidades públicas ha de engarzar con las políticas expresas de este organismo y responder a sus lineamientos. La educación superior pública costarricense no es el primer ensayo del Banco Mundial en esta materia. Por el contrario, su experiencia es vasta y en algunos países le ha dado forma y contenido a su sistema educativo; por ejemplo en Chile, cuya educación ha sido calificada como un sistema de reproducción de la desigualdad.

Las intervenciones crediticias del Banco Mundial no vienen solas. A ellas se les une un paquete de condiciones que se concretan en “convenios de desempeño” que, en el caso de la negociación con el Consejo Nacional de Rectores (CONARE), se llaman “acuerdos de mejoramiento institucional” (AMIS). A juzgar por las experiencias de otros países y por lo manifestado en el documento “Competitividad en Costa Rica”, estos acuerdos se concentran en el fortalecimiento de ciertas disciplinas definidas como relevantes o prioritarias, perdiéndose así un estímulo integral de todas las áreas de las instituciones universitarias.

La planificación estratégica, la rendición de cuentas y la gestión de la calidad son procesos esenciales de la vida universitaria. Para ello no requerimos de indicaciones del Banco Mundial ni del Gobierno, pues así lo entendemos y practicamos en la Universidad de Costa Rica. Véase, por ejemplo, que la Vicerrectoría de Docencia de la UCR apoya la acreditación de las carreras de grado y así lo hace también el Sistema de Estudios de Posgrado con sus diferentes programas. En la Vicerrectoría de Investigación existe la Unidad de Gestión de la Calidad, que ha acreditado alrededor de 1.900 ensayos y certificado las buenas prácticas de laboratorio, al igual que la calidad de numerosas revistas científicas.

En el aseguramiento de la calidad y en la rendición de cuentas, la UCR sigue la lógica académica que le dicta su propia naturaleza de institución de educación superior.

En otras palabras, en aras de cumplir con las condiciones de un convenio de desempeño, no puede abandonar su potestad de usar sus recursos de acuerdo con la conveniencia institucional y del país.

Los AMIS se firman con el gobierno e incluyen, por parte del banco, revisiones periódicas sobre el cumplimiento de objetivos y metas previamente definidos, de cuyos resultados depende la continuidad del financiamiento. Por lo general, los objetivos, las metas y sus indicadores son definidos conjuntamente entre las universidades, el gobierno y el banco.

Tenemos aquí un tema especialmente sensible relativo a la autonomía de gobierno de las universidades. ¿Quién prepara el texto de los acuerdos de mejoramiento institucional? En este caso, se practica un modelo tripartito, pero es claro que tanto el Gobierno de la República como el Banco Mundial adquieren un gran poder de injerencia. A esto deben agregarse los montos por contrapartida que corresponden a partidas del presupuesto ordinario de las universidades.

Como puede verse, estos aspectos (y otros que no he mencionado) involucran a la universidad como un todo, tocan temas centrales de nuestra vida universitaria y del modelo de universidad que hemos edificado sobre el principio de autonomía.

Todavía falta un trecho por caminar en la consolidación de este empréstito, cuya última etapa será resuelta por la Asamblea Legislativa. No hay duda de que el gobierno pretende “influir enormemente el sistema” de la educación superior pública. Por otro lado, es legítimo e impostergable que en las universidades aspiremos a mejorar nuestra infraestructura y asegurar el crecimiento de nuevos programas y proyectos. Sin duda, debemos corregir errores y optimizar el uso de nuestros recursos. No podemos aplazar la formación de nuevas alianzas con la educación primaria y secundaria, ni debemos diferir la formación de los profesionales requeridos para el desarrollo nacional, ni tampoco demorar los encadenamientos indispensables con el sector productivo (público o privado) para estimular el progreso de nuestra nación.

Pero todo eso no debemos hacerlo con una actitud tecnocrática y parcial, sino con una visión integral de la universidad y del país. La creación artística y la superación de problemas sociales, como la violencia y la exclusión, son muy importantes, al igual que lo son los grandes aportes de las ingenierías. No puede caber duda de que el desarrollo equilibrado de nuestra sociedad requiere que fortalezcamos las diferentes áreas del conocimiento, pero no hay nada que indique que el Banco Mundial comparta esa visión integral de universidad y país que hemos cultivado durante décadas. Para reafirmar esa visión, es trascendental que CONARE sea una unidad enérgica y resuelta.

Diario Extra, 04/10/11

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