Eduardo Ibarra Colado: ¿De qué están hechas las olas del Sistema Universitario Mexicano? Las noticias que marcaron el año

Pulso universitario 2011

¿Cuáles fueron las noticias que marcaron el año en el ámbito universitario? Piénselo por un momento y dígame que respondería. Seguramente vendrán a su mente los eventos más sonados o los debates que ocupan comúnmente los espacios de la prensa. En el primer caso se encuentra, por supuesto, el conflicto en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México o la designación del rector Narro para gobernar durante un segundo período a la UNAM. En el segundo están las noticias de corte estacional, es decir, las que se repiten cada año en ciertos momentos: las revisiones salariales y contractuales en enero-febrero, los movimientos de rechazados en julio-agosto o la discusión del presupuesto en noviembre-diciembre. Aunque esta primera apreciación no falta a la verdad, en la prensa se dice mucho más sobre las universidades públicas mexicanas, pues hay información que, sin ser espectacular o constituirse en el tsunami del día, aborda los temas y problemas que van delineando su agenda más cotidiana. Para tener un panorama más completo de las aguas por las que se desplaza el Sistema Universitario Mexicano es necesario distinguir el oleaje en el que navega su embarcación, entre días soleados, épocas de nubarrones y algunas tormentas. Veamos.

Pulso universitario 2011

Desde que emprendimos la creación del LAISUM, hace ya casi cinco años, nos planteamos la necesidad de tomarle el pulso al Sistema Universitario Mexicano. Para hacerlo, iniciamos la ardua tarea de recopilar un número significativo de noticias publicadas en distintos medios de la prensa nacional y de ordenarlas de acuerdo con su tema y subtema principal. Esta clasificación permite apreciar la frecuencia de los asuntos tratados en los periódicos y si ellos aparecen cíclicamente o son de carácter estrictamente coyuntural, delineando de alguna manera en sentir de la opinión pública.

El ranking de pulso universitario: diez temas y más de una sorpresa

Para esclarecer la condición de los mares que surcó el navío universitario, realizamos un ejercicio preliminar que consideró 7 mil 655 notas periodísticas publicadas de enero a diciembre de 2011. Las preguntas surgieron de inmediato: ¿de qué están hechas las olas del Sistema Universitario Mexicano? ¿Predominaron las tormentas o los días apacibles y soleados? ¿Acaso los conflictos más sonados o los temas cíclicos expresan adecuadamente lo que sucede en nuestras universidades? ¿Cómo podemos dar cuenta de la travesía universitaria que se desprende de este análisis? Comentemos brevemente algunos de nuestros hallazgos.

1) Investigación científica: 1,573 notas, 20.6% del total

Investigación científica

Aunque usted no lo crea, los temas más tratados en la prensa nacional se relacionan con los enormes aportes realizados por las universidades públicas mexicanas en la producción y transmisión de conocimientos. El oleaje es muy variado y comprende las nueve áreas de conocimiento en las que el SNI agrupa a las disciplinas científicas. Vale la pena destacar la abundante producción realizada desde la arqueología y la antropología, campos que han contribuido largamente a recatar e interpretar nuestra herencia cultural, muy arraigada en las culturas prehispánicas que perviven bajo tierra, desde sus majestuosas edificaciones que no acabamos de desentrañar.

La divulgación de la ciencia produce también un oleaje de importancia, dejándonos apreciar que es mucho más lo que se hace al respecto, frente a lo que comúnmente se afirma. La contribución de las llamadas ciencias duras es incuestionable: los aportes en el campo de la salud han sido factor clave para contener el deterioro de bienestar social, que de otra manera hubiese sido muy superior al que hoy se aprecia; la física, las matemáticas y las ciencias de la tierra mantienen una tradición científica que, al lado de sus pares en el mundo, realiza contribuciones relevantes para esclarecer los problemas de la agenda internacional, entre otros el cambio climático, los fenómenos meteorológicos y la producción de energía; la biotecnología y las ciencias agropecuarias son indispensables para el desarrollo futuro del país, pues de ello dependen el tratamiento de diversos males y enfermedades, la producción de vacunas y medicamentos, y la soberanía alimentaria tan descuidada por el gobierno en turno.

Por su parte, las ciencias sociales se mantienen activas permitiendo comprender una gama muy amplia de problemas económicos, sociales y políticos que apuntan a la necesidad de transitar hacia un nuevo modelo de desarrollo que deje de lado los espejismos del mercado. Sólo así se podrá restituir un futuro para esas mayorías desempleadas, marginadas y sin oportunidades de educación que hoy ya lo dan por perdido.

Este colorido oleaje de conocimientos, plasmado todos los días en la prensa nacional, muestra el indiscutible aporte que las universidades públicas hacen a la nación, a pesar de lo que afirman ciertos sectores gubernamentales y privados que, en sus obsesiones privatizadoras, escamotean y desprecian el enorme valor de un bien público que es imposible negar.

2) Normatividad, gobierno y gestión universitaria: 1,370 notas, 17.9% del total

Normatividad

El segundo lugar de nuestro ranking nos lleva, ahora sí, al terreno de las ocho columnas. La prensa dedico amplios espacios a conflictos relacionados con la incorrecta aplicación de las normas que regulan la vida de las universidades públicas, mostrando que el marco legal es violentado comúnmente por quienes deberían defenderlo sin cortapisas, me refiero a los funcionarios gubernamentales, los legisladores y las autoridades universitarias. El respeto a la autonomía sigue siendo el tema delicado que provoca remolinos en mares convulsos, como lo dejaron muy en claro los conflictos que marcaron la designación de los rectores en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, la Universidad Juárez del Estado de Durango y la Universidad Autónoma de Baja California. En todos estos casos fueron aprovechadas las ambigüedades de la norma para impulsar las típicas interpretaciones hechas a la medida de las ambiciones de los grupos que controlan la universidad, provocando con ello inestabilidad y ruptura de la gobernabilidad institucional.

Por supuesto, en este ámbito los reflectores alumbraron el fuerte oleaje que azotó a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, joven institución que experimentó fuertes turbulencias de abril a agosto de 2011, sin lograr atisbar aún la ruta que la conduzca a puerto seguro, por lo que no podemos afirmar que su barca no se vea sacudida por nuevas tormentas en este 2012.

2011 fue testigo también de la irrupción cíclica de diversos movimientos de rechazados, pues son muchos los jóvenes que demandan un lugar para estudiar en las universidades públicas; sin embargo, la oferta es insuficiente, en parte por una política de contención instrumentada por el gobierno para favorecer el crecimiento de las privadas, y en parte por la decisión de impulsar modalidades distintas que no han resultado suficientemente atractivas como para reorientar la demanda.

El problema de los rechazados es un asunto crucial pues implica la instrumentación de políticas claras para recuperar a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, a la vez de aprovechar el bono demográfico antes de que se nos escape de las manos. Si no se adoptan decisiones de fondo, que implican la ampliación decidida la cobertura, y se siguen instrumentando sólo paliativos que posponen el problema, tales movimientos se extenderán como un ciclón provocando un debilitamiento estructural de la gobernabilidad de las instituciones, con lo que verán mermada su estabilidad y las condiciones que requieren para llevar a cabo su importante labor.

La tercera “gran nota” del año en este ámbito fue la sucesión en la rectoría de la UNAM. Las comillas tienen que ver con lo que realmente sucedió, es decir, con un proceso que se pensaba sería más intenso y movido, pero que terminó como la crónica de una designación anunciada. En otros términos, mucho ruido y pocas nueces. Será hasta 2015 cuando se suban al cuadrilátero los distintos sectores de una comunidad muy diversa, para proyectar con sus candidatos sus intenciones para conducir a la Universidad Nacional por los nuevos oleajes producidos por un gobierno del que sería aventurado predecir en estos momentos cualquier cosa.

3) Política, economía, sociedad y cultura: 1,131 notas, 14.8% del total

Política

La tercera posición reafirma la importancia que tienen las universidades públicas como instituciones que contribuyen a solucionar muchos de los problemas del país y que se encargan de preservar y difundir la cultura para enlazar nuestro mosaico de diversidades, mediante ciertos valores compartidos que nos otorgan identidad como Nación. Por una parte, la universidad se constituye como factor de equilibro al contribuir decididamente a defender el Estado de derecho y a fortalecer la democratización del país. Por la otra, basta apreciar el peso que tiene la universidad en el ámbito de la producción cultural para volver a reconocer su valor como bien público de los mexicanos que es necesario preservar y defender. Como se ha indicado muchas veces, el país que hoy tenemos no puede ser comprendido al margen de los aportes de la universidad, pero hay que añadir también que la viabilidad y el futuro de México no son concebibles sin las universidades públicas, pues ellas aportan mucho, muchísimo, al grado que ninguna otra institución las podría emular o sustituir.

4) Sistema educativo nacional: 987 notas, 12.9% del total

SEN

Las noticias en torno al Sistema Educativo Nacional ocuparon la cuarta posición. Se trata de información que permite comprender el contexto más amplio en el que las universidades se mueven y operan, es decir, en todo lo que hacen más allá de su propio ámbito de acción al articularse con la educación básica y el bachillerato, al apoyar la formación de los profesores en tales niveles y al propiciar el acercamiento de los niños y jóvenes a la ciencia, las matemáticas y la computación.

Muestra también la diversidad y complejidad de la educación superior, que integra en su seno a una gama amplia de modalidades institucionales, incluidos los institutos tecnológicos, las universidades tecnológicas, las politécnicas y las interculturales. Se encuentran también las instituciones privadas de educación superior, algunas de ellas de innegable calidad, pero otras, la inmensa mayoría, concebidas a imagen y semejanza de los restaurantes de comida rápida que entregan con cada inscripción una cajita de “conocimiento” feliz.

Al apreciar este amplio conjunto institucional es posible nuevamente dar cuenta de la incuestionable importancia de las universidades públicas. Los datos no mienten: en el ciclo 2006-2007 las universidades públicas federales y estatales más el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Pedagógica Nacional (sólo unidades federales) atendieron al 44.5 por ciento de la matricula nacional; el resto se distribuyó entre otras modalidades universitarias públicas (4.3%), el subsistema de tecnológicos públicos (14.1%), otras IES públicas (1.1%), el subsistema de escuelas normales (5.7%) y las escuelas particulares (30.2%).

5) Desempeño de la educación superior: 654 notas, 8.5% del total

Desempeño

En un honroso quinto lugar se ubicaron las notas referidas al espinoso tema del desempeño de la educación superior, pues ha sido punta de lanza de las políticas gubernamentales en al menos las últimos dos décadas. Destacan dos grandes asuntos en el debate en los medios. En primer lugar, el tema de la insuficiente cobertura si consideramos que México, muy alejado de los niveles alcanzados por los países de la OCDE, se encuentra incluso por debajo de la media del 38% registrada en América Latina. Hoy se festina en los círculos oficiales una tasa del 32 por ciento, a todas luces engañosa si se tomara en cuenta, para realizar el cálculo, a la población en edad de acudir a la universidad (19-23 años), con lo que la tasa referida se ubicaría en un triste y patético 25 por ciento. No debe sorprendernos, por tanto, la ya comentada movilización cíclica de los jóvenes rechazados a lo largo y ancho del país.

En segundo lugar, la evaluación ha sido materia de desacuerdos y enojos, sobre todo porque se aplica un modelo que confunde los “indicadores” con la realidad para, sobre tal base, otorgar recursos extraordinarios a las instituciones que poseen los números, dejando a la deriva a las demás. Se trata de un modelo agotado pues poco mide y ya no discrimina: no está lejos el día en el que todas las instituciones, tras un penoso aprendizaje, comprendan las aguas que hay que navegar para acreditar sus programas, no importando demasiado si en ello juega cierta dosis de simulación que las mantenga a flote. Sin duda las políticas de evaluación demandan su revisión urgente, aunque no son pocos los rectores que prefieren no moverle por temor a perder los recursos frescos que reciben, en tanto los funcionarios gubernamentales insisten en las bondades de un modelo, tan sólo porque les otorga mayores márgenes de acción debido a la obediencia institucional que induce.

6) Carrera académica: 578 notas, 7.5% del total

Carrera académica

La sexta posición nos conduce al muy sensible terreno de la carrera académica. Al respecto vale la pena comentar dos cosas. Primero, que la mayor parte de las noticias publicadas en este ámbito (el 76.8%) dan cuenta de los aportes que los académicos universitarios realizan en los ámbitos de la educación, la ciencia y la cultura. Se trata de un dato que reafirma lo que ya indicamos al hablar de la investigación científica, dejando en claro que la mayor contribución que la universidad hace a la sociedad se encuentra en la producción y transmisión de conocimiento para solucionar los problemas que enfrenta. Pero permite también enfatizar algo que muchos niegan y que a muchos molesta, que la universidad es una institución sustentada en el mérito y que la carrera académica adquiere proyección y sentido sólo cuando impacta a la sociedad y es reconocida por ello.

La segunda cuestión que vale la pena comentar se refiere a la poca información en los medios sobre los problemas sustanciales de la carrera académica, más cuando sabemos que diversas universidades han propuesto modificaciones a los estatutos del personal académico y cuando poco o casi nada se publica sobre problemas agudos que todos conocen y todos callan. Me refiero, por ejemplo, al envejecimiento académico, la renovación de la planta académica, la fuga de cerebros y la presencia de infinidad de “prácticas académicas indebidas” que casi nunca son sancionadas.

Si algo sucedió en este terreno, se trató de una breve llovizna en enero, cuando se introdujeron algunas enmiendas al Programa de Primas al Desempeño del Personal Académico en la UNAM, y otra en julio acompañada de una breve tormenta eléctrica, cuando la Universidad de Guadalajara indicó no contar con la asignación de recursos requerida para pagar los estímulos al desempeño docente, pero donde los docentes afectados no dejaron de señalar que el dinero nunca faltaba para cubrir puntualmente los sueldos y compensaciones del grupo directivo. En ambos casos la sangre no llegó al río pues funcionaron los acuerdos ad hoc para que (casi) todos estuvieran contentos.

7) Políticas y programas de ciencia y tecnología: 460 notas, 6% del total

Políticas CyT

Cuando se trata de discursos, la ciencia y la tecnología han sido siempre prioridad para el gobierno federal; sin embargo, ello no se refleja en una asignación presupuestal que muestre que las palabras emitidas son algo más que sonidos que se pierden en el vacío. Nuestro ranking es un reflejo de esta situación, pues aquello que ocupa la primera posición por sus logros –la investigación científica–, se sitúa apenas en la séptima casilla por la relevancia que le otorga el Estado. Si bien se aprecia cierto oleaje sobre distintos tópicos, podemos decir que en este ámbito el mar no está muy picado. Las noticias dan cuenta de la presencia coyuntural de ciertos asuntos, como la cresta que se observa, la azul de marzo de 2011, que corresponde a la designación de Enrique Villa Rivera como director del Conacyt. Este evento motivó una discusión de momento sobre el rumbo y la posible reorientación de las políticas y sobre las expectativas que en ello despertaba el nuevo titular. También se constata la aparición de disputas cíclicas, como la asignación de recursos a la ciencia cuando se discute el presupuesto de egresos cada año, como lo muestra la joroba verde que se extiende de agosto a noviembre.

8) Financiamiento de la educación superior: 333 notas, 4.3% del total

Financiamiento

A más de uno le podría parecer que el financiamiento de la educación superior sería un tema álgido en los medios. La modesta octava posición que ocupa este tópico indica, más bien, que nos hemos acostumbrado a repetir cada año el mismo montaje, caracterizado de un lado por declaraciones que muestran la urgente necesidad de asignar un presupuesto creciente y estable a la educación superior, y del otro por los mismos argumentos de siempre que sostienen que no se puede dar lo que no se tiene y que en un país como el nuestro hay otros asuntos sociales urgentes por atender además de la educación. Al final se concreta un presupuesto que no resuelve las carencias, pero se renuevan las promesas de que el próximo año las cosas serán distintas... y a seguir esperando.

La nota de 2011 en la materia se centro en la demanda reiterada de la ANUIES para que el congreso aprobara los presupuestos multianuales con la finalidad de otorgar a las instituciones estabilidad y certidumbre de mediano plazo, lo que facilitaría sus tareas de planeación. Asimismo, se insistió en la conveniencia de impulsar una política de Estado hacia el sector para blindar a las universidades públicas de los vaivenes de coyuntura económica y política que resultan casi siempre en indeseados y costosos recortes presupuestales.

Llama la atención que sólo el tema de las becas sea atendido de manera constante durante el año, mientras se comenta muy poco sobre los programas de financiamiento extraordinario a concurso asociados a la evaluación, y prácticamente no se dice nada del monto de cuotas por colegiatura y servicios que aplican las universidades públicas a sus estudiantes, verdadero misterio que mucho valdría la pena esclarecer. ¿Sabe alguno de nuestros amables lectores cuánto pagan los estudiantes de las universidades públicas por su educación? Se trata de un verdadero galimatías.

9) Políticas y programas de educación superior: 312 notas, 4.1% del total

Políticas Ed Sup

Con las políticas y programas de educación superior, ubicados en la penúltima posición, sucede algo muy similar a lo que ya comentamos con las políticas de ciencia y tecnología, acaso con la diferencia de que la comunidad científica otorga mayor dinamismo a la discusión en comparación con la postura más pausada de la ANUIES y los rectores de las UPMs. Se trata nuevamente de asuntos que deberían despertar un mayor interés en la opinión pública si atendemos a la relevancia que la educación superior tiene para el desarrollo del país. El comportamiento observado en 2011 indica que en este terreno en realidad nadie hace muchas olas, como si se tratara tan sólo de un asunto de expertos que saben cómo nadar en un mar plagado de tiburones.

El único sobresalto que se aprecia en 2011 y que dio lugar a una tímida discusión en los medios derivó del decreto presidencial mediante el cual es posible deducir las colegiaturas de las escuelas particulares del impuesto sobre la renta, asunto que anticipaba la nueva cresta de enero de 2012 relacionada con el “Programa de Financiamiento a la Educación Superior” que introduce ya, de manera abierta, el crédito educativo en nuestro país. La otra crestita de septiembre se relaciona con los comentarios suscitados por el V Informe Presidencial, en donde lo que se destacó es que no había mucho que destacar.

10) Relaciones laborales: 257 notas, 3.4% del total

Relaciones laborales

Finalmente, la última posición en nuestro ranking 2011 de pulso universitario correspondió a uno de los ámbitos más opacos de la vida universitaria, ese que tiene que ver con las relaciones laborales sostenidas entre autoridades y sindicatos, sin que hasta la fecha exista información que permita apreciar mínimamente cómo se conduce la relación, cómo se administra el contrato colectivo y cómo operan los sindicatos. Las noticias que llegan a los medios se relacionan con las huelgas que llegan a estallar, como la de Chapingo o la del Colegio de Posgraduados en marzo de 2011, o la revisión salarial entre la UNAM y el STUNAM en octubre de cada año, que despierta interés porque indica el tope salarial que se aplicará al sector en su conjunto.

Además de esto, el año se encuentra salpicado con noticias sueltas que dan cuenta de conflictos puntuales, paros, marchas o disputas intersindicales. Pero poco se sabe de aquello que resulta fundamental, por ejemplo, de la estructura de prestaciones que se negocia con cada contrato y de su costo, o de los términos y costos de las retabulaciones que se han convertido en un subterfugio para sacarle la vuelta a los topes salariales, con lo que se desvirtúa el escalafón desdibujándose las funciones asociadas a cada puesto laboral y su relación con el salario. Tampoco se dice mucho del número de afiliados y no afiliados a los sindicatos, del monto que representan las cuotas y del destino de tales recursos en manos de las dirigencias sindicales.

En estas aguas no están invitadas la transparencia y la rendición de cuentas, pues ellas podrían estorbar la libertad de movimiento de diestros peces que saben escabullirse en las circunstancias más apremiantes, protegiendo así atractivos negocios sindicales de los que algunos obtienen muy buenas prebendas y dividendos. Tal vez me digan que exagero. Por ello, para evitar especulaciones, bien valdría la pena aclarar las cosas mediante la presencia más amplia de los medios para dar a conocer lo que realmente sucede en este insondable ámbito de la vida institucional.

Por una carta de navegación

Para quienes han tenido la paciencia de acompañarnos con su lectura hasta estas alturas de nuestra columna, quedarán claras tres cosas. Primero, que la universidad es mucho más que esas olas de información que ocupan comúnmente las ocho columnas de la prensa nacional, pues se aprecian aguas más parejas y coloridas que decantan sus aportes para resolver los problemas más agudos que enfrenta el país en su accidentado camino hacia el desarrollo, la democracia y el bienestar social.

Segundo, que considerado en su conjunto, el análisis de este mar universitario permite apreciar zonas de aguas claras y cristalinas al lado de zonas en las que el mar revuelto impide ver con claridad lo que realmente sucede. En este último caso necesitamos sumergirnos para poder comprender lo que desde la superficie no se aprecia; para ello resultan indispensables mayor información y ciudadanos más atentos a los problemas que se mantienen en silencio.

Tercero, debemos preguntarnos por qué se pone tanta atención a ciertos asuntos y se dejan de lado otros que suponen, solo en apariencia, una importancia menor. Debemos evitar ser arrastrados por el oleaje de la nota espectacular para concentrarnos en las corrientes más plácidas que muestran lo que han hecho y hacen las universidades en su travesía por los mares de la educación, la ciencia y la cultura.

Valga, pues, este ejercicio para reconocer una agenda más amplia y compleja de la que se puede distinguir al mirar solo las olas, las crestas y los encabezados. Si somos capaces de descifrar la carta de navegación por la que transita el Sistema Universitario Mexicano, acaso podamos proponer nuevas rutas que eviten que el navío universitario encalle y sea capaz de sortear en el futuro los remolinos de la coyuntura económica y política para conducir al país a puerto seguro.

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*Profesor del Departamento de Producción Económica, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y Director General del LAISUM.
Artículo publicado en Laboratorio de Análisis Institucional del Sistema Universitario Mexicano (LAISUM).